A un año de haber iniciado la Operación Barbarroja, los alemanes estaban a punto de lanzar su ofensiva de verano en 1942 ahora que los bastiones de Sebastopol y Kharkov habían caído bajo los intensos ataques concentrados de las fuerzas de la Wehrmacht en el sur. No obstante la captura de cientos de miles de prisioneros, los alemanes no dejaban de asombrarse de los interminables recursos de los soviéticos.

 

El teniente coronel Reinhard Gehlen era el jefe de espionaje militar de Hitler en Rusia, había sido seleccionado por Franz Halder para llevar a cabo operaciones de inteligencia en la Unión Soviética. En junio de 1942, Gehlen rindió un informe del estado de las fuerzas del Ejército Rojo.

 

Las conclusiones sobre las reservas soviéticas eran poco halagüeñas para los alemanes. Utilizando datos secretos e información estadística publicada por la Unión Soviética misma, Gehlen pudo realizar un cálculo confiable sobre los inagotables recursos de los rusos, tanto para el ejército como para fábricas y otras plantas productivas.

 

Aunque las cifras alemanas indicaban que habían acabado con siete y medio millones de rusos, aún había 9.5 millones de elementos disponibles en el Ejército Rojo. En comparación, los alemanes contaban con unos seis millones trescientos mil hombres en todos los frentes -Este, Oeste y África del Norte- y en todas las ramas de las fuerzas armadas -Luftwaffe, Kriegsmarine y la Wehrmacht-.

 

Reinhard Gehlen escribió en sus memorias:

Los recursos inagotables de los rusos

Reinhard Gehlen (a la izquierda) vio acción en el sangriento Frente Oriental y, en reconocimiento a sus talentos y energía superiores, fue promovido a oficial superior de inteligencia con el Estado Mayor alemán en el frente ruso. Gehlen era el jefe de la División Este de los Ejércitos Extranjeros del Estado Mayor. Al final de 1942, fue abordado por oficiales descontentos -entre ellos el coronel Henning von Treschow, el coronel Claus von Stauffenberg y el general Adolf Heusinger- quienes estaban haciendo planes secretos para asesinar a Hitler como un medio para poner fin a la guerra. La participación de Gehlen en esta cábala fue menor.

En junio de 1942 no veía ninguna perspectiva de que los manantiales de recursos humanos soviéticos se secaran, puesto que por la crueldad con la que el enemigo estaba llevando la guerra era tal que teníamos que esperar que Moscú reforzara la línea del frente sin tomar en cuenta de sus efectos en la economía nacional, en la producción de armas o en el suministro de productos alimenticios. Gracias a su no inesperado talento de improvisación y a las calidades endémicamente rigurosas del Estado soviético, Moscú había logrado movilizar varios millones de hombres en nuevas divisiones. Los habían puesto en uniformes, le proporcionaron los rudimentos del entrenamiento y los habían transportado una gran distancia hacia la línea del frente. Por ello, ahora encontrábamos tantas divisiones rojas confrontándonos, a pesar de sus desastrosas pérdidas en Kiev, Vyazma y Bryansk, como las que había cuando iniciamos nuestro ataque y el Ejército Rojo parecía estar manteniendo su fuerza en la línea del frente de 4,500,000 obtenido en enero de 1942. En cuanto a la fuerza aérea soviética, nos percatamos que habían cambiado su enfoque principal hacia nuestro Grupo de Ejércitos Sur, lo cual indicaba que los rusos estaban planeando una gran ofensiva allí o estaban anticipando una ofensiva alemana.

 

Concluí mi apreciación de junio de 1942 con las palabras:

 

Es claro que el enemigo ha sufrido grandes pérdidas en las derrotas de estos últimos doce meses. El combate hasta ahora ha mostrado al soldado alemán estar justificado al sentir que es superior al enemigo y hemos visto que donde ha sido lanzado un asalto con fuerza, el éxito está garantizado. Pero la superioridad numérica del enemigo en recursos humanos y equipo no debe ser subestimada. Si hemos de llevar a cabo las operaciones inminentes en el Este hasta la victoria final, deberemos hacer un esfuerzo supremo.

Si deseas saber más, lee “The Service: The Memoirs of General Reinhard Gehlen” [El servicio: las memorias del general Reinhard Gehlen], de Reinhard Gehlen.

Mujeres francotiradores soviéticas. Una gran cantidad de ellas provenía de Siberia, donde la caza era un modo de vida cotidiano.

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