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Abucay queda atrás

Tropas se apresuran a entrar en el túnel de Malinta durante una incursión aérea en Corregi

Tropas se apresuran a entrar en el túnel de Malinta durante una incursión aérea en Corregidor, en enero de 1942. (Foto: U.S. Army Signal Corps / MacArthur Memorial / Colonel Joseph Sherr Collection).

Mientras la escasez de alimentos ya obligaba a racionar las provisiones de la guarnición, la batalla por Bataan había entrado en otra fase. La posición defensiva establecida entre Mauban y Abucay llevaba dos semanas soportando una presión japonesa que comenzaba a hacerla insostenible.

El monte Natib se alzaba entre los sectores del I y del II Cuerpo y dejaba entre ambos un terreno abrupto, difícil de ocupar y todavía más difícil de vigilar. Las infiltraciones japonesas habían aprovechado esa discontinuidad. En el oeste y alrededor de Abucay, las unidades filipinas y estadounidenses combatían en posiciones que cada jornada resultaban más difíciles de sostener.

El 22 de enero, Douglas MacArthur ordenó el repliegue hacia una posición más corta entre Bagac y Orion. La maniobra debía realizarse por etapas. Durante la noche del 23 al 24 comenzaron a retirarse la artillería pesada y los elementos de servicio; durante el día, las unidades de combate se prepararon para seguirlos y las fuerzas de cobertura ocuparon sus posiciones.

Corregidor quedaba a pocos kilómetros de la costa de Bataan. La isla fortificada no formaba parte de la línea que comenzaba a abandonarse, pero sí del mismo sistema defensivo. Allí, el coronel Paul D. Bunker, del 59.º Regimiento de Artillería de Costa, siguió aquella jornada desde otro horizonte:

Sábado, 24 de enero de 1942

Me desperté a las 6:00 y fui a C1. Por estos días no amanece hasta las 6:30. Edison estaba ocupado tratando de comprobar la presencia de un posible submarino a unas 8.000 yardas de la costa, pero, antes de que pudieran dispararle, desapareció. Hubo algo de fuego trazador hacia Bagac alrededor de la medianoche. Dicen que perdimos dos de nuestros cañones de 155 mm por el sector de Mauban porque no tenían defensa local y los japos los arrollaron. Una maldita chapuza por parte de los responsables: no asignaron infantería para protección inmediata. Bloques de cierre destruidos, así que los japos no podrán usarlos.

Al amanecer apareció el avión japo de siempre, hacia el sur. Nos había animado un aviso del cuartel general de que nuestros cazas estarían operando de 6:40 a 8:00, pero después se canceló y este japo se paseó a sus anchas: un bimotor, y rápido. Fort Drum finalmente abrió fuego contra él, pero volaba en círculos y estaba lejos. Vi los disparos desde C1.

Más tarde, después del desayuno, fui a mi refugio y se me unieron el coronel Foster y el mayor Julian. Matamos el tiempo charlando de cosas sin importancia. A las 11:06 sonó la alarma aérea; oímos bombarderos sobre nosotros y Bataan abrió fuego. Volvimos a escuchar los aviones hacia Mariveles a las 11:29 y la antiaérea de allí abrió fuego a las 11:31. Volaban demasiado alto, pero Abston quería practicar un poco el tiro. Dieron el fin de alarma a las 12:20. Caminé hasta el cuartel general del regimiento y después conduje hasta Hearn, donde tuvieron otras dos falsas alarmas.

Hablé con el oficial ejecutivo de las Defensas del Puerto y le pregunté por qué, si la Patrulla Costera dice que está patrullando la bahía de Manila, no había investigado y dispersado la formación de bancas frente a Naic del día anterior. Todavía tienen aquí dos cañoneras, además de varias embarcaciones armadas, todas amarradas en “South Harbor”, entre Corregidor y Hughes, mientras sus oficiales y tripulaciones se esconden en el túnel de la Marina. El oficial ejecutivo dijo:

No lo harán.

Respondí:

¿Quiere decir que se niegan a obedecer órdenes?

Y me dejó atónito al decir:

La Patrulla Costera no está bajo nuestras órdenes.

¡Pero ese es uno de los acuerdos fundamentales de la “Acción Conjunta del Ejército y la Marina”! ¡Esta parte de nuestra Marina NO VA A COMBATIR!

Los japos en Malaya parecen estar haciendo retroceder a los británicos mediante las mismas tácticas que están utilizando aquí: donde el flanco británico se apoya en el mar, los japos meten una compañía en pequeñas embarcaciones y desembarcan en la retaguardia británica, lo que obliga a retroceder a todo el flanco. Esto no podría funcionar si mantuvieran a los japos en tierra y les negaran el acceso al mar. Lo cual plantea la pregunta: ¿qué pasa con la tan cacareada superioridad naval británica? ¿No pueden destinar suficientes embarcaciones menores a patrullar las costas detrás de su frente y machacar las incursiones de los japos?

El coronel Clear dijo que los británicos tienen barcos de sobra apiñados en el puerto de Singapur. Pero apuesto a que la respuesta es que la Marina británica huyó de Singapur en cuanto comenzó este ataque, igual que nuestros gloriosos héroes navales huyeron a Australia en cuanto se desataron los combates alrededor de Manila. Parece que entre nuestros amigos de la Marina abunda la cobardía. Intenta sacar del túnel de la Marina a uno de esos 105 oficiales navales. ¡Inténtalo! Tienen un “pom-pom” cuádruple que llegó demasiado tarde para alcanzar al USS Houston en su huida, así que lo trajeron aquí y van a montarlo en lo alto de la colina de Malinta para la defensa antiaérea. Pero ¿puedes conseguir que la Marina lo sirva? ¡Ni por asomo! Así que lo servirá un destacamento de nuestro 60.º Regimiento de Artillería de Costa (Antiaérea).

Fui a C1 a las 7:45 y estuve allí un rato; como no pasaba nada, intentaron organizar una partida de póquer, sin éxito. Después Foster y Cooper se vinieron a mi refugio y nos tomamos un par de whiskies escoceses en la “azotea”, bajo una preciosa luz de luna. Me acosté a las 10:00 p. m. y me quedé dormido leyendo Soldiers in the Sun.

Si deseas saber más, lee Bunker’s War: The World War II Diary of Col. Paul D. Bunker [La guerra de Bunker: el diario de la Segunda Guerra Mundial del coronel Paul D. Bunker], de Paul D. Bunker, editado por Keith A. Barlow.

El plan exigía una retirada escalonada. Algunas unidades debían marcharse mientras otras permanecían en contacto, y solo después podrían estas últimas iniciar su propio repliegue. El movimiento dependía menos de la velocidad que de conservar el orden durante las horas en que la antigua posición comenzara a vaciarse.

Entre las unidades que aún permanecían en el sector estaba el 45.º Regimiento de Infantería (Philippine Scouts). Al mando de la Compañía L se encontraba el capitán Henry J. Pierce:

Los japoneses no cooperaron con esta maniobra.

Un intenso fuego de artillería enemiga cayó sobre toda la posición y, a las 19:00, poco después de anochecer, … atacaron.

La Compañía I … envió dos pelotones para reforzar la posición [del 31.º] que había sido arrollada por los japoneses.

Mi compañía, a la derecha de la carretera, recibió un ataque “Banzai”. El ataque fue detenido después de un considerable combate cuerpo a cuerpo. Hacia las 20:00, la Compañía I rompió el contacto y se retiró por la carretera. Poco después nos unimos a dos compañías del 31.º de Infantería [y] ocupamos una serie de posiciones a ambos lados de la carretera. El enemigo no volvió a atacar en fuerza…

Si deseas saber más, consulta The Operations of Company L, 45th Infantry (P.S.) (Philippine Division) on the Abucay Hacienda Line, Bataan, P.I., 15–25 January 1942 (Philippine Islands Campaign) [Las operaciones de la Compañía L, 45.º de Infantería (Philippine Scouts), en la línea de Abucay Hacienda, Bataan, Islas Filipinas, 15–25 de enero de 1942], de Henry J. Pierce, monografía de experiencia personal preparada para el Advanced Infantry Officers Course de la Infantry School, 1949–1950.

Retirarse sin dejar de ser una fuerza organizada exigía una disciplina distinta de la necesaria para avanzar. Había que aceptar que el espacio disponible se reducía y, al mismo tiempo, impedir que la urgencia deshiciera aquello que todavía permitía continuar combatiendo. En esas horas, conservar la cohesión podía ser tan importante como conservar una posición.

La normalidad tampoco desaparecía cuando comenzaba una retirada. Se comprimía. Cabía entre una alarma y la siguiente, entre una orden y una espera, en unas pocas horas de sueño o en los hábitos con los que cada hombre intentaba conservar algo reconocible dentro de una jornada que podía cambiar sin aviso. La guerra no eliminaba esas pequeñas rutinas; terminaba absorbiéndolas.

Abandonar Abucay ofrecía otra oportunidad de continuar la defensa, pero también estrechaba el horizonte. Cada nuevo repliegue reducía las posibilidades disponibles y aumentaba el valor de algo que no podía medirse solo en terreno: tiempo para reorganizarse, para reunir hombres dispersos, para conservar suficiente orden como para afrontar el día siguiente. En Bataan, aquella clase de tiempo empezaba a costar cada vez más.

Para que Abucay quedara atrás, algunos hombres tuvieron que permanecer frente al enemigo unas horas más.

El coronel Paul D. Bunker, comandante del 59.º Regimiento de Artillería de Costa y de las

El coronel Paul D. Bunker, comandante del 59.º Regimiento de Artillería de Costa y de las defensas marítimas de Corregidor durante la campaña de Filipinas. (Foto: U.S. Army / United States Military Academy).

Oficiales del 45.º Regimiento de Infantería (Philippine Scouts), excepto el 1.er Batallón,

Oficiales del 45.º Regimiento de Infantería (Philippine Scouts), excepto el 1.er Batallón, fotografiados el 11 de noviembre de 1941. Henry J. Pierce aparece en la fila posterior, séptimo desde la izquierda. (Foto: Philippine Scouts Heritage Society).

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