Masacre en Babi Yar

La cañada de Babi Yar, en una imagen tomada en 1941.

A las afueras de la ciudad de Kiev, en Ucrania, se encontraba un profundo barranco conocido como Babi Yar, cuyo nombre no tenía ninguna relevancia hasta los hechos ocurridos a finales de septiembre de 1941, donde las fuerzas especiales de exterminio alemanas llevaron una de las masacres más grandes desde el inicio de la Operación Barbarroja.

 

Tan sólo entre el 29 y 30 de septiembre, casi 34,000 judíos fueron liquidados en el barranco de Babi Yar, en un proceso ordenado por el gobernador militar, el general mayor Kurt Eberhard; el comandante de la policía del Grupo de Ejércitos Sur, Friedrich Jeckeln, y el comandante del Einsatzgruppe C, Otto Rasch, como represalia a los incendios y muertes ocurridas por minas en la ciudad de Kiev.

 

A los judíos de la localidad se les ordenó presentarse en un punto determinado de la ciudad de Kiev, exigiéndoles traer sus documentos, objetos de valor y dinero, así como ropa abrigadora. El testimonio de un conductor de camión llamado Hofer, describe la escena aterradora:

Un día recibí instrucciones para conducir mi camión fuera de la ciudad. Me acompañaba un ucraniano. Debe haber sido alrededor de las diez. En el camino pasamos a judíos llevando equipaje, marchando a pie en la misma dirección en la que estábamos viajando. Había familias enteras. Entre más nos alejábamos de la ciudad, más densas se hacían las columnas. Montones de ropa se encontraban en un gran campo abierto. Estas pilas de ropa eran mi destino. El ucraniano me mostró cómo llegar allí.

 

Después de haber llegado a la zona cerca de la pila de ropa, de inmediato el camión estaba cargado con ella. Esto era llevado a cabo por ucranianos. Vi lo que sucedió cuando los judíos -hombres, mujeres y niños- llegaron. Los ucranianos los llevaron a una cantidad de lugares diferentes, donde uno tras otro tuvieron que deshacerse de su equipaje, luego sus abrigos, zapatos y sobretodos y también la ropa interior. También tuvieron que dejar sus objetos de valor en un lugar designado. Había un montón especial para cada artículo de ropa. Todo sucedió muy rápidamente y cualquier persona que dudaba era pateado o empujado por los ucranianos para mantenerlos en movimiento. No creo que haya pasado ni siquiera un minuto desde el momento en que cada judío se quitaba el abrigo antes de que estuvieran allí, de pie, completamente desnudos. No se hacía distinción alguna entre hombres, mujeres y niños. Se podría pensar que los judíos que llegaron posteriormente habrían tenido la oportunidad de dar la vuelta al ver a los demás delante de ellos tener que desvestirse. Todavía me sorprende hoy que esto no sucediera.

 

Una vez desnudos, los judíos eran llevados a un barranco que era de unos 150 metros de largo, 30 metros de ancho y unos 15 metros de profundidad. Dos o tres entradas estrechas llevaban a este barranco a través del cual se canalizaron a los judíos. Cuando llegaban al fondo del barranco eran tomados por miembros de la Schutzpolizie y les obligaban a acostarse encima de los judíos que ya les habían disparado. Todo esto sucedió muy rápidamente. Los cadáveres estaban literalmente en capas. Un tirador de la policía llegó y disparó a cada judío en el cuello con una metralleta en el lugar en que yacía. Cuando los judíos llegaban al barranco estaban tan sorprendidos por la horrible escena que perdieron por completo su voluntad. Incluso puede haber sido que los judíos mismos se colocaran en filas para esperar ser disparados.

 

Sólo había dos tiradores llevando a cabo las ejecuciones. Uno de ellos trabajaba en un extremo del barranco, el otro en el otro extremo. Vi a estos tiradores pararse sobre las capas de cadáveres y disparar uno tras otro.

 

Al momento en que un judío había sido ultimado, el tirador caminaba a través de los cuerpos de los judíos ejecutados hacia el siguiente judío, que había permanecido mientras tanto hacia abajo, y le disparaba. Continuó de esta forma ininterrumpidamente, sin distinción entre hombres, mujeres y niños. Los niños eran mantenidos con sus madres y les disparaban con ellos.

 

Sólo vi esta escena brevemente. Cuando llegué al fondo de la quebrada yo estaba tan impresionado por el terrible espectáculo que no podía soportar mirar por mucho tiempo. En el hueco vi que ya había tres filas de cuerpos alineados por una distancia de unos sesenta metros. No podía ver cuántas capas de cuerpos había una encima de la otra. Estaba tan asombrado y aturdido por la visión de los cuerpos temblorosos, manchados de sangre, que no podía registrar debidamente los detalles. Además de los dos tiradores, había un “empacador” en ambas entradas al barranco. Estos “empacadores” eran Schutzpolizien, cuyo trabajo consistía en colocar a la víctima encima de los otros cadáveres, para que sólo lo que el tirador tuviera que hacer al pasar era disparar un tiro.

 

Cuando las víctimas llegaban a lo largo de las rutas de acceso al barranco y en el último momento veían la terrible escena, se ponían a gritar de terror. Pero al momento siguiente estaban siendo derribados por los “empacadores” y obligados a acostarse con los otros. El siguiente grupo de gente no podía ver esta terrible escena, ya que se llevaba a cabo alrededor de una esquina.

 

La mayoría de la gente peleaba cuando tenía que desnudarse y había un montón de alaridos y gritos. Los ucranianos no hacían caso. Ellos sólo les hacían bajar lo más rápido posible en el barranco a través de las entradas.

 

Desde el área para desvestirse no se podía distinguir el barranco, que estaba a unos 150 metros de distancia de la primera pila de ropa. Un viento cortante soplaba; era muy frío. Los disparos en la quebrada no podían ser escuchados desde la zona donde se desnudaban. Por eso creo que los judíos no se daban cuenta a tiempo qué les esperaba. Todavía me pregunto hoy por qué los judíos no intentaron hacer algo al respecto. Las masas seguían llegando de la ciudad a este lugar, que aparentemente entraban sin sospechar nada, todavía bajo la impresión de que estaban siendo reubicados.

Si deseas saber más, lee “The Holocaust: Memories and History” [Holocausto: memorias e historia], de Victoria Khiterer.

Folleto de fecha 28 de septiembre de 1941 en ruso y ucraniano con la traducción alemana ordenando a todos los judíos de Kiev presentarse el 29 de septiembre, a las 8 a.m., para un supuesto reasentamiento.

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