La idea del uso de cohetes como un arma táctica de corto alcance tenía una larga historia detrás de la misma. Los cohetes se volvieron tan populares en el Siglo XIX que parecían iban a sustituir la artillería convencional, aunque el desarrollo de mejores explosivos había restaurado la preeminencia de morteros y cañones.

 

Antes de la guerra, el Tratado de Versalles había limitado el calibre de armas para las fuerzas militares alemanas, lo cual llevó al Departamento de Armas del Ejército a buscar nuevos tipos de armamento que no violara las disposiciones del Tratado y al mismo tiempo proveyera el máximo poder de fuego posible. Un joven científico, con especial interés en balística, Walter Dornberger, mantuvo un feudo con cualquier otra persona que tuviera interés en el desarrollo de cohetes y, en su momento, Werner von Braun encabezaba la lista de asistentes técnicos de Dornberger. Fue así que se dio inicio a una de las asociaciones científicas más importantes de todos los tiempos.

 

Con la utilización de combustible líquido, Dornberger esperaba prolongar el tiempo de combustión y así proporcionar una propulsión continua lo suficientemente poderosa como para llevar una carga militar significativa mucho más lejos que ningún otro proyectil de artillería que se hubiese disparado hasta el momento. Dornberger correctamente apreció que la única forma de lograr esto era colocar un motor en un misil, capaz de sostenerse en vuelo continuo por varios minutos, alcanzando una velocidad que pudiera llevarlo hacia el espacio hasta que comenzara a proyectarse de nuevo hacia tierra a una distancia que no se hubiese logrado por ningún proyectil creado por el hombre.

 

Después de varios fracasos, el desarrollo de esta idea culminó el 3 de octubre de 1942, cuando el mayor general Walter Dornberger, con micrófono en mano, observó la escena donde el cohete A4 -posteriormente conocido como el famoso V2- logró lanzarse, la escena fue descrita casi minuto a minuto por el propio Dornberger:

Prueba de cohete exitosa en Peenemünde

Una imagen del cohete A-4 alemán sobre una plataforma de carga. Decenas de miles de obreros forzados trabajaron hasta su muerte en varios cohetes alemanes durante la guerra.

Era mediodía y el arco de un día claro, sin nubes, se extendía sobre el norte de Alemania. Mi atención se desvió a las Obras de Desarrollo, sombría en su camuflaje, hacia la extensión de bosques de pinos y a través del promontorio de carrizales de la bahía de Peenemünde, hacia… Greifswalder Oie a diez kilómetros de distancia.

En el sur, enclavado en el bosque de hoja perenne, vi los dos grandes y brillantes cobertizos de hormigón de las Obras de Pre-Producción, sus techos inclinados hacia el norte cubiertos con redes de camuflaje. Al oeste, las colinas bajas de la ribera más lejana del Río Penne eran dominadas por la torre de ladrillo rojo de la Catedral Wolgast. Los contornos azul claro de la planta generadora de oxígeno, las seis chimeneas conspicuas de la gran planta eléctrica con vista al puerto y los grandes hangares del aeródromo de Peenemünde completaban la imagen que había llegado a conocer tan bien...

Cuando me incliné sobre el parapeto pude ver una gran cantidad de animación. En las avenidas y sendas entre los edificios esparcidos ampliamente de la Fábrica, en las ventanas y en los techos de los cobertizos, talleres y oficinas, el personal completo parecía estar esperando y observando… Todos querían presenciar el evento por el que se habían esforzado, uno que quizá haría historia…

Aún quedaban tres minutos… Su tensión casi insoportable se repetía con cada lanzamiento de prueba y habían llegado a conocerse como los “minutos Peenemünde”, que parecían más largos que sesenta segundos…

X menos 1’.

La tensión aumentaba… Hasta ahora sólo habíamos conseguido despegar absolutamente del suelo un cohete de este tamaño dos veces… Si la prueba de hoy fallaba… debería proponer la transferencia de todo nuestro potencial de armamento a la construcción de aviones o tanques… sentí frío con suspenso y emoción bajo el tibio sol de otoño…

Un cartucho de humo silbó en el aire. Su estela verde sobre la Plataforma de Pruebas VII se alejaba lentamente ante el viento. ¡Diez segundos más!...

 

‘¡Ignición!’…

Después de un segundo la propulsión aumentó a 25 toneladas… el reluciente cuerpo del cohete se elevó verticalmente del bosque hacia el cielo… La llama saliendo desde la parte posterior era tan larga como el cohete mismo. El chorro ardiente de gas era claro y autónomo. El cohete se mantuvo en su curso como si estuviera sobre rieles… El primer momento crítico había pasado… Entonces comenzó, casi imperceptible al principio, a inclinar su punta hacia el este. La inclinación había comenzado…

‘¡Velocidad sónica!’ informó el altavoz finalmente. Mi corazón se detuvo por un momento… Ahora era el momento -¿qué tal si aparecía una nube blanca de una explosión en el cielo azul?-

No apareció nada. El proyectil voló imperturbable… En ese momento, el 3 de octubre de 1942, por primera vez un cohete de combustible líquido alcanzó la velocidad supersónica… La llama rojiza había desaparecido. La gruesa estela de vapor blanco ya no se estaba formando. Sólo una delgada raya lechosa de neblina continuaba siguiendo del cohete mientras se alejaba rápidamente a una velocidad de 4,500 kilómetros por hora.

No pude hablar por un momento; mi emoción era muy grande. Pude ver que el coronel Zanssen estaba en el mismo estado. Estaba parado allí riéndose. Sus ojos estaban humedecidos. Extendió sus manos hacia mí. Las tomé. Entonces nuestras emociones salieron a flote. Gritamos y nos abrazamos uno al otro como chicos emocionados… Todos gritaban, reían, brincaban, bailaban y se daban la mano… Al salir a la calle, la mitad del personal técnico vino corriendo hacia mí. Hubo una gran cantidad de saludos. Metí a von Braun en el auto y condujimos hacia la Plataforma de Prueba VII. Al atravesar el portal abierto en las paredes construidas en la arena rodeando el gran redondel, vimos algo así como un motín popular. El personal de pruebas de campo había rodeado a l Dr. Thiel y sus ingenieros en jefe… Todavía puedo ver la cara de Thiel, con sus ojos de sabio astuto brillando detrás de sus gruesas gafas… Su respuesta a mis felicitaciones fue un torrente de nuevas ideas y sugerencias para mejorar.

Si deseas saber más, lee “Hitler’s Rockets: The Story of the V-2s” [Los cohetes de Hitler: la historia de los V-2], de Norman Longmate.

El sargento de vuelo E. P. H. Peek en un Mosquito de Havilland PR4 del Escuadrón No. 540 de la Real Fuerza Aérea AF regresó al aeródromo de Leuchars el 23 de junio de 1943 con algunas fotos de reconocimiento del área de pruebas en Peenemünde, Alemania. En la imagen se distingue la Plataforma de Prueba VII. Las letras B y C muestran cohetes sobre camiones de carga.

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