En septiembre de 1942, el 3º y 4º Ejércitos rumanos comenzaron a tomar posiciones en las cercanías de Stalingrado. Después de la caída de la ciudad, formaban parte del Grupo de Ejércitos “Mariscal Antonescu” junto con el 6º Ejército alemán.

 

Al mismo tiempo, llegaron los primeros elementos del Cuerpo Aéreo rumano. Comenzaron a combatir de inmediato proporcionando apoyo aéreo para el 3º Ejército rumano y 6º Ejército alemán al mando de von Paulus. Después de una semana incómoda cruzando la Unión Soviética en tren, el teniente coronel I. Chermanescu, del ejército rumano, se dirigía a su destino:

Los rumanos llegan a la Unión Soviética

Tropas rumanas se entretienen en el frente oriental durante el verano de 1942.

22 de septiembre de 1942

 

A las 6 A.M. me despierto y miro por la ventana. Estamos en una estación más grande, Werchowzewo, donde nos detuvimos de nuevo. Tenemos 80 kilómetros por delante antes de llegar a Djnepropetrowsk.

 

Me afeito, lavo, bebo mi té y espero que el tren se ponga en movimiento. Hasta ahora he leído algunos de los libros que traje conmigo de casa.

 

A las 15 horas estamos en Djnepropetrowsk y a una pequeña distancia vemos el Dnieper, un poco más pequeño que el Danubio.

 

La ciudad es formidable e industrializada, la cadena de fábricas metalúrgicas inicia varios kilómetros antes de entrar a la ciudad y se extienden por unos 10 kilómetros. Pero todo está destruido, derrumbado y arruinado. Vi varias chimeneas todavía humeando, probablemente operadas por los alemanes.

 

Nos quedamos aquí no más de 10 minutos, por ello no pudimos visitar la ciudad.

 

El ferrocarril estaba pasando por un lado de la ciudad, así que pudimos ver que cada casa estaba impactada por las balas o proyectiles de artillería. En las calles se podían ver restos de tanques, carros o tranvías, incluso después de que un año de guerra ha pasado.

 

Había una gigantesca red eléctrica extendiéndose por cientos de kilómetros a la redonda, porque aquí estaba la mayor planta eléctrica de la URSS. En algunos lugares, los postes eléctricos y cables fueron desmantelados por los alemanes.

 

A la salida de la ciudad cruzamos el Dniéper sobre un puente grande, como el que se encuentra sobre el Danubio, con la excepción de que éste tenía en la parte superior un pasaje para vehículos de carretera. El puente es de 1,800 metros de largo y se mantenía sin daño alguno.

 

A 12 kilómetros de la ciudad nos detuvimos en el patio de maniobras entre las 4 P.M. y 10 P.M. Nos abastecimos con pan por 4 días más y visitamos los alrededores de la estación.

 

En la estación había otro tren alemán de un batallón caucásico. Nos quedamos asombrados al ver a estos hombres en uniforme alemán y no podíamos entenderlos debido a su dialecto Kirghizian. Todos los oficiales eran caucásicos, pero el comandante del batallón era alemán.

 

Estos eran voluntarios previamente capturados por los alemanes y que se ofrecieron a combatir contra los bolcheviques. Después de una sesión de entrenamiento de varios meses, fueron enviados al frente. Nos enteramos de que los alemanes tienen muchas unidades de este tipo, compuestos por voluntarios de diferentes regiones de Rusia y algunos de ellos tienen como oficiales a rusos que huyeron al extranjero durante la Revolución. De otras fuentes nos enteramos que están combatiendo muy bien y que los alemanes tienen confianza en ellos.

 

Este hecho profundiza mi creencia que los alemanes prevalecerán, porque aquellos que se creían que estaban del lado de los bolcheviques están luchando contra ellos ahora.

 

Por otra parte, en Ucrania, una especie de ejército nacional está creciendo, ejército al cual vi custodiando puentes, estaciones de ferrocarril y guardando el orden público en los poblados.

 

Es de notarse que, tanto en las ciudades como en los pueblos, en todas partes no se ve nada más que miseria, mendigos y andrajos. Para ahora he estado 6 días en Rusia y no he visto a un hombre, mujer o niño vestido razonablemente. Cuando uno ve estas cosas te quedas asombrado y uno no puede dejar de preguntarse cómo puede ser que este pueblo ruso, de tantos millones, tenga tanta injusticia sin levantarse [en armas] y ¡¿por qué combaten tan decididamente?! ¡Para mí y para muchos otros es un misterio!

 

Volviendo al batallón caucásico, el tren se detuvo en la plataforma y descargaron los caballos, que fueron puestos a caminar en un perímetro detrás de la plataforma, porque no podían mantener en vagones a los caballos privados de movimiento por tantos días.

 

Después de moverlos, los caballos fueron introducidos en los furgones y antes de anochecer, los caucásicos se reunieron en un círculo en la plataforma y nos brindaron un espectáculo de danza caucásica.

 

Todo se hizo de la siguiente manera: uno de ellos estaba tocando la armónica, mientras que los otros estaban aplaudiendo con sus manos al ritmo de la pieza. Uno de ellos salía y bailaba de una manera diferente de los otros, ya que cada región tiene sus propias costumbres. En el Cáucaso hay 14 diferentes regiones con dialectos específicos que no tienen nada en común con la lengua rusa. Disfrutamos de sus bailes, especialmente verlos con uniforme alemán, ya que uno no hubiera podido creerlo si no supiera de qué se trataba desde el principio.

 

Si tuviéramos más tiempo y el sol no se estuviera poniendo, nos hubiera gustado mostrarles nuestros bailes nacionales. Algunos de los muchachos incluso empezaron a practicar en los vagones creyendo que tendrían la oportunidad de mostrar sus habilidades.

Si deseas saber más, visita Romanian Armed Forces in the Second World War [Fuerzas armadas rumanas en la Segunda Guerra Mundial].

Tropas rumanas en el frente oriental, las cuales defendían posiciones en los accesos hacia Stalingrado.

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