La dura realidad soviética

Tropas de tanque al lado de su vehículo blindado observando un mapa, en algún lugar de la Unión Soviética, en 1941.

Los alemanes habían avanzado más de 600 kilómetros dentro del territorio soviético, capturado más de un millón de prisioneros y haber alcanzado las riberas occidentales de los ríos Dvina y Dnieper, todo parecía indicar que la Operación Barbarroja emergería triunfante si pudieran derrotar y destruir al Ejército Rojo antes de que los rusos pudieran cruzar esos ríos.

 

Sin embargo, las batallas que continuaban en el área de Smolensk habían frustrado las esperanzas alemanas de una victoria rápida, aunado a la constante queja de las tropas sobre el deterioro de los caminos y las largas marchas que tenían que efectuar antes de enlazarse con los grupos blindados más avanzados.

 

Wilhelm Prüller, un soldado alemán, describe las difíciles condiciones de su avance, así como su perspectiva de la realidad de la Unión Soviética:

Una columna blindada alemana. La batalla de Smolensk provocó que los alemanes perdieran la esperanza de una victoria rápida.

28 de julio de 1941

 

A las 8:15 me despierto, justo a tiempo para encontrar allí a Zürn con la orden que el batallón debe formarse de inmediato y avanzar a Lissjanka. En la noche no llovió para variar y todavía sigue sin llover, por lo que quizá nos será posible poner los vehículos en movimiento.

 

La condición de los caminos en Rusia es simplemente indescriptible. Si nos quedamos asombrados y molestos por las carreteras en los Balcanes, aquí están mucho peor. En su conjunto, yo recomendaría que cada alemán comunista sea arrastrado a Rusia, para que puedan ver cómo es el paraíso de los trabajadores. No he encontrado nada que me agrade aquí excepto por un punto: en los llamados caminos han colocado señales para las curvas que indican en qué dirección irá la curva. Creo que es mejor que nuestras señales con las “S”.

 

Avanzamos a Smiltschenzy y allí esperamos al batallón. Los habitantes locales nos traen huevos, leche, manzanas y cerezas y no aceptan un centavo por ellos. Vienen con mapas de Rusia y desean saber cuán lejos la Wehrmacht alemana ha penetrado. Ninguno de ellos habla alemán, pero “Geben Sie mir eine Zigarette” [denme un cigarrillo] -eso sí pueden decir-.

 

Hoy por fin tuve la oportunidad de saber cuánto gana un trabajador ruso. Toma como ejemplo a un aprendiz de panadero. Aquí él obtiene 250 a 300 rublos al mes. Los precios típicos aquí son: corte de cabello, 4 rublos; una barra de jabón para afeitarse, 4 rublos; un par de pantalones -unos como tales costarían 6 Reichmarks en casa- 100 rublos. Y así sucesivamente.

 

Nuestro objetivo es estar en Swenigorotka. Tengo un presentimiento que el enemigo ha abandonado el lugar o al menos que no haya muchos de ellos allí.

Si deseas saber más, lee “Diary of a German Soldier” [Diario de un soldado alemán], de Wilhelm Prüller.

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