La Real Fuerza Aérea (RAF) estaba llevando a cabo numerosas pequeñas incursiones a lo largo de la Europa ocupada para mantener las defensas aéreas en un estado de alerta constante. A veces éstas eran montadas como distracciones para los ataques a gran escala de la fuerza principal del Comando de Bombarderos.

 

En algunas otras ocasiones. eran enviados aviones solitarios simplemente para encender las sirenas de ataque aéreo y perturbar el sueño de los residentes y trabajadores de municiones. Berlín era un objetivo particular para este propósito.

 

El nuevo De Havilland Mosquito era ideal para estos ataques; por lo general, su velocidad le permitía evadir a los cazas enemigos. Sin embargo, había otros peligros cuando operaba en ataques a baja altura. Los tenientes de vuelo Tommy Broom y E. A. Costello-Bowen fueron una de las tres tripulaciones del Escuadrón Nº 105 que lanzaron un ataque el 25 de agosto de 1942:

Cara a cara con la muerte

Fotografía aérea tomada desde la vertical durante un ataque diurno de 20 De Havilland Mosquitos B Mark IV, de los Escuadrones Nº 105 y 139 de la Real Fuerza Aérea (RAF), en los almacenes navales alemanes y patio de maniobras cerca de Rennes, Francia. Un Mosquito vuela por encima de la zona de destino a baja altura mientras las bombas estallan en los galpones de los depósitos y almacenes que se encuentran abajo.

Despegamos desde Horsham St. Faith a las 7:30 PM y nos fuimos en formación hacia la isla holandesa en la desembocadura del Scheldt, donde nos separamos y procedimos individualmente. Poco después de cruzar la costa y las islas, estábamos a muy baja altitud y rozábamos las copas de los árboles.

Unos minutos más tarde, después de cruzar otro bosque pequeño, repentinamente apareció delante de nosotros una torre de electricidad. Nos elevamos, pero el motor de estribor golpeó el poste en su parte superior. Inmediatamente, el motor y la hélice se detuvieron. La acción de golpear el poste atascó los controles.

Estábamos a ochenta pies de altura y no había nada que pudiéramos hacer. Íbamos a unas 250 millas por hora y teníamos que esperar hasta que cayéramos al suelo. Le dije a Costello-Bowen, ‘Bien, hasta aquí llegamos’.

Es algo gracioso, pero ninguno de nosotros estaba preocupado y nos quedamos muy tranquilos, aunque la muerte nos miró a la cara. Perdimos constantemente altura y cruzamos un par de campos. Luego los pinares se alzaron al frente. Íbamos a estrellarnos contra ellos -esto fue alrededor de medio minuto después de golpear el poste-.

Justo antes de estrellarnos, instintivamente solté mi cinturón de seguridad, ¿por qué? Yo no lo sé. Luego chocamos y todo se volvió negro; no hubo dolor físico, sólo oscuridad y me sentí rodar una y otra vez como una pelota. Debo haber estado inconsciente durante algún tiempo [ellos se habían estrellado en el Bosque Paaltjesdreef en Westmalle, en el pueblo belga de Blauwhoeve].

Cuando desperté, estaba cubierto de ramas y pedazos de avión y había un fuerte olor a combustible. Me sorprendió que no tuviera ninguna lesión, ni siquiera un rasguño. Debo haber sido arrojado afuera por la parte superior de la cabina del piloto, ya que me encontraba justo en la parte frontal con la nariz de la aeronave. Resulta increíble que el avión no se incendiara o que las bombas explotaran. La nariz de la aeronave debe haber pasado entre dos árboles. ¿Qué tan suertudos podemos ser?

Mi siguiente pensamiento fue Costello-Bowen. Aunque era casi de noche, lo encontré en algunos restos a unas veinte yardas de distancia. Estaba inconsciente y parecía en mal estado. Los pedales del timón le habían arrancado sus dos zapatos. Después de hablar y darle unas palmadas en su cara durante unos instantes, finalmente despertó. Lo levanté y lo llevé a unas 400 yardas de distancia, donde ambos nos sentamos. Poco a poco se fue recuperando y pronto nos encontrábamos conversando. Nos sentimos muy desanimados ante la idea de ser hechos prisioneros de guerra.

Si deseas saber más, busca el título “The Men Who Flew The Mosquito: Compelling Account of the 'Wooden Wonders' Triumphant WW2 Career” [Los hombres que volaron el Mosquito: el irresistible testimonio de la triunfante carrera de las 'Maravillas de Madera' en la Segunda Guerra Mundial], de Martin W. Bowman.

El Mosquito B Mark IV Serie 2, DZ313, en vuelo poco antes de ser entregado al Escuadrón Nº 105 de la Real Fuerza Aérea (RAF) de Horsham St. Faith, Norfolk, como el GB-E.

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