El Scharnhorst es bombardeado

El Comando de Bombarderos había recibido las nuevas aeronaves Halifax, las cuales se encargaron de llevar a cabo un ataque sobre el crucero pesado alemán Scharnhorst durante la Operación Amanecer. En la imagen, un Handley Page Halifax B.III mostrando las aletas rectangulares y los motores radiales Bristol Hércules.

El 24 de julio de 1941, durante la Operación Amanecer, quince bombarderos Halifax participaron en un bombardeo a plena luz del día sobre el crucero alemán Scharnhorst, atracado en el puerto de La Rochelle, en Francia.

 

Aunque el daño fue relativamente insignificante, fue suficiente para poner fuera de operaciones al crucero de batalla para reparar las averías y con ello, debido a que el Gneisenau, el Prinz Eugen y el Tirpitz, mismos que se encontraban en reparaciones, los alemanes no contaban con ningún navío pesado para llevar a cabo operaciones en el Atlántico.

 

Uno de los bombarderos participando en el ataque era el Halifax L9512 TL-U, perteneciente al Escuadrón N° 35. Durante el ataque del avión fue derribado. El sargento Ernie Constable, el operador de radio y artillero, estaba a bordo del bombardero ese día y recordó su papel en el temerario ataque:

El Scharnhorst fue sujeto de varios ataques durante la guerra. En la imagen, el crucero de batalla Scharnhorst en puerto.

Se decidió llevar a cabo un bombardeo diurno, pero con el objetivo a más de 600 millas de distancia [965 kilómetros], la cobertura de cazas estaba fuera de toda cuestión. Como en aquel entonces se consideraban capaces de defenderse a sí mismos sin el apoyo de cazas, la tarea fue dada a los nuevos bombarderos Halifax. En aquel momento el bombardero Halifax sólo había estado en servicio cuatro meses y sólo había dos escuadrones en existencia. Ambos tenían su base en Yorkshire, el Escuadrón N° 35 en Linton-on-Ouse y el Escuadrón N° 76 en Middleton St. George. En la tarde del 23 de julio, las tripulaciones de estos escuadrones fueron convocadas a sus salas de misión. Entre los presentes del Escuadrón N° 35 estaba el sargento de vuelo Stan Greaves y su equipo. Después de haber bombardeado Hannover, en las noches del 19 y 20, y Mannheim en las noches del 21 y 22, ellos esperaban un par de días de descanso. Este llamado urgente a la sala de operaciones indicaba algo especial.

 

Las tripulaciones se sorprendieron al decirles que serían “bombeados” [armados con bombas] y que despegarían esa noche para volar a Stanton Harcourt, en Berkshire. Aterrizarían con una carga completa de bombas y tanques de combustible llenos. Dos miembros de su personal de tierra los acompañarían para preparar el avión para el despegue al día siguiente. Un bombardeo diurno sobre el Scharnhorst.

 

La fuerza atacante estaba compuesta por 15 aviones, nueve del Escuadrón N° 35 y seis del Escuadrón N° 76. Esa noche todos los aviones volaron a Stanton Harcourt y, para alivio de las tripulaciones e incluso un mayor alivio para los equipos de tierra, aterrizaron sin problemas con sus cargas de bombas y tanques de gasolina repletos. El sargento de vuelo Stan Greaves fue el último en llegar y aunque para entonces ya estaba anocheciendo, hizo un aterrizaje perfecto. El capitán de grupo quedó tan impresionado que lo llevó aparte para felicitarle por su habilidad.

 

El 24 de julio amaneció brillante y claro y, después de una noche incómoda durmiendo en el suelo de un hangar, los equipos se prepararon para la misión. A las 10:30 horas, el rugido de 36 motores Merlin llenaron el aire y, a las 10:35, los nueve aviones del Escuadrón N° 35 despegaron en intervalos de un minuto y se colocaron en formación VIC de tres. Estas secciones de tres adoptaron de nuevo la formación VIC. Pronto los seis aviones del Escuadrón N° 76 se unieron a la formación y el ataque estaba en marcha.

 

En un esfuerzo por evitar el radar enemigo, los bombarderos volaron por debajo de 1,000 pies a Lizard Point y luego a un punto situado a 50 millas al oeste de La Rochelle. Desde el punto de viraje subieron constantemente. La altitud de bombardeo previsto era de 19,000 pies. El clima era excelente. Un cielo despejado con un sol brillante y una visibilidad perfecta.

 

A medida que la formación se acercaba a la Isle d’Yeu, a unas cien millas del objetivo, fue avistado un destructor enemigo. Al parecer, pensando que estaba a punto de ser atacado, el barco tomó una acción evasiva y abrió fuego. Este avistamiento de la fuerza atacante fue muy lamentable, ya que eliminó el elemento sorpresa.

 

Para este momento, la formación se redujo a 14 aviones, ya que una de las máquinas del Escuadrón N° 76 había regresado con problemas en el motor. Aunque sólo una altura de 14,500 se había alcanzado al aproximarse al objetivo, se decidió atacar desde esa altitud. Al llegar a la zona del objetivo, era evidente que el destructor había advertido de la fuerza atacante aproximándose. Se contaron treinta y un Me109 circundando la zona y, al tiempo que los bombarderos se acercaban al Scharnhorst, fueron recibidos con una lluvia asesina de fuego antiaéreo.

 

A pesar de la formidable oposición, la formación siguió escalonada para atacar como estaba previsto. Los cazas de combate se aproximaron y atacaron mientras los bombarderos se acercaban al Scharnhorst. El barco gigante estaba protegido por sus 51 cañones propios, así como los de su destructor escolta. Con la adición de baterías en la costa, se colocó una caja de fuego antiaéreo, a través de la cual tuvo que volar la formación para llevar a cabo el ataque.

 

El cielo se tornó negro con todo el humo de los proyectiles estallando y el olor incisivo de pólvora llenó el interior de la aeronave. Los cazas enemigos, prestando poca atención a su propio fuego antiaéreo, realizaron ataques repetidos. Los artilleros en los Halifaxes resistieron ferozmente como los cazas llegaban. Como resultado de esta batalla, un Halifax del Escuadrón N° 35, tres Halifaxes del Escuadrón 76 y cuatro cazas alemanes fueron derribados.

 

Después del ataque, el sargento ‘Sammy’ Walters, el bombardero del Halifax L9512 TL-U, hizo un llamado por el intercomunicador diciendo que sólo había soltado la mitad de su carga de bombas. A continuación, el capitán, el sargento de vuelo Stan Greaves, llamó a la tripulación “¿Entramos de nuevo?”. Al recibir un “¡Sí!” unánime, regresó el Halifax de nuevo al objetivo. Como resultado de este ataque, el bombardero dio cinco impactos directos en el Scharnhorst. Tres de ellos penetraron la cubierta blindada y atravesaron hasta la parte inferior de la nave sin explotar. Los otros dos dañaron el túnel del eje de estribor y el cuarto de generadores N° 4, causando el inicio de un incendio.

 

Como resultado de los daños, el Scharnhorst engulló 7,000 toneladas de agua. A pesar de esto, los mamparos herméticos aguantaron. Después de que los fuegos se apagaron, el comandante de la nave, el capitán Hoffman, revisó los daños y decidió que la nave estaba en condiciones suficientes para navegar y regresar a Brest para reparaciones urgentes. Estas reparaciones tomarían cuatro meses.

 

 

Después de bombardear con éxito al Scharnhorst, el Halifax L9512 TL-U, fue rodeado por siete Me109 que tomaron turnos para atacar al bombardero. Durante esta batalla, el sargento ‘Gilly’ Gillbanks, el artillero de cola, derribó dos de los cazas enemigos antes de ser gravemente herido en la cara.

 

El sargento ‘Oggie’ Ogden, el ingeniero de vuelo/artillero aéreo, y el sargento ‘Connie’ Constable, el operador de radio/artillero aéreo, que estaban manipulando las ametralladoras superiores, ambos recibieron heridas en las piernas. El segundo piloto, el sargento ‘Gibby’ Gibson fue herido en el tobillo. Cuando la cabina explotó, el capitán, el sargento de vuelo Stan Greaves, tenía plexiglás incrustado en su rostro. Sólo el bombardero, el sargento ‘Sammy’ Walters y el artillero delantero, el sargento ‘Bert’ Henery, resultaron ilesos.

 

Para este momento, tres motores estaban en llamas y el fuselaje se veía como un colador. Fue un milagro que cualquiera sobreviviera el ataque incesante. Con un motor funcionando, Stan Greaves luchó desesperadamente por mantener el avión nivelado al tiempo en que los cazas enemigos mantenían sus ataques despiadados. Con la propagación de los incendios, dio la orden de abandonar la aeronave. A pesar de sus heridas, toda la tripulación logró salir del bombardero impactado. Stan Greaves, apenas había salido de la aeronave cuando explotó -un espectáculo triste para la tripulación sosteniéndose en el cielo por sus paracaídas-.

 

Al llegar a la tierra o en algunos casos, al mar, la tripulación fue hecha prisionera. Aquellos que necesitaban tratamiento médico fueron trasladados al hospital para ser emparchados antes de ser enviados a los campos de prisioneros de guerra, donde pasarían los próximos tres años y nueve meses. Gracias a la destreza de los cirujanos alemanes, la vista de ‘Gilly’ Gillbanks fue salvada.

Si deseas saber más, lee “The Bomber Command War Diaries: An Operational Reference Book” [Los diarios de guerra del Comando de Bombarderos: un libro de referencia operacional], de Martin Middlebrook y Chris Everitt.

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