En un sinnúmero de ocasiones, los judíos eran deportados a “destinos desconocidos” el cual nunca se conocería. El 22 de mayo de 1942 fue el turno de ochenta y ocho hombres y mujeres, jóvenes alemanes judíos, todos ellos Sionistas, que desde 1939 habían estado viviendo y trabajando en granjas alemanas.

 

Ese día, la Gestapo les ordenó que abandonaran Alemania. Les dijeron que su destino ‘se ubicaba en una región fría’, por lo que podrían llevar consigo dos mantas cada uno, así como artículos de aseo personal y alimentos. Los jóvenes judíos fueron llevados y nunca más se volvió a escuchar de ellos. En semanas previas, 2,100 judíos alemanes fueron enviados al Este, probablemente a Sobibor o Belzec, donde todos ellos fueron gaseados tan pronto arribaron; es casi certero que estos jóvenes tomaran esa misma ruta.

 

El punto es que, para estas fechas, los alemanes habían redoblado esfuerzos e intensificado las labores para exterminar a los judíos; 1942 sería el año en que el mayor número de judíos serían asesinados. Los rumores que corrían incrementaban el constante temor de convertirse en el próximo deportado. Este sentimiento aparece en varias memorias y diarios, como Emmanuel Ringelblum lo demuestra en su nota del día:

Judíos marcados para trabajos en campos

Mujeres judías cosiendo uniformes para el ejército alemán. En los guetos se establecieron un gran número de talleres que producían una gran variedad de bienes para Alemania, desde juguetes hasta armas. Los judíos recibían la promesa de que no serían deportados, siempre que pudieran seguir siendo útiles para el esfuerzo de guerra nazi.

22 de mayo

 

Viernes, la fuerza de policía entera fue llamada. Hubo un gran disturbio en la calle. Algunas personas estaban hablando en voz alta acerca de un reasentamiento inminente de los ancianos, los enfermos, los desempleados. Otros dijeron que estaban siendo marcados para los campos. Resultó que lo que estaba sucediendo era que la gente con especialidades estaba siendo marcada para los campos de trabajo. Especialistas como cerrajeros, tejedores de alfombras y similares fueron llevados de sus domicilios. Si la persona en cuestión no se encontraba en casa, su padre era llevado o el pariente más cercano en casa en el momento. Aquellos que fueron llevados fueron enviados a Zembrow. El infortunio es que muchos que se declararon como especialistas durante el registro no lo eran en realidad. Se dice que la recolección del viernes es el inicio de una gran operación, el objetivo siendo colocar a la población judía en las fábricas donde los polacos han estado trabajando hasta ahora. Si esto resulta ser cierto, el gueto de Varsovia puede salvarse por el momento.

 

Los judíos no trabajan”. Eso es lo que dicen los periódicos alemanes. Como una prueba de lo contrario, ofrezco la siguiente escena: Plaza Zelazna 103 es el lugar donde aquellos que trabajan para los alemanes hacen el cambio de turno. Un camión llega y los judíos se lanzan sobre el mismo desde todos lados. Se suben por todas partes. Los soldados no pueden controlar la multitud. Golpean con sus rifles a aquellos que están más cerca, pero no hace ninguna diferencia, la multitud no recula. Se quieren subir al camión a cualquier costo y hay muchos más de lo que el trabajo exterior puede utilizar. Los soldados disparan al aire, pero eso no hace ninguna diferencia tampoco, la multitud no se retira. Finalmente, el conductor retrocede y la multitud se dispersa, pero no sin antes dejar a una persona gravemente herida. Eso, finalmente, restaura el orden. Pero, ¿por qué la multitud acosa al camión? La respuesta es simple. La gente trabajando afuera del gueto recibe dos buenas sopas y medio kilo de pan al día. Esa es la razón de la multitud.

Si deseas saber más, lee “Notes from the Warsaw Ghetto” [Notas del gueto de Varsovia], de Emmanuel Ringelblum.

Judíos trabajando en una fábrica de calderas.

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