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El rescate en las entrañas del HMNZS Achilles

Los fogoneros trabajaban en las profundidades de la nave y se exponían a muchos peligros,

Un fogonero limpia la caldera del crucero HMS Curacoa en Rosyth. La imagen no corresponde al HMNZS Achilles ni al accidente del 22 de junio de 1943, pero ilustra el tipo de espacios cerrados, calurosos y peligrosos en los que trabajaban los fogoneros de la Royal Navy y de las marinas aliadas. (Foto cortesía de Imperial War Museums).

La guerra atravesaba un momento de transición. En el Mediterráneo, la rendición del Eje en Túnez había cerrado la campaña en el norte de África; las fuerzas aliadas preparaban ya el siguiente movimiento contra el sur de Europa, mientras la aviación intensificaba sus ataques contra ciudades, puertos, bases y nudos industriales. La guerra comenzaba a desplazarse hacia otros teatros.

En el Atlántico, la presión sobre los U-Boote alemanes había cambiado de signo desde la primavera. Los convoyes aliados seguían siendo vulnerables, pero los portaaviones de escolta, los radares, la inteligencia y la aviación marítima empezaban a cerrar espacios antes considerados abiertos para los submarinos. En el Pacífico, la guerra continuaba extendida por islas, rutas navales y bases avanzadas. En todos los frentes, el conflicto dependía tanto de las grandes operaciones como de la resistencia cotidiana de buques, astilleros, arsenales y hombres anónimos.

Lejos de una batalla visible, el peligro llegó al interior de un buque aliado. El HMNZS Achilles, crucero ligero neozelandés célebre por su participación en la Batalla del Río de la Plata en diciembre de 1939, se encontraba en Portsmouth, sometido a un largo reacondicionamiento y rearme. No navegaba bajo fuego enemigo. No estaba cruzando un mar amenazado por submarinos. Estaba en un dique, dentro de la maquinaria industrial que sostenía la guerra naval.

Pero la guerra también habitaba esos espacios cerrados: tanques de combustible, mamparos, cubiertas, calderas, talleres, compartimentos donde trabajaban marineros y obreros del astillero. El 22 de junio de 1943, una explosión en uno de los principales depósitos de combustible del Achilles convirtió una jornada de trabajo en una escena de humo, hierro deformado y hombres atrapados bajo cubierta.

El relato conservado en la historia oficial neozelandesa no es una memoria personal escrita por uno de los rescatistas, sino una reconstrucción documental del episodio. Su valor está precisamente en esa sobriedad: describe la explosión, los daños, los muertos, los heridos y el descenso de varios hombres hacia compartimentos donde el humo impedía ver y donde la estructura misma del buque había quedado alterada:

El Achilles pasó más de catorce meses en el astillero de Portsmouth, reacondicionándose y rearmándose. El 22 de junio de 1943 se produjo una violenta explosión en uno de sus principales tanques de combustible, que mató e hirió a muchos trabajadores del astillero y causó daños estructurales considerables al buque. El tanque había sido vaciado y limpiado en abril, y los obreros estaban fabricando moldes en el tanque de combustible de doble fondo, en preparación para levantar dos mamparos en el compartimento.

Catorce trabajadores murieron y muchos otros resultaron heridos por la explosión; doce fueron trasladados al hospital. El tanque de combustible en el que se produjo la explosión, así como otros tres compartimentos, quedaron casi completamente destrozados. Varios mamparos se derrumbaron o quedaron gravemente deformados por la detonación. La cubierta superior fue levantada seis o siete pies; la cubierta de plataforma fue arrancada del costado del buque, y el forro exterior se abombó hacia fuera en un área de unos treinta pies por diez.

Varias puertas estancas fueron arrancadas de sus marcos. Además de los muertos, un número considerable de trabajadores, heridos o aturdidos, quedó atrapado en los compartimentos dañados. Fueron rescatados por miembros de la dotación del buque, auxiliados por otros trabajadores. Al principio, el humo denso impedía el acceso al lugar de los daños. Dos marineros equipados con aparatos de respiración intentaron abrirse paso por la cubierta del sollado de los fogoneros, pero fueron vencidos por el humo y uno de ellos tuvo que ser sacado con una cuerda de seguridad.

Finalmente, el humo fue dispersado con agua pulverizada.

Unos diez o doce trabajadores del astillero debieron la vida a la iniciativa y la fría valentía de tres marineros que, sin atender a su propia seguridad, bajaron y trabajaron hasta el límite de su resistencia. Eran el fogonero de primera clase William Dale, RNZNVR, que posteriormente recibió la Medalla Albert; el artificiero de máquinas William Vaughan, RN; y el fogonero de primera clase Ernest Valentine, RNZNVR, quienes fueron mencionados en despachos.

Al ver que todos los aparatos antihumo estaban siendo utilizados por otros, el fogonero Dale se ató un pañuelo sobre la boca e hizo un difícil descenso a través de tres cubiertas hasta un espacio lleno de humo. El compartimento estaba gravemente hundido, pero en la oscuridad Dale desconocía por completo su estado. Sin vacilar, se puso a trabajar y ayudó a sacar hacia arriba a cuatro hombres heridos, que se encontraban en distintos grados de colapso. Después afirmaron que no habrían podido salir sin ayuda.

Tras subir “para tomar un breve respiro”, Dale bajó luego al tanque de combustible donde se había producido la explosión. Avanzó a tientas en la oscuridad, entre escombros y humo espeso, y con gran dificultad se deslizó por la boca de acceso deformada en la parte superior del tanque. La escalera vertical de acero, retorcida, quedaba muy por encima del fondo del tanque, pero confió en la suerte y cayó sin lesionarse.

Con igual valor, un trabajador del astillero llamado Rogers descendió y ayudó a Dale a rescatar a dos hombres heridos, que fueron izados con cuerdas.

Con un casco antihumo, Vaughan bajó a un compartimento cuyo estado era desconocido, en un intento por rescatar a hombres que se creía que estaban trabajando allí. No pudo encontrarlos en la oscuridad total y el humo denso y, casi inconsciente, tuvo que ser ayudado a regresar. Tras recuperarse después de un breve descanso, Vaughan bajó a la sala del cuadro eléctrico, desde donde hizo subir a varios hombres semiconscientes antes de ser nuevamente vencido por los gases y ser ayudado a regresar a la cubierta superior.

En ambas ocasiones Vaughan fue salvado por la enérgica acción de un muchacho de dieciséis años llamado Baxter, que había estado limpiando calderas. El fogonero Valentine se abrió paso entre el humo y los escombros hasta un compartimento gravemente destrozado y sacó a varios hombres aturdidos. Probablemente fue desde este compartimento, o desde uno adyacente, que otros fueron rescatados más tarde por los fogoneros Clarke y Stow y por el ayudante principal de suministros Brittain.

Si deseas saber más, visita Official History of New Zealand in the Second World War [Historia oficial de Nueva Zelanda en la Segunda Guerra Mundial], sección “The New Zealand Cruisers”.

La condecoración de Dale quedó registrada meses después en The London Gazette. El tono del documento era el de una citación oficial: preciso, contenido, casi administrativo. No buscaba reconstruir toda la escena ni detenerse en los muertos, los heridos o el estado del buque. Pero al reducir el episodio a los actos concretos de un hombre que bajó sin aparato respiratorio, el texto conserva una fuerza propia:

El REY se ha dignado aprobar la siguiente condecoración por valentía al salvar vidas en el mar:

La Medalla Albert.

Fogonero de primera clase Donald William Dale, N/Z.4861 (Timaru, Nueva Zelanda).

Cuando se produjo una grave explosión en su buque en dique, Dale, como todos los aparatos antihumo ya estaban en uso, se ató un pañuelo alrededor de la boca y bajó a un compartimento lleno de humo, desde el cual ayudó a rescatar a cuatro obreros.

Luego subió para descansar un momento, tras lo cual bajó, en otra parte del buque, al compartimento en el que se había producido la explosión. Con la ayuda de otro hombre, rescató allí a dos trabajadores del astillero, haciéndolos subir por una boca de acceso con cuerdas. Para llegar al lugar de la destrucción, Dale, que seguía sin aparato, tuvo que avanzar a tientas entre el humo y los escombros.

La última escalera vertical retorcida por la que descendió no llegaba a la cubierta inferior. Al oír los gritos de los hombres atrapados, confió en la suerte y saltó. Afortunadamente, la cubierta resultó firme.

Aunque ignoraba la magnitud completa de los daños causados al buque, Dale sabía bien que se enfrentaba al peligro más grave.

Si deseas saber más, visita The London Gazette, suplemento del 23 de noviembre de 1943.

El Achilles sobrevivió a la explosión, pero la reparación se prolongó mucho más de lo previsto. Para quienes quedaron atrapados aquel día, la guerra no llegó en forma de torpedo, proyectil o bombardeo, sino desde el interior mismo del buque: un tanque vacío, un espacio cerrado, una detonación repentina y una oscuridad llena de humo.

En una guerra medida tantas veces por frentes, campañas y movimientos de flotas, aquel episodio pertenece a una escala más íntima. No hubo maniobra naval ni duelo artillero. Hubo un pañuelo atado sobre la boca, una cuerda de seguridad, una escalera deformada, hombres que gritaban desde abajo y otros que descendieron sin saber si el acero bajo sus pies seguiría sosteniéndolos.

También así se sostuvo la guerra: no solo en los grandes combates, sino en los astilleros, en los compartimentos dañados, en los trabajos invisibles que devolvían los buques al mar. El 22 de junio de 1943, dentro del Achilles, la batalla fue contra el humo, el metal retorcido y el tiempo.

El crucero ligero HMNZS Aquiles visto en 1945..jpg

El crucero ligero HMNZS Achilles en 1945. La fotografía no corresponde al accidente ocurrido en Portsmouth el 22 de junio de 1943, pero muestra al buque neozelandés que sobrevivió a la explosión durante su reacondicionamiento y que posteriormente volvió al servicio activo. (Foto cortesía de National Museum of the Royal New Zealand Navy).

El fogonero de primera clase Donald Will

La Medalla Albert, concedida al fogonero de primera clase Donald William Dale por su valor al rescatar a trabajadores atrapados tras la explosión en el HMNZS Achilles, el 22 de junio de 1943. Dale fue el único miembro de las fuerzas navales neozelandesas en recibir esta rara condecoración. (Imagen cortesía de National Museum of the Royal New Zealand Navy).

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