Los tanques alemanes, proviniendo de Gorodishche, habían alcanzado el borde occidental de la fábrica de tractores Octubre Rojo y la zona suroeste de la fábrica Barrikady, justo en la ribera del Volga. El heroísmo de los defensores era tal que los soviéticos seguían luchando aun cuando estuvieran heridos gravemente.

Aunque los alemanes habían ocupado la sede del Partido Comunista en Stalingrado en un triunfo aparente, los rusos estaban enviando más refuerzos a través del Volga, desembarcando bajo fuego de artillería asesino y lanzados apresuradamente al frente para retomar un sótano de un edificio ya pulverizado.

El cabo Erich Franke era un mensajero de motocicleta sirviendo en la Sección Número 1 del 2º Regimiento de la 16ª División Panzer; en septiembre de 1942, Franke se contagió de difteria y fue atendido en un hospital militar en Poltava. Su regreso al frente en el sector de Stalingrado le hizo ver la siniestra perspectiva de lo que estaba ocurriendo en la ciudad en el Volga:

Llegando a Stalingrado

Soldados alemanes en la sala de generadores de una planta de energía destruida en Stalingrado, 1942.

Fui dado de alta del hospital militar y tuve que reportarme en la Oficina de Reclutamiento del Frente en Kharkov. Mis órdenes decían: área norte de Stalingrado. Cómo debía llegar allí dependía de mí. En principio fui en tren. Cerca de Losovaya, los partisanos habían volado un tren de municiones dejando el trayecto interrumpido por un par de horas. Fui al Rollbahn e intenté hacer autostop en un camión. Esa tarde arribé a un poblado en donde incluso había un cine. Me metí. Un suboficial de la Luftwaffe vino y se sentó junto a mí. Comenzamos a hablar y descubrí que había una pista aérea aquí. Había un par de vuelos de Ju 52, por tanto, máquinas de transporte. ¿Hacia dónde van? Respuesta: ¡Stalingrado y Cáucaso! Pregunté de inmediato si podía ir allí por avión. Me llevó a la pista aérea y me mostró un búnker de tierra donde un ordenanza estaba sentado. Toqué a la puerta, saludé e hice mi solicitud. Él titubeó y después me contestó: ‘cada avión ha sido cargado con seis barriles de combustible para aviación. ¡Si quieres tomar el riesgo es sobre tu propia cabeza!’ Me advirtió del peligro de ataque de cazas rusos. Quería llegar a mi unidad tan pronto como fuera posible, sin embargo, esta era una oportunidad insólita.

A la mañana siguiente a las 0600 horas -era el 29 de septiembre de 1942- tres Ju 52 despegaron hacia Stalingrado, cada uno con seis barriles de combustible y yo metido al lado de ellos. Todo salió bien: después de un vuelo de dos horas aterrizamos en el aeródromo de Gumrak, 35 kilómetros al oeste de Stalingrado. Tuve suerte: en una intersección hice señales a un vehículo de mi 16ª División Panzer. El conductor del vehículo anfibio me llevó a las inmediaciones de mi regimiento panzer. La sección número 1 se ubicaba en una barranca en búnkeres de tierra, ocho kilómetros al norte oeste del suburbio septentrional de la ciudad -un paisaje de estepa inhóspito-. Después de reportarme a mi comandante de sección, el mayor Graf Strachwitz, entré un búnker cuyo ocupante justo se había ido de licencia.

En nuestro sector dentro del Límite Norte había una fuerte presión desde el norte. Tuvimos que mantener despejando al enemigo donde había irrumpido a través de la línea frontal. Cada día nos costaban muertos y heridos. De noche, bombarderos ligeros Il 2 –‘máquinas de coser’, como los llamaba la infantería- no nos dejaban en paz. El paisaje de estepa monótono, las barreras de fuego molestas, los ataques repentinos de caza-bombarderos Il 2, la necesidad de estar alerta cada segundo para rechazar un ataque, los bombardeos nocturnos y el agazaparse y acostarse en búnkeres de dos metros cuadrados causaban fuertes estragos en los nervios.

Si deseas saber más, lee “Survivors of Stalingrad: Eyewitness Accounts from the 6th Army, 1942-1943” [Sobrevivientes de Stalingrado: relatos de testigos presenciales del 6º Ejército, 1942-1943], editado por Reinhold Busch.

Explosiones en la fábrica Krasnyi Oktyabr [Octubre Rojo], vista desde un puesto de mando alemán en un terreno alto.

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