La masacre de la División Acqui en Cefalonia

Artillería italiana de la División Acqui en Cefalonia. Tras el armisticio del 8 de septiembre de 1943, las fuerzas italianas de la isla se negaron finalmente a entregar sus armas y combatieron contra las tropas alemanas.
Después del anuncio del armisticio italiano el 8 de septiembre de 1943, la relación entre alemanes e italianos cambió abruptamente. Para Berlín, los antiguos aliados se habían convertido en potenciales traidores; para miles de soldados italianos dispersos en los Balcanes, en Grecia y en las islas del Egeo, la situación era confusa y peligrosa. Algunas unidades depusieron las armas, otras fueron desarmadas y deportadas, y otras, como la División Acqui en Cefalonia, decidieron resistir.
En Cefalonia, el general Antonio Gandin, comandante de la División Acqui, quedó atrapado entre órdenes contradictorias, presiones de sus propios oficiales y soldados y las exigencias alemanas de rendición. Tras varios días de tensión, las fuerzas italianas se enfrentaron a las tropas alemanas. La Luftwaffe bombardeó posiciones italianas y unidades de montaña alemanas fueron enviadas para aplastar la resistencia. Los combates fueron duros, pero la superioridad alemana terminó por imponerse.
Antes y durante la crisis, los alemanes lanzaron panfletos en italiano para persuadir a los soldados de que abandonaran las armas. El mensaje mezclaba amenazas, propaganda antibritánica y promesas de regreso a la patria. Presentaba la resistencia como una traición instigada por los jefes italianos y advertía que, si no se rendían, los Stukas sembrarían muerte y destrucción:
¡Italianos de Cefalonia!
¡Camaradas, oficiales y soldados italianos! ¿Por qué luchan contra los alemanes? Han sido traicionados por sus jefes.
¿Quieren volver a su patria, estar cerca de sus esposas, de sus hijos y de sus familias? Pues bien, el camino más corto para regresar a su país no es, ciertamente, el de los campos de concentración ingleses.
Ya conocen las infames condiciones impuestas a su país por el armisticio angloamericano.
Después de haberlos empujado a traicionar a sus camaradas de armas alemanes, ahora quieren degradarlos con trabajos duros y brutales en las minas de Inglaterra y Australia, donde falta mano de obra.
Sus jefes quieren venderlos a los ingleses: ¡no les crean!
Sigan el ejemplo de sus camaradas en Grecia, Rodas y las demás islas, que han depuesto las armas y ya están regresando a la patria; así como las divisiones de Roma y de otras localidades de su territorio nacional también han depuesto las armas.
Y ustedes, en cambio, justo ahora que se perfila ante sus ojos el horizonte de la patria, ¿quieren preferir la muerte o la esclavitud inglesa?
No obliguen, no, no obliguen a los Stukas alemanes a sembrar muerte y destrucción.
¡Depongan las armas! Los camaradas alemanes les abrirán el camino de regreso a la patria.
Fueron días de incertidumbre y miedo para los italianos y, en particular, para sus fuerzas armadas. En el mejor de los casos, muchos soldados fueron desarmados, humillados y deportados como internados militares italianos. En el peor de los casos, algunas unidades fueron tratadas como traidoras y masacradas por los alemanes.
En Cefalonia, tras la derrota de la División Acqui, comenzó una de las mayores matanzas de prisioneros de guerra perpetradas por la Wehrmacht. Las ejecuciones se iniciaron el 21 de septiembre y continuaron durante varios días. Las cifras varían según las fuentes, pero suelen estimarse en más de 5,000 soldados italianos ejecutados después de la rendición, además de los muertos en combate y de miles de prisioneros que morirían después cuando los barcos que los transportaban fueron hundidos.
Bruno Bertoldi se había alistado en 1937 en Bolzano y servía en la División Acqui como responsable de una unidad motorizada. Según su relato, no quería combatir a sus antiguos aliados, pero los bombardeos alemanes y la violencia contra los italianos transformaron la situación. Bertoldi sobrevivió a la masacre gracias a un encuentro inesperado con un soldado que lo reconoció:
Habíamos capturado a unos 150 alemanes y los carabinieri que los vigilaban incluso confraternizaban con algunos de ellos. Pero llegaron otros Gebirgsjäger de la división de montaña y mataron a algunos de nuestros soldados delante de mí, sin advertencia alguna.
Mi posible verdugo era de Bolzano. Nos conocíamos. Se había alistado conmigo, pero luego se incorporó a la Wehrmacht.
Cuando vi a los alemanes, levanté las manos. No intenté escapar; caminé hacia ellos. Cuando estaba a unos diez metros, uno de los tres soldados, que me apuntaba con una ametralladora, me reconoció. Nos conocíamos desde hacía tiempo y no disparó. Sólo recuerdo su apellido: Koffler. Se había alistado conmigo en el ejército en 1937. Era del Alto Adige y, tras el estallido de la guerra, decidió alistarse en la Wehrmacht en lugar de combatir con el uniforme gris verdoso de Italia.
Nunca nos habíamos vuelto a encontrar hasta aquel día. Sus dos compañeros insistían en que me dispararan, pero Koffler me dio una patada y gritó:
—Cerdo italiano, sal de aquí.
Retrocedí, desaparecí entre los olivares y los tres reanudaron la masacre de nuestros soldados.
Si deseas saber más, visita Corriere della Sera, “Last veteran of Cephalonia remembers soldier who spared him” [El último veterano de Cefalonia recuerda al soldado que le perdonó la vida].
La masacre de Cefalonia quedó durante décadas en una zona incómoda de la memoria italiana: demasiado ligada al colapso del régimen fascista, a la ambigüedad del armisticio y a la violencia alemana contra antiguos aliados. Con el tiempo, la División Acqui fue reinterpretada como uno de los primeros símbolos de la resistencia italiana tras la caída de Mussolini. Pero en los recuerdos de supervivientes como Bertoldi, el episodio aparece menos como una abstracción política que como una escena inmediata de terror: soldados desarmados, antiguos camaradas convertidos en enemigos y una vida salvada por el reconocimiento casual de un rostro conocido.

Panfletos en italiano lanzados por los alemanes sobre Cefalonia para persuadir a los soldados de la División Acqui de que depusieran las armas. El texto combinaba promesas de regreso a la patria con amenazas de bombardeo.

Soldados de la División Acqui en Cefalonia.

La masacre de Cefalonia implicó la ejecución de miles de soldados italianos después de la rendición de la División Acqui. Las estimaciones varían, pero más de 5,000 prisioneros fueron asesinados por las fuerzas alemanas entre el 21 y el 26 de septiembre de 1943.

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