Ataque ruso sopresivo

Artilleros alemanes de la 19ª División Panzer disparan un cañón antitanque de 50 mm PaK 38 sobre un objetivo enemigo en algún lugar de la Unión Soviética.

El Grupo de Ejércitos Sur estaba enfrentando la mayor concentración de fuerzas soviéticas, además de los pantanos de Pripyat y los Cárpatos, que planteaban un serio desafío a las secciones norte y sur del grupo de ejércitos.

 

Las fuerzas al mando de von Rundstedt, habían entrado en Dniepropetrovsk, en estos momentos los alemanes tenían ocupado todo al oeste del Río Dnieper, con excepción de Odessa. Sin embargo, todo esto había llevado más tiempo de lo esperado y el Ejército Rojo no mostraba signos de colapso.

 

Gottlob Hebert Bidermann, escribió en sus memorias el ataque sorpresivo a su unidad en la región ucraniana, el cual indica la feroz resistencia de las fuerzas soviéticas en el sur:

Durante la noche del 28 de agosto nos cambiamos a Kodorov en el Dnieper para reforzar una compañía de cañones que ocupaba un punto estratégicamente importante en la línea. Este punto tenía el control de las partes más altas en ambos lados de la ribera del río y estaba ocupada por fuerzas delgadamente esparcidas. El poblado estaba situado a lo largo de un camino sin pavimentar donde dos balkas convergían; viviendas primitivas, aisladas, se ubican esparcidas en toda la longitud del pequeño valle al río. Desde la posición del Pak nuestra vista del río estaba obstruida por árboles, setos irregulares y cabañas rústicas de arcilla con techos de paja y paredes encaladas. Un gran edificio de piedra prominente servía como punto central de referencia. Antes de nuestra presencia inesperada e inoportuna, probablemente servía como la escuela del poblado.

 

 

Poco después de nuestra llegada, nos sentamos frente a una de las chozas, cogí mi armónica de su lugar acostumbrado en un bolsillo interior de mi túnica. Como comencé a tocar canciones populares, fui rápidamente rodeado por un abigarrado conjunto de civiles, que aparecieron como sombras desde las cabañas en los alrededores. La melodía “Sin afeitarse y lejos de casa” animó al público y ellos aplaudieron y cantaron su canción popular “Stenka Rasin”. En sus brillantes mascadas, las mujeres y niñas asintieron la melodía; los ancianos y los niños zapateaban sobre la arcilla rusa al ritmo de la música tocada por una armónica alemana.

 

 

Después de una hora, recibimos órdenes del comandante del pelotón de panzerjäger [cazadores de tanques] para extender paja en una instalación anteriormente utilizada como almacén para ser usada como cuarteles. Decepcionados de que no fuéramos alojados en las líneas de chozas esparcidas, obedecimos de mala gana. Una gran cantidad de nosotros sentíamos que estábamos entrando en una trampa, ya que el edificio tenía sólo una entrada y estaba ubicada en el centro del poblado, que no ofrecía una línea clara de fuego en ninguna dirección. Al menos hubiéramos preferido vivaquear en un área abierta, a lo cual estábamos acostumbrados.

 

Nuestro cañón permaneció en su armón en el tractor a veinte o treinta metros de nosotros bajo una arboleda y un centinela fue asignado para montar guardia cerca de la única puerta de las barracas. El cielo claro trajo consigo una noche fresca de verano y aproximadamente treinta de nosotros nos instalamos en nuestros cuarteles improvisados, donde muy pronto estábamos inmersos en un sueño profundo.

 

Justo antes del amanecer nos despertamos sobresaltados por la detonación repentina de granadas de mano cerca de nuestro refugio. Una ráfaga de una subametralladora martilló contra la pared trasera de madera del almacén refugio y el guardia brincó a través de la puerta hacia la oscuridad del edificio.

 

“¡Los rusos están aquí! ¡Los rusos están aquí!” gritó.

 

Salté hacia mis botas, cogí mi equipo y cinturón de municiones y corrí junto con Hartmann y varios otros hacia la única salida. Leal a la disciplina de la Wehrmacht alemana, nuestras primeras reflexiones fueron llegar al Pak y nos tropezamos hacia este a través de la oscuridad. Alcancé a ver el destello de una brasa encendida arqueando hacia nosotros desde la orilla del arroyo e inmediatamente reconocí la espoleta encendida de una granada de mano. Instintivamente me lancé detrás del tractor y la granada detonó sin causar daño un segundo más tarde.

 

Los pocos hombres que lograron reunirse en las inmediaciones del arma de Hartmann al inicio del ataque sorpresivo, ahora abrían fuego con rifles y ametralladoras, arrodilláncorrdose detrás del tractor o estando pecho a tierra. Al coger dos de mis granadas de mi cinturón y lanzándolas en un arco amplio por encima del tractor a la orilla del afluente, Hartmann rechazó una tercera granada más allá de la cañada.

 

Al tiempo que suprimíamos el fuego enemigo, el traqueteo de las subametralladoras rusas disminuyó y ya no recibimos más granadas de mano desde el lecho del río. En el ínterin, más hombres del pelotón habían salido corriendo desde el edificio e intentaron alcanzar nuestra posición. Desde la dirección del puente de madera un tiroteo enfurecido ocurría aproximadamente a unos cien metros de nosotros.

 

De repente distinguimos al líder del pelotón pasar corriendo al lado de nosotros, gritando “¡Estoy herido!” y pronto desapareció en la oscuridad, cerca del cobertizo de almacenamiento. Tomando ventaja de la pausa en el tiroteo, retiramos el cañón del armón y comenzamos a disparar hacia la maleza a lo largo del río desde donde podíamos discernir el centelleo de los fogonazos de las armas rusas. Las balas golpeando contra el escudo de nuestro cañón eran claramente escuchadas; pero con varias rondas antipersonales logramos suprimir su fuego y los rusos interrumpieron cualquier nuevo ataque.

Si deseas saber más, lee “In Deadly Combat: A German Soldier’s Memoir of the Eastern Front” [En combate mortal: la memoria de un soldado alemán del Frente del Este], de Gottlob Herbert Bidermann.

Soldados alemanes cruzando un río no identificado en un bote inflable, llevando un cañón con ellos.

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