No más Guerra Relámpago

La Operación Barbarroja, la invasión alemana a la Unión Soviética, estaba perdiendo impulso. La relación entre Hitler y el Alto Mando del ejército alemán comenzaba a mostrar signos de deterioro. En una de las imágenes más famosas de la guerra, soldados alemanes pecho a tierra lanzan granadas buscando continuar su avance.

La Directiva 33 del Führer, emitida el 19 de julio de 1941, había disminuido la velocidad del avance de la Wehrmacht hacia Moscú; la orden había despojado al mariscal de campo Fedor von Bock, comandando el Grupo de Ejércitos Centro, de sus columnas blindadas.

 

Los blindados habían sido enviados a los Grupos de Ejércitos Sur y Norte, al mando de von Rundstedt y von Leeb, respectivamente. Los grupos en los flancos fueron movilizados hacia Kiev y para lograr el cerco de Leningrado, mientras que Moscú se había convertido en un objetivo secundario. Los generales Halder y von Brauchitsch habían solicitado al Führer revertir su decisión, pero Hitler simplemente emitió un suplemento a la directiva que sólo confirmaba sus órdenes.

 

Halder reabrió sus argumentos el 26 de julio, pero el dictador enfurecido respondió con una prolongada arenga. Fue una experiencia desagradable para los generales y Halder, quien estaba perdiendo confianza en los juicios de Hitler, se encontraba a punto de renunciar:

Hitler en una sesión de la situación militar rodeado de generales del Alto Mando alemán. A la derecha de Hitler se encuentra Walther von Brauchitsch, comandante en jefe del Ejército, y a su izquierda, Franz Halder, jefe del Alto Mando alemán. Ambos generales buscaron revertir la decisión de Hitler de cambiar las prioridades y objetivos de la Operación Barbarroja.

26 de julio de 1941

 

1800-2015 horas. Informe al Führer sobre los planes de los grupos de ejércitos. Tediosa, a veces acalorada, la discusión sobre las oportunidades perdidas para cerrar el cerco. Él quiere:

 

1. El Grupo de Ejércitos Sur debe abandonar el plan de un envolvimiento operativo al oeste del Dnieper si las perspectivas de éxito se ven disminuidas. Todas las divisiones blindadas deben colocarse al otro lado de la ribera oriental.

 

2. Disposición de Gomel por medio de una simple operación táctica conducida por un nuevo grupo a formarse bajo el mando de von Kluge. La operación debe ser puesta en marcha lo más pronto posible, independientemente del ritmo de otros ataques y, si es posible, llegar a convertirse en el cerco del grupo Korosten.

 

3. El grupo de von Bock para la ofensiva frontal sobre Moscú debe empezar a avanzar lentamente tan pronto como esté listo. No hay prisa.

 

4. Hoth debe iniciar su marcha sobre las Colinas Valdai tan pronto como sea posible, para que llegue allí no más tarde que el flanco derecho del Decimosexto Ejército.

 

5. El esfuerzo principal del Grupo de Ejércitos Norte deber dirigirse sobre el Lago Ilmen.

 

El análisis del Führer, que en muchos puntos es injustamente crítico de los mandos en el campo, indica una ruptura total con la estrategia de grandes concepciones operacionales. Él discute que no se puede vencer a los rusos con éxitos operacionales, porque simplemente no saben cuándo han sido derrotados. Por tal motivo, será necesario destruirlos poco a poco, en pequeñas acciones de cercamiento de carácter puramente táctico.

 

Por supuesto, hay algo en estas ideas en lo que se refiere a los rusos. Pero seguir tal trayectoria implica que el enemigo dicte nuestra política y reduce nuestras operaciones a un ritmo que no nos permitirá alcanzar nuestra meta, el Volga. Debemos recordar que los rusos cuentan con una enorme cantidad de recursos humanos y es muy poco probable que pudiésemos seguir la nueva política hasta el punto en que el enemigo se quiebre y el camino esté libre de nuevo para las operaciones a gran escala.

 

Para mí, estos argumentos marcan el inicio del declive de nuestra estrategia inicial de operaciones creativas y la voluntad de desperdiciar las oportunidades que nos ofrece el ímpetu de nuestra infantería y blindados.

 

Queda por ver si este cambio radical en la concepción estratégica que, en primera instancia, sin duda será una sorpresa también para el enemigo, traerá el éxito deseado. Mis representaciones haciendo hincapié en la importancia de Moscú se dejaron de lado sin ninguna evidencia válida en contrario.

Si deseas saber más, lee “The Halder War Diary 1939-1942” [El diario de guerra de Halder 1939-1942], editado por Charles Burdick y Hans-Adolf Jacobsen.

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