Protesta singular de la División Azul española

Un vagón saliendo al frente oriental en julio de 1941 con miembros de la División Española de Voluntarios, comúnmente conocida como la División Azul.

Al inicio de la guerra, España, rodeada por naciones enemigas de Alemania, permaneció al margen del conflicto atendiendo más a sus intereses que a la gratitud que la unía con Alemania por el apoyo militar y económico brindado a la nación peninsular o a la hostilidad que sentía hacia Francia y Gran Bretaña.

 

A pesar de la insistencia de Hitler para que España entrara en la guerra al lado de las fuerzas del Eje, Franco mantuvo su posición de neutralidad; aunque el temor español de que los británicos intentaran ocupar su territorio por la fuerza debido a la cercanía de la base inglesa en Gibraltar o su localización estratégica en la entrada al Mar Mediterráneo, esto no eran motivos suficientes para cambiar la decisión del caudillo español, si acaso esperando a que Inglaterra cayera a manos de los alemanes para poder tomar la decisión de entrar en el conflicto.

 

Al igual que otras naciones simpatizantes de Alemania u ocupadas por ella, España apoyaría la invasión de la Unión Soviética mediante el envío de una división conformada primordialmente por voluntarios, conocida como la División Azul. Desplegados hacia el norte de la nación soviética, en el área cercana a Leningrado y sufriendo las bajas temperaturas, los voluntarios españoles no eran considerados material de primera línea. El conde Galeazzo Ciano registró en su diario una de las anécdotas de esta unidad:

Un episodio divertido: la Legión Azul española es robusta, pero indisciplinada e inquieta. Los soldados sufren por el frío y quieren mujeres. Las píldoras anti-eróticas, tan eficaces con los alemanes, no tienen el menor efecto sobre ellos. Después de muchas protestas, el mando alemán les autorizó ir a un burdel y se distribuyeron preservativos entre ellos. Luego vino una contraorden: no contacto con mujeres polacas. Los españoles en protesta inflaron sus preservativos y los amarraron en los extremos de sus armas. Por tanto, un día en los suburbios de Varsovia uno vio un desfile de quince mil preservativos llevados por los legionarios españoles.

 

La batalla de Marmarica nos ha elevado en la estima de los alemanes. Por primera vez ellos hablan de la valentía italiana y de nuestra contribución militar. La perspectiva optimista sobre el desarrollo de las operaciones fue más pronunciada en Berlín que en Roma, donde mantenemos una reserva prudente. Hace dos días, el Führer consideró que la batalla había sido ganada.

Si deseas saber más, lee “The Ciano Diaries 1939-1943” [Los diarios de Ciano 1939-1943], de Galeazzo Ciano, editado por Hugh Gibson.

Soldados de la División Azul leen el periódico ‘Marca’. La imagen pertenece al documental ‘Extranjeros de sí mismos’.

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