El Scharnhorst es hundido en batalla ártica

El Scharnhorst era clasificado como un acorazado de bolsillo, más pequeño que el Tirpitz o el Bismarck.

El domingo 26 de diciembre de 1943, navíos de guerra alemanes, incluyendo el Scharnhorst, zarparon como parte de la Operación Arcoíris, un ataque sobre dos convoyes estadounidenses en el Ártico, entre la Isla de Bear y el Cabo Norte.

Sin embargo, buques británicos, alertados por las propias señales navales alemanas de Enigma, se movilizaron para atacar a los agresores. De hecho, la Armada Real había estado esperando activamente y tenía dos fuerzas poderosas listas para atacar, una navegando desde Múrmansk y la otra desde Scapa Flow en Escocia, incluido el acorazado HMS Duke of York.

 

Los enfrentamientos, mejor conocidos como la batalla del Cabo Norte, se libraron en medio de tormentas de nieve en los mares helados al norte de Noruega. El contramaestre Goeddes, uno de los sobrevivientes del Scharnhorst, da testimonio de lo que observó durante el segundo duelo:

Poco después de las 1230 horas, yo y varios más avistamos tres sombras adelante y se informó en consecuencia. La alarma ya había sonado como resultado del reporte de radar previo. Pero antes que nuestros cañones pudieran abrir fuego, las primeras luces de bengala estaban estallando sobre el Scharnhorst. Las salvas enemigas estaban cayendo muy cerca del barco. Las primeras descargas de nuestros propios cañones pesados se ahorcajaron sobre el objetivo. Yo mismo observé que, después de tres o cuatro salvas, se produjo un gran incendio cerca de la chimenea trasera de uno de los cruceros, mientras que otro crucero estaba incendiándose ferozmente en proa y popa y estaba envuelto en un humo denso.

Después de más andanadas, vi que el tercer crucero había sido impactado en la proa. Por un momento una enorme lengua de fuego se proyectó hacia arriba y después se apagó. Por el humo denso que la envolvió, asumí que el barco estaba en llamas. El fuego enemigo se volvió irregular y, cuando alteramos el curso, los cruceros enemigos se volvieron y desparecieron entre la lluvia y nevadas. Durante esta acción, el enemigo había estado adelante y visible a ambos lados. Nuestras torretas A y B habían estado disparando, así como las dos torretas delanteras de 5.9 pulgadas por algún rato. No escuché ni por teléfono o a través de otra fuente de ningún impacto proporcionado durante esta fase por el Scharnhorst. Si bien el enemigo apenas se distinguía durante la primera acción, esta vez, con el crepúsculo del mediodía, pudimos distinguir fácilmente los perfiles de los cruceros. El rango, también, era mucho más corto que en la mañana.

Si deseas saber más, lee “Memoirs: Ten Years and Twenty Days” [Memorias: diez años y veinte días], del almirante Karl Dönitz.

Durante los combates, se libró una batalla entre el Duke of York y el Scharnhorst. La última salva del Duke of York, lanzada antes de poner fuera de combate sus propias comunicaciones con las torretas de fuego, le había despojado al Scharnhorst de la ventaja que le otorgaba su velocidad. El almirante alemán Bey sabía que el final se acercaba y lanzó un último mensaje a sus superiores indicándoles que pelearía hasta el último proyectil. Al percatarse de esto, los británicos lanzaron al ataque a sus destructores con torpedos, cerrando la distancia entre el crucero alemán y los navíos aliados. Aun herido, el Scharnhorst continuó combatiendo.

El marinero Eric Parry estaba a bordo del HMS Scorpion cuando se le ordenó atacar al Scharnhorst con torpedos:

Podía escuchar las órdenes del capitán a varios oficiales por lo que se hizo obvio que estábamos cerca del enemigo. Pensé en un momento que íbamos justo al lado, ya que parecía estar viendo dentro de las bocas del armamento del Scharnhorst.

Nuestro capitán estaba tranquilo con sus órdenes –los destructores clase S siendo animados para atacar por su propia cuenta con torpedos-. El Savage y el Saumarez estaban en el cuarto de babor del crucero de batalla, Scorpion y Stord a estribor. Nos acercamos a un rango de 2,000 yardas: el Scharnhorst nos pudo haber volado fuera del agua. Podía escuchar al oficial de torpedos pronunciando los peces mientras eran disparados, balanceándonos lanzamos los ocho y los escuchamos corriendo hacia el Scharnhorst, dos impactos fueron reportados. El cañonero informó “todos los torpedos disparados”.

Mientras nos alejábamos, pudimos oír explosiones atenuadas. La fuerza S atacó, se lanzaron el Virago, Jamaica y Belfast seguidos del Musketeer y Matchless. Para este momento el Scharnhorst era un pez muerto. Alrededor de las 1930 vi a este, alguna vez magnifico crucero de batalla, irse a pique por la proa con sus hélices aún girando mientras se volcaba y hundía.

Dos mil de la tripulación del Scharhorst perecieron, incluyendo cuarenta cadetes a bordo que estaban en entrenamiento. Sólo treinta y seis hombres fueron rescatados.

 

Si deseas saber más, lee “Forgotten Sacrifice: The Arctic Convoys of World War II” [Sacrificio olvidado: los convoyes árticos de la Segunda Guerra Mundial], de Michael G. Walling.

Sobrevivientes del acorazado alemán Scharnhorst en Scapa Flow. Van con los ojos vendados y llevan un atuendo de rescate de marinero mercante mientras caminan por un tablón, ellos se dirigen a un campo de internamiento el 2 de enero de 1944.

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