Choque de blindados en Antelat

Un tanque M3 Stuart en el norte de África.

Después de los fracasos iniciales de la Operación Cruzado y los riesgos tomados por Rommel para tratar de llegar a Egipto, las fuerzas británicas habían logrado restablecer las líneas y, en el proceso, liberar a la guarnición en el sitiado puerto de Tobruk. El Afrika Korps alemán estaba en plena retirada y habían llegado al área alrededor de Benghazi.

 

Sin embargo, para las fuerzas del Eje, las líneas de suministro se habían acortado, lo que permitió al Afrika Korps abastecer a sus elementos con combustible suficiente y municiones de los depósitos en Tmimi. Durante la retirada, las formaciones lograron traer consigo valiosos productos no consumibles del oeste.

 

Para los alemanes, era necesario realizar acciones que demoraran el avance aliado, las cuales eran decisivas para poder continuar la evacuación de sus fuerzas y evitar que fueran cercados, así como para brindar protección a los depósitos de suministros en Benghazi. Cyril Joly, cuyo tanque había sido recientemente impactado, nuevamente se enfrentaba a tanques alemanes, en cuya batalla resultaría herido:

Estaba sentado en mi torreta doblando los mapas que requeriríamos para el día y colocándolos cuidadosamente en mi tablero de mapas. Era una tarea que me absorbía, ya que me gustaba tener mis mapas bien dispuestos. El viento ligero no ayudaba, por lo que llamé al operador, quien parecía estar disponible, para ayudarme. La tarea casi estaba completa cuando el operador repentinamente dijo:

 

“Mire, señor. Allá. Parece como una docena de Honeys [tanques Stuart] viniendo directamente hacia nosotros”.

 

Vi el terreno plano hacia el norte. Allí, por seguro, había una cantidad de Honeys movilizándose rápidamente hacia nosotros y más allá de ellos, podía escuchar el estallido de disparos. Ocasionalmente, entre los tanques aproximándose, aparecía la nube negra de la explosión de un proyectil, haciendo un hongo que subía lentamente mientras el sonido alcanzaba nuestros oídos.

 

Apenas tuve tiempo apresuradamente para completar el arreglo de mis mapas y saltar al piso cuando el Honey liderando hizo un alto abruptamente cerca de mí y una figura gritó desde la torreta:

 

“Hay cincuenta o sesenta tanques alemanes persiguiéndonos. Será mejor que te organices o tú también la vas a llevar. Invadieron nuestra ubicación al alba, eso hicieron. Han matado al oficial al mando”.

 

Volteé calmadamente a mi tripulación y dije, “Dejen la ‘infusión’ y empaquen. Vayan con el oficial al mando y díganle que hay tanques enemigos aproximándose”.

 

 

Al subir a mi cúpula pude ver que el escuadrón ya casi terminaba de empacar y estaba listo para movilizarse. Hacia el norte podía ver la nube de polvo levantada por los tanques enemigos a unas 2,000 yardas de distancia. Tomé el micrófono:

 

“Hola, todas las posiciones, Tony. Ajústense conmigo y colóquense hacia el norte en la colina en la que estoy ubicado. Cantidades cinco cero a seis cero de Marks Tres y Cuatro mezclados reportados movilizándose hacia nosotros. Fuera a ustedes. Hola Peter, Tony llamando. Estoy tomando posición aquí. ¿Con esto bastará? Cambio”.

 

No hubo una respuesta inmediata. Podía ver a Kinnaird finzalizar su conversación con el tanque que lo había alcanzado. Entonces respondió:

 

“Hola Tony; Peter contestando. Mantén lo más que puedas mientras nos movilizamos a la posición a tu lado. Si te encuentras demasiado presionado, muévete lentamente hacia atrás en la colina arriba hacia el sur. Al final todos trataremos de llegar allí. Fuera a ti. Hola Archie, hola Buster; Peter llamando. Archie se movilizará a la línea en la izquierda de Tony y Buster a su derecha. Muévanse ahora, de inmediato. Los tanques enemigos están muy cerca de la posición de Tony. Fuera”.

 

Mi escuadrón estaba casi inmediatamente en combate. La fuerza enemiga parecía consistir mayoritariamente de Mark III con un tercio de Mark IV. La pintura nueva y brillante en ellos mostraba que habían sido reacondicionados o nuevos tanques recientemente llegaron a Benghazi.

 

 

Había escuchado del fenómeno de la posibilidad de ver un proyectil en vuelo si el enfoque del ojo, en la fracción de segundo precisa, coincidía con la trayectoria del mismo. Estaba observando los movimientos de un Mark IV en particular y sucedió que pude ver por un momento el proyectil de su cañón viniendo hacia nosotros. Al siguiente momento mi tanque fue impactado en el frente. Entre el polvo y humo y llamas, no estaba sorprendido de no poder ver. Me agaché en la torreta y descubrí que mis audífonos habían desaparecido y que todavía estaba cegado. Grité al artillero:

 

“¿Qué sucedió aquí? No puedo ver nada”

 

Me sorprendí de escuchar un grito respondiendo:

 

“¡Cristo! Le han dado, señor. Su cara y gafas están cubiertas de sangre. ¿Está bien, señor? Siéntese aquí, señor”.

 

Aturdido me deslicé de mi asiento y me hundí en el fondo de la torreta. El artillero se hizo cargo.

Si deseas saber más, lee “Take These Men: The Campaign of the Desert Rats from 1940 to 1943” [Tomen estos hombres: la campaña de las Ratas de Desierto de 1940 a 1943], de Cyril Joly.

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