Indefensos ante la muerte

Una dotación de las Waffen SS dispara un cañón antitanque PaK 35/36 a las afueras de un pueblo soviético, en el otoño de 1941.

Si bien las condiciones al sur de la Unión Soviética permitían a las fuerzas continuar avanzando a un ritmo diferente al de otros sectores en el norte, causando sorpresa y alarma entre los defensores, la resistencia encontrada por ellas era determinada.

 

Gottlob Herbert Bidermann, sirviendo con la 132ª División de Infantería, en sus reflexivas e impresionantes memorias, describe el furor de las batallas que se estaban librando en la zona de la Crimea, en la Rusia soviética:

El 3 de noviembre, la sección de avance de mi regimiento, consistiendo de unidades de la Decimocuarta Compañía de Infantería Panzerjäger [Antitanque] motorizada y la Novena Compañía de Bicicletas, avanzó al mediodía sobre un pequeño poblado tártaro al suroeste de Evel-Schleich, donde descubrimos un depósito de municiones conteniendo suministros rusos, incluyendo numerosas cajas de pitillos Papyrossi.

 

El avance continuó a lo largo del Valle Katscha. Con los rayos de un sol ocultándose, el paisaje apareció sorprendentemente bello, con camino estrecho corriendo a lo largo de una fila de álamos y entre granjas frutícolas. Desde una distancia de alrededor de ciento cincuenta metros pudimos observas casas tártaras atractivas con porches de madera y techos bajos esparcidas entre los valles y a lo largo de las crestas de las colinas.

 

Al acercarnos al borde del asentamiento, el elemento punto se encontró con un fuerte fuego enemigo e inmediatamente abrí fuego con mi Pak [cañón antitanque] sobre un enemigo que no podíamos ver dentro y entre las casas. Bajo fuego de cobertura de nuestro cañón, el oficial a cargo de la Novena Compañía se movilizó hacia adelante. El fuego de armas cortas comenzó a golpear en la pared de la casa detrás de nosotros, dejando nubes de polvo girando al tiempo que las balas marcaban los edificios color barro cerca de nuestra posición del cañón. Nuestro comandante de compañía continuó manteniéndose incólume a través del caos, ignorando las rondas impactando la pared detrás de él, mientras nosotros yacíamos tendidos o detrás del escudo de acero del Pak.

 

A través de las explosiones ensordecedoras de martilleo de ametralladoras, pude escuchar el grito agudo de un soldado herido y alguien comenzó a gritar “¡herida en el estómago!” La ametralladora más cercana disparó casi continuamente mientras el artillero vaciaba el barril a objetivos moviéndose rápidamente. Continuamos concentrándonos en recargar y disparar a figuras distantes corriendo entre las casas y la ametralladora siguió los movimientos del enemigo.

 

 

El landser [soldado] herido yacía a unos cuantos pasos detrás de nosotros al borde del camino, su casco volcado hacia arriba a unos cuantos metros de donde estaba. Un asistente médico se arrodilló junto a él y desabotonó su túnica cubierta de polvo para vendar su herida. En segundos, los gritos de auxilio del soldado se volvieron balbuceos ininteligibles mientras yacía en la tierra. Sus ojos febriles parecían ampliarse de terror contra su cara de color de tiza blanca y miró adelante hacia la oscuridad, al tiempo que la sombra de la muerte pronto se posó sobre él. El médico le quitó el reloj del brazo sin vida del soldado y rápidamente comenzó a recoger sus efectos personales de los bolsillos del uniforme harapiento, cubierto de sangre. Nos dimos vuelta y pronto nos ocupamos con nuestros propios pensamientos y responsabilidades.

 

Los pensamientos de aquellos reunidos cerca permanecieron profundamente personales y uno no podía escapar sentir una pena intensa por nuestro hermano en la túnica gris que había sido impactado; aun así, con esos pensamientos, cada hombre volvió para concentrarse en sí mismo, en cómo podría ser el próximo en caer, el siguiente en encontrar su destino en Rusia. En ocasiones éramos poseídos por estos pensamientos, indefensos contra ellos como indefensos ante la muerte que tan rápidamente envolvió a nuestro soldado hermano. Fue así que comenzamos a comprender que estábamos siendo consumidos por esta tierra extranjera.

Si deseas saber más, lee “In Deadly Combat: A German Soldier’s Memoir of the Eastern Front” [En combate mortal: la memoria de un soldado alemán en el Frente del Este], de Gottlob Herbert Bidermann.

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