Ataque de Messerschmitts sobre tren ruso

En el vagón de un tren hospital, en el Frente Norte-Occidental, en la Unión Soviética, en 1941.

El general Georgy Zhukov se había dedicado a fortificar las defensas alrededor de la capital soviética y ahora las tropas del Ejército Rojo estaban preparadas para resistir los ataques de los alemanes. Desde las profundidades del territorio soviético, las reservas estaban llegando para reforzar los sectores en mayor peligro.

 

A principios de noviembre, numerosas fuerzas del Ejército Rojo se estaban concentrando en el área donde se esperaba el ataque principal de los tanques alemanes y las reservas estaban siendo ubicadas en el sector de Tula-Serpukhov.

 

Vasiliy Bryukhov, en aquel entonces un cadete recién egresado de una academia militar rusa, fue enviado al frente de batalla en los suburbios de Moscú, sólo para encontrarse rápidamente con la terrible realidad de la guerra que se estaba librando:

En noviembre, nuestro batallón fue enviado a las afueras de Moscú. Cuando estábamos en el camino, el silencio era crítico. Los hombres no tenían experiencia el campo de batalla y por lo tanto estaban nerviosos. Todos estaban preocupados por su primera acción y las probabilidades de sobrevivirla. El suspenso era deprimente y nos distraeríamos de estos pensamientos cantando, ya que cada uno de nosotros conocíamos muchas canciones en aquel entonces. El tren corrió sin paradas -no siquiera nos detuvimos para comer y nos alimentamos con las raciones proporcionadas para tres días-.

 

Para el final del segundo día, nos dimos cuenta que nos estábamos aproximando a la línea del frente -vimos carros destrozados y quemados arrancados de los rieles y los edificios de las estaciones en ruinas. Repentinamente, el tren se detuvo. Escuchamos la orden: ‘Bajen y alinéense’. Justo cuando logramos saltar fuera de los carros, dos Messerschmitts aullaron sobre nuestras cabezas en vuelo de contorno, disparando al tren con cañones y ametralladoras. Dieron vuelta e hicieron otra pasada, dejando caer un par de bombas. Una de ellas explotó no muy lejos de mí y sentí dolor en mi pierna y hombro. Haciendo otro pase, los aviones se fueron. Kolkhozniks de los poblados cercanos se apresuraron en sus trineos para auxiliarnos. Hombres heridos, incluyéndome, fuimos transportados al cruce ferroviario más cercano, donde un tren ambulancia estaba estacionado. Fuimos colocados en el vagón y transportados de vuelta al Este. Resultó que había sido herido por esquirlas de bomba: una larga y delgada pieza de acero salía de mi coyuntura en la rodilla derecha; una segunda, más pequeña estaba en los tejidos suaves de mi hombro derecho. Un doctor llegó y examinó las heridas:

 

‘¡Ajá! Bien, viejo amigo, la esquirla en tu rodilla no está tan profunda. Nosotros sólo… la agarraremos... ¡y la sacamos!’ Al decir esto, abruptamente tiró de ella y la sacó. Yo rugí de dolor.

 

‘Eso es todo. Ahora trataremos la herida, la vendamos. Toma un bastón y en dos semanas estarás corriendo. En cuanto a la esquirla en tu hombro, lo pensaremos. Mm, viejo amigo, también estás conmocionado por el bombardeo -tu nariz está sangrando. No hay drama, la conmoción es ligera’.

 

La herida de esquirla sanó y luego sólo resultó ser molesta durante los ejercicios al esquiar en paralelo.

Si deseas saber más, lee “Red Army Tank Commander: At War in a T-34 on the Eastern Front” [Comandante de tanques del Ejército Rojo: en guerra en un T-34 en el Frente del Este], de Vasiliy Bryukhov.

Tropas alemanas con un tanque ruso T-34 destruido, en Tikhvin, Unión Soviética, en noviembre 1941.

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