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Doce horas para entregar los nombres

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Ceremonia pública en Atenas a finales de la década de 1930. Entre los dirigentes religiosos aparecen, segundo desde la izquierda, el rabino principal de Salónica Tzvi Koretz y, tercero, Elias Barzilai, rabino principal de Atenas. La fotografía reúne a dos dirigentes de comunidades judías que pocos años después quedarían enfrentadas al aparato alemán de persecución. (Foto: fotógrafo no identificado / Jewish Museum of Greece).

La rendición de Italia había cambiado en pocos días el mapa de la ocupación de Grecia. Desde 1941, Atenas había quedado dentro de la zona italiana y, aunque aquello nunca significó una seguridad completa, las autoridades italianas se habían resistido en general a aplicar las medidas antijudías alemanas con la misma intensidad. Judíos procedentes de Salónica y de otras regiones bajo ocupación alemana habían buscado refugio en la capital.

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Esa situación terminó después del armisticio italiano del 8 de septiembre de 1943. Las fuerzas alemanas asumieron el control de las zonas hasta entonces ocupadas por Italia y, con ello, quedaron expuestas comunidades que habían permanecido fuera del alcance directo del aparato alemán de deportación. En Atenas vivían entonces varios miles de judíos, entre miembros de la comunidad local y refugiados llegados de otras ciudades.

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El precedente inmediato estaba al norte. Durante los meses anteriores, decenas de miles de judíos de Salónica habían sido deportados a Auschwitz-Birkenau. Dieter Wisliceny, SS-Hauptsturmführer del aparato de Adolf Eichmann, había participado en aquella operación; tras la capitulación italiana, Eichmann lo envió a Atenas con la orden de extender las deportaciones al sur de Grecia.

 

El 21 de septiembre, el control alemán directo sobre Atenas comenzó a adquirir una forma mucho más concreta para la comunidad judía de la ciudad. Elias Barzilai, su rabino principal desde 1936, recibió la orden de presentarse ante la Gestapo. Años después recordaría lo ocurrido aquel día:

Pero llegó el día en que la Gestapo actuó con mayor decisión. Era septiembre de 1943, cuando Italia cayó ante las fuerzas angloamericanas y los alemanes ocuparon toda Atenas. Junto con el ejército alemán llegaron también a Atenas 300 miembros de la Comisión Rosenberg, encabezados por Wisliceny. El propósito de aquella comisión era limpiar Atenas de judíos.

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El 21 de septiembre de 1943 me ordenaron presentarme en la Gestapo y, cuando entré allí, en el número 14 de la calle Loukianou, me rodearon cinco hombres de la Gestapo vestidos de negro que llevaban pistolas y me ordenaron hacer todo lo que me dijeran, sin preguntas ni vacilaciones. Me ordenaron preparar en doce horas una lista de todos los judíos, con sus nombres y domicilios —separando a los judíos griegos de los judíos extranjeros—, una lista de sus bienes, las direcciones de sus lugares de trabajo, las oficinas de la Comunidad Judía y todo lo relacionado con ella, así como las cuentas bancarias de los judíos. Al salir de la Gestapo les prometí que todo se haría como me habían dicho. Eso los tranquilizó y me dejaron libre hasta el día siguiente.

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Para mí, aquella noche fue una noche de trabajo. A pesar del peligro para mi vida, tenía que hacer dos trabajos muy importantes. Primero, quemar todas las libretas de los nuevos miembros de la Comunidad y, segundo, convocar a todos los judíos a una reunión en la sinagoga y explicarles que debían abandonar inmediatamente sus casas, salvar cuanto pudieran y alejarse, de modo que ni los alemanes ni sus vecinos griegos supieran dónde estaban. A quienes no acudieron, los llamé por teléfono y les hablé metafóricamente —para que los alemanes no comprendieran— diciéndoles que “el enfermo está muy grave y los médicos recomiendan que abandone la ciudad y se vaya a las montañas”.

Si deseas saber más, consulta Χρονικά [Chronika], núm. 150, julio-agosto de 1997, “Η Διάσωση των Εβραίων της Αθήνας κατά την περίοδο της κατοχής των Γερμανών” [La salvación de los judíos de Atenas durante la ocupación alemana], nota escrita en 1954 por el rabino Eliaou Barzilai.

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A la mañana siguiente, Barzilai volvió a presentarse ante los alemanes. No llevaba ninguna lista. Cuando Wisliceny reaccionó con furia, el rabino mostró una certificación alemana anterior que acreditaba la desaparición de los archivos de la comunidad y sostuvo que no podía reconstruir de memoria, en apenas doce horas, los nombres que le exigían. Obtuvo otras cuarenta y ocho horas. Después buscó la ayuda de la Resistencia; la operación que terminaría sacándolo de Atenas se organizaría durante los días siguientes.

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Lo que los alemanes necesitaban aquella noche no era todavía reunir físicamente a una comunidad, sino hacerla localizable. Nombres, domicilios, trabajos, bienes y cuentas podían convertir a miles de personas dispersas por una ciudad en un conjunto ordenado de individuos a quienes buscar. La fuerza podía imponer una orden; no podía producir por sí sola la información que faltaba.

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Ahí estaba la particular vulnerabilidad de aquella comunidad. Los mismos registros que permitían saber quién pertenecía a ella y dónde encontrarlo podían adquirir, en manos de sus perseguidores, una función completamente distinta. Barzilai no podía poner fin al control alemán sobre Atenas. Durante unas horas, sin embargo, todavía podía romper el vínculo entre un nombre y una dirección. Ese pequeño margen era precisamente el que el ultimátum le había dejado.

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Una lista no era, en esas circunstancias, un simple registro administrativo. Vincular un nombre con un domicilio significaba convertir a una persona en alguien que podía ser encontrado. En Atenas, aquella noche, proteger un nombre significó impedir que señalara una puerta.

Elias Barzilai, rabino principal de la comunidad judía de Atenas, fotografiado en 1936_edi

Elias Barzilai, rabino principal de la comunidad judía de Atenas, fotografiado en 1936, el mismo año en que comenzó a ejercer su cargo en la capital griega. Siete años después sería convocado por la Gestapo y recibiría la orden de entregar las listas de los judíos de Atenas. (Foto: fotógrafo no identificado / Jewish Museum of Greece).

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