La sospecha de un reasentamiento masivo

Adam Czerniakow en su despacho de la sede del Consejo Judío de Varsovia, entre 1940 y 1942. Desde su posición al frente del Judenrat debía administrar la vida cotidiana del gueto bajo las órdenes de las autoridades alemanas. (Autor desconocido / Wikimedia Commons, dominio público; restauración digital).
El 19 de enero de 1942, el gueto de Varsovia llevaba más de un año cerrado. El hacinamiento, el hambre y las enfermedades habían convertido la vida cotidiana en una lucha por sobrevivir, mientras las autoridades alemanas mantenían severamente restringido el movimiento entre el distrito cercado y el resto de la ciudad.
Como presidente del Consejo Judío, Adam Czerniaków debía enfrentarse cada día a esa administración forzada: negociar con funcionarios alemanes, mantener servicios básicos, gestionar talleres y aplicar órdenes cuya finalidad rara vez se explicaba.
A comienzos de 1942, la política alemana contra los judíos de la Europa ocupada estaba entrando en una fase cada vez más radical. En algunas regiones ya se producían deportaciones y asesinatos masivos, pero en Varsovia las noticias llegaban de manera fragmentaria, entre rumores, disposiciones administrativas y silencios difíciles de interpretar.
Ese 19 de enero, Czerniaków volvió a registrar la rutina de la Comunidad. La anotación comenzó como muchas otras de su diario. Al final, sin embargo, el tono cambió:
19 de enero de 1942.—Frío intenso. Por la mañana, en la Comunidad. El taller de la Comunidad (15 peleteros), que confecciona abrigos de piel de oveja en relación con la posible liberación de los presos de la cárcel judía, está muy atareado.
Por orden del comisario, una comisión médica (7 especialistas) examinó, en la cárcel judía, a los prisioneros bajo la jurisdicción del Sondergericht [Tribunal Especial] que habían sido detenidos por haber salido del gueto. Se calcula que este grupo incluye a 443 varones (121 de ellos muchachos). Hay 213 menores de ambos sexos (incluidos los 121 muchachos); con respecto a estos 213, el superintendente de la prisión entregó a Auerswald solicitudes de liberación para que las presentara ante la fiscalía. Doscientos cincuenta adultos fueron sometidos a exámenes médicos; 54 fueron declarados aptos para el trabajo. Como algunos padecían sarna, se nos ordenó que estuvieran curados para el 23 de enero. Ese día se los llevarán. Debemos proporcionarles la ropa necesaria.
He oído que Auerswald había sido convocado a Berlín. No puedo librarme de la terrible sospecha de que los judíos de Varsovia puedan verse amenazados por un reasentamiento masivo.
Si deseas saber más, lee The Warsaw Diary of Adam Czerniaków [El diario de Varsovia de Adam Czerniaków], editado por Raul Hilberg, Stanislaw Staron y Josef Kermisz.
Czerniaków no registraba una orden de deportación masiva desde Varsovia ni conocía el alcance de las decisiones que se estaban tomando fuera del gueto. Solo podía interpretar lo que llegaba hasta su escritorio: órdenes, rumores, convocatorias y silencios.
En Berlín, entretanto, se preparaba una coordinación de alcance mucho mayor en torno a lo que la burocracia nazi denominaba la “solución final de la cuestión judía”. Czerniakow no podía saber todavía hasta dónde llegaría aquella política.
El 19 de enero terminó sin certezas. Czerniaków aún no podía ver la maquinaria que se cerraba sobre Varsovia. Pero en la última línea de su diario, su sombra ya había alcanzado la página.

El muro del gueto en la calle Waliców, Varsovia, 1941. Muros, cercas y controles separaban físicamente el distrito judío del resto de la ciudad y hacían de cualquier salida no autorizada una infracción perseguida por las autoridades. (Autor desconocido / Wikimedia Commons, dominio público).

Funcionarios alemanes junto al muro del gueto de Varsovia, 1941. La administración del distrito dependía de órdenes y decisiones impuestas por las autoridades de ocupación, con las que el Consejo Judío debía tratar de manera constante. (Autor desconocido / Wikimedia Commons, dominio público).

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