El poblado de Uritsk era un lugar pequeño, construido en la unión de la línea principal de tranvías con dirección al este de Leningrado hacia las bifurcaciones y ramificaciones de Oranienbaum al sur de Krasnoye Selo. En la actualidad no existe. Destruido por completo durante el sitio de Leningrado, el poblado no fue reconstruido después de la guerra.

 

Al sureste de la ofensiva de primavera del Ejército Rojo, el 2º Ejército de Choque de Andrei Vlasov había irrumpido a través de las líneas alemanas. En una rápida defensa, el Grupo de Ejércitos Norte había detenido su avance y bloqueado el asalto. Todas las unidades disponibles fueron enviadas al Este. Esto dejó las líneas del cerco de Leningrado muy extendidas. Los soviéticos corrieron el riesgo de atacar.

 

Con todos los ojos sobre el Volkhov, el Mando de Leningrado, a través de un rápido ataque a lo largo de la costa de Uritsk, permitiría establecer contacto con el bolso de Oranienbum. Uritsk estaba en manos de los alemanes, específicamente bajo el control de 1,200 hombres voluntarios noruegos de las Waffen-SS. Bjørn Østring, ahora comandando el Primer Pelotón de la 1ª Compañía de la Den Norske Legion [Legión Noruega], recordó la feroz batalla en Uritsk ocurrida entre el 21 y 22 de abril de 1942:

Voluntarios noruegos de las SS combaten en Uritsk

Bjørn Østring es considerado por muchos como “La Voz” de los voluntarios noruegos de las SS. Mientras que la mayoría de sus colegas prefirieron una vida anónima y en raras ocasiones hablaron acerca de su pasado públicamente, Østring fue entrevistado frecuentemente por historiadores. Dedicó su vida a preservar la historia de los voluntarios noruegos, así como la historia del partido nazi en Noruega, conocido como el Nasjonal Samling o NS por sus siglas. En la imagen, Bjørn Østring en el frente de Leningrado.

Repentinamente todo quedó completamente en silencio y yo creí en ese momento que era el único sobreviviente ya que seguramente nadie podría haber sobrevivido un bombardeo como ese. Nuestras trincheras y posiciones habían desaparecido por completo. Donde debía encontrarse la única ametralladora del pelotón sólo quedaba un espacio con madera astillada. Entonces, como un milagro, de este montón de escombros, de repente escuché la voz de Fasting “¡Todo bien!” Entonces tuve que hacerme cargo de la trinchera conduciendo a Uferstrasse, por lo importante que era esa única ametralladora. El enemigo ahora tenía una visión perfecta sobre la trinchera. La trinchera estaba completamente expuesta sin cobertura alguna y repentinamente me percaté de disparos en mi dirección, por lo que me refugié en un orificio de disparo adicional que habíamos cavado antes. Aquí me cubrí completamente con tierra de las dos rondas de artillería subsiguientes, que por suerte no me dieron. Conmigo se encontraban dos “soldados de oficina” alemanes, Bauer y Wieland, que habían solicitado experiencia en el frente de batalla. Yo les había ubicado allí con cajas de granadas de mano y con una visión directa a la posición de la “Ruina Roja” desde la retaguardia. La Ruine Rote [Ruina Roja] estaba ahora infestada de rusos que tenían órdenes de seguir movilizándose hacia adelante. Desde nuestra posición, lo único que podíamos ver era un bosque de bayonetas, al que los dos soldados alemanes ya estaban ocupados lanzándole granadas de mano. A través de esto, Schee de alguna forma se mantuvo disparando su ametralladora.

 

El otro lado de la alambrada de púas, así como el espacio abierto entre la Ruina Roja y yo, parecía una especie de “alfombra en movimiento”, consistente de soldados rusos heridos y muertos. El aire estaba lleno de gritos y era imposible distinguir ninguna orden o comandos de cualquiera. Entre todo esto, nuestra ametralladora más cercana continuaba disparando ráfagas de fuego precisas dirigidas contra el enemigo avanzando. Esta ametralladora era lo más importante en toda nuestra línea, pero entonces, me di cuenta repentinamente de un cambio en su velocidad de disparo -¡era un atasco!-. Envié a un soldado para traer la ametralladora de Saxlund, mientras que corría a la posición de la ametralladora atascada. Al llegar allí, el tirador ya la había desensamblado y estaba limpiándola ¡como si se tratara de una relajada práctica de tiro en el campo de entrenamiento! Bendije el duro entrenamiento que habíamos recibido de las SS, que nos llevó a actuar de manera automática en situaciones apremiantes como esta. Jacob Kynningsrund, de Østfold, había subido al tejado del búnker donde Stener Ulven, de Valdres, le entregaba granadas de mano. Stener quitaba los pernos de las granadas a medida que se las daba a Jacob quien, a su vez, con frialdad, las lanzaba directamente al enemigo donde en los puntos de mayor peligro. El tercer miembro del equipo de la ametralladora estaba usando su rifle K98 y disparando sin parar. En poco tiempo, la ametralladora estuvo de nueva cuenta en funcionamiento y tuvimos que ordenarle a Kynningsrund que descendiera para manipularla, incluso cuando sentía que él estaba haciendo más daño al enemigo lanzando granadas contra ellos y que Ulven podía reemplazarlo en caso de que le dieran.

 

Hice una rápida visita al búnker de Per Wang mientras todavía estaba vivo. Parecía muy orgulloso cuando le dije que sus hombres estaban luchando con valentía y mantenían sus posiciones. Dos días antes había conseguido hacerse de un par de huevos frescos detrás de las líneas del frente. Nuestro búnker recibió uno de ellos contra mi promesa de leerle ‘últimos ritos’ si caía en batalla. Él “sabía” que no iba a sobrevivir, así que le concedí su deseo.

 

Inmediatamente después, mientras hacía una inspección al pelotón de Per, pasé al lado de un soldado noruego sentado sobre uno de sus camaradas caído, estaba rellenando los cinturones de las ametralladoras -la espalda de su amigo era el único lugar seco que pudo encontrar-. Continuó haciendo esto con lágrimas en sus mejillas.

 

El segundo al mando de Per, William Andersen, de Moss, quien anteriormente tenía la responsabilidad del flanco derecho, ahora tomó el mando completo. Radbruch se movió hacia adelante, pero cuatro de sus colaboradores se quedaron para auxiliarnos a cubrir el área. El cuerpo de Per Wang pasó junto a nosotros y fue llevado a la retaguardia.

 

No se escucharon más celebraciones rusas cuando me movilicé de nuevo al frente entre las trincheras, sólo horribles gritos. Hilde disparaba constantemente rondas de mortero por encima de mi cabeza, que volaban en trayectoria baja antes de explotar junto con las rondas del cañón antitanque de la 14ª Compañía posicionada en La Cremería. Ahora incluso llovía fuego pesado, mientras los rifles de la infantería de Arnfinn Vik daban sobre el enemigo. Con precisión quirúrgica, sólo a metros de distancia de nosotros, protegieron a la Ruina Roja, así como el área inmediatamente detrás donde nuestros hombres estaban a cubierta. El efecto del bombardeo debió haber sido enorme y pudimos ver los interminables torrentes de soldados rusos retirándose antes de encontrarse con el fuego de ametralladoras de sus propios “oficiales políticos”. Estos comisarios, muy temidos por los oficiales rusos, tenían el poder de masacrar a sus propias tropas en caso de retirada. Los pobres soldados enemigos fueron completamente masacrados.

 

Cuando llegué al nido de ametralladora de Schee, me encontré con mi asistente, Erik Bratlien, que vadeaba con agua hasta la cintura a través de una trinchera que ya no utilizábamos debido a que las aguas del deshielo primaveral la habían inundado. Con varios paquetes de cigarrillos en una mano y una botella de coñac a la mitad en la otra, exclamó: “¿Señor, no deberían utilizarse nuestras reservas antes que tengan un impacto directo?” Decidí entregar raciones de alcohol a todos, incluyendo a aquellos que tenían prohibido beber. Schee, quien todavía estaba manipulando su ametralladora, puso un cigarrillo en su boca justo en el momento en que dos rusos aparecieron frente a él. Sabía que lanzarían granadas de mano contra él a menos que pudiera disparar más rápido. Mientras disparaba una serie de ráfagas contra ellos, gritó: “Señor, ¿me puede dar fuego por favor?” No era sólo el entrenamiento lo que creó buenos soldados. Ser noruego era igualmente importante.

Si deseas saber más, lee “Hitler's Vikings: The History of the Scandinavian Waffen-SS: The Legions, the SS Wiking and the SS Nordland” [Los vikingos de Hitler: la historia de las Waffen-SS escandinavas: las legiones, la SS Wiking y la SS Nordland], de Jonathan Trigg.

El búnker de Bjørn Østring, en Uritsk, en la Unión Soviética, cerca de Leningrado, en 1942. A la izquierda se encuentra Østring, seguido del oficial alemán de enlace de su Compañía, Dieter Radbruch con anteojos; a la derecha se encuentra Henrik-Skaar Pedersen, el segundo al mando de Østring. El puerto de Leningrado es apenas visible a través de la ventana.

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