Insurrección en el gueto de Varsovia

Un escuadrón de asalto de las SS en la calle Nowolipie del gueto de Varsovia, durante la insurrección en mayo de 1943.

A principios de 1943, los alemanes habían intentado clausurar el gueto de Varsovia, pero se encontraron con alguna resistencia. En abril lo intentarían de nuevo. Al remanente de los habitantes en el gueto se les ordenó presentarse para su deportación el 19 de abril a las 9 de la mañana. Aquellos que no se reportaran serían fusilados. Sólo a un pequeño número de judíos se les permitió quedarse para desmantelar las fábricas.

 

Pero algunos decidieron quedarse y combatir, era mejor morir luchando que morir en las cámaras de gas. Alrededor de 750 hombres y mujeres judíos de la Organización de Judíos Combatientes se levantaron en armas contra unos 2,000 elementos de la Waffen-SS y sus auxiliares ucranianos. Tenían pocas armas como para montar una ofensiva, que se convertiría inevitablemente en un combate desigual.

 

Samuel Zylbersztejn era uno entre los judíos insurrectos:

Nuestro grupo constaba de diecisiete hombres, teníamos siete revólveres y cuatro granadas. Nos ubicamos en tres escondites separados. Todo quedó en silencio una vez que todos se habían ido. Justo antes del amanecer, Czarny vino para dar la noticia: ‘¡Alístense camaradas! Aquí es donde va a empezar, aquí en nuestro edificio, ¡con nosotros! ¡Va a comenzar con nosotros! Rufinow todavía está dentro de la fábrica, él tiene un permiso de las SS’. Corrí al ático desde donde podía ver. Tenía que estar allí, tenía que presenciar a los combatientes judíos vengando a su nación, vengando la sangre que había sido derramada.

Espero en mi puesto con ansiedad, pero no por mucho tiempo. Agudizo mis oídos y escuchó la pesada marcha de los asesinos uniformados. Un destacamento de asesinos está marchando por Zelazna hacia Leszno, hacia adentro del gueto: uno-dos, uno-dos, más sangre, más sangre. Pero luego viene el momento más hermoso de mi vida. Una tremenda explosión rasga el aire. ¡Bum! Están cayendo al suelo. Una vez más, ¡Bum! De repente, los ucranianos están revolcándose en charcos de sangre. ¡Sangre por sangre! Los asesinos se dispersan en un pánico salvaje, buscando refugio entre los zaguanes. Disparos y llamas, a la derecha y a la izquierda, empiezan a ser vomitados desde los edificios a ambos lados de la calle, tanto de arios como de judíos. Las balas zumban sobre mi cabeza. Tengo que retroceder. Corro a través del pasillo secreto del ático que va de casa en casa a todo lo largo de la calle, un carril de emergencia para salvar vidas judías. Quiero regresar de nuevo al refugio, pero las escaleras parecen serpentear en un largo camino por delante. Más balas pasan zumbando, me siento caliente, mi pierna está sangrando, me han herido.

 

Al fin llego a la oscuridad del búnker, entonces cruzo al lado ario de Leszno, donde puedo permanecer por varios días. Llamo por teléfono a mi camarada en la fábrica de cepillos para enterarme qué es lo que está sucediendo allí. Él grita por el teléfono, ‘¡Es horrible!

Si deseas saber más, busca el título “Voices from the Holocaust: First-hand Accounts from the Frontline of History” [Voces del Holocausto: Testimonios de primera mano del frente de la historia], editado por Jon E. Lewis.

Judíos extraídos de un búnker. Una imagen tomada en la calle Nowolipie mirando hacia el este, cerca de la intersección con la calle Smocza, quizás Nowolipie 64 / Smocza 1. En la parte posterior se puede ver la pared del gueto con una puerta.

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