Ataque mortal de artillería rusa

Tropas alemanas con una ametralladora MG34, en la Unión Soviética, en 1941.

Entre julio y agosto de 1941, Hitler había emitido órdenes para acabar con las fuerzas soviéticas en los flancos norte y sur antes de emprender una ofensiva sobre Moscú. Al norte, Leningrado estaba casi completamente aislada y, las fuerzas alemanas en el sur estaban cercando a los ejércitos rusos en Kiev.

 

Esto proveyó tanto el contexto como el ímpetu para el “juego de gato y el ratón” entre Hitler y Stalin. Renuente a tentar al destino y conducir directo hacia Moscú en donde parecía estaban las defensas más poderosas del Ejército Rojo, en su lugar Hitler decidió seguir el camino de menos resistencia y costo atacando los flancos de las defensas soviéticas a lo largo del eje occidental.

 

Para fines de agosto, a pesar de la fuerte oposición de von Bock, Guderian y otros oficiales de alto rango, la decisión de Hitler estaba rindiendo frutos importantes, más que todo porque el Führer había ganado la partida entre sus generales.

 

Sin embargo, aunque las victorias se estaban presentando para los alemanes, la realidad de la campaña estaba teniendo un alto costo en vidas y equipo. Wilhelm Prüller deja ver que la situación en la Unión Soviética estaba lejos de ser cómoda:

2 de septiembre de 1941

 

Cuando encontré mi vehículo de nueva cuenta en Sviskije, apenas podía creer que habíamos logrado sobrevivir tal día tan difícil. Tuvimos que cambiar nuestras posiciones en varias ocasiones durante los últimos seis días en razón de fuego enemigo; pero hoy fue el peor. Comenzaron, los fuegos artificiales, en la mañana. Estaba trabajando en el vehículo cuando las primeras granadas llegaron en el patio enfrente de nuestra casa; algunas cayeron detrás de mi carro; la pequeña choza junto a mí comenzó a incendiarse por otra. Entonces hice que llevaran el carro detrás de la casa. En la casa misma, que debió haber sido alguna escuela técnica o algo así, vivían el grupo de conductores, algunos técnicos de radio y operadores de teléfono, el asistente de campo del oficial al mando y mis conductores. El resto del personal ya había salido, hacia Surskije.

 

El fuego de artillería estaba empeorando continuamente y fuertes rugidos marcaban las explosiones cayendo a todos nuestros alrededores. Pronto las ventanas estaban destrozadas -no quedaban muchas de cualquier forma- y polvo y humo se vertió a través de los agujeros; muy pronto toda la campiña estaba entrando por las ventanas. Pero eso no nos importó mucho. Lo que realmente nos enfureció y nos acabó fue cuando entramos al lugar y encontramos al observador de artillería ruso tendido junto a la puerta. Varias esquirlas le habían dado. Muerto.

 

Al mediodía hubo una pequeña pausa, pero mientras me estaba alistando para escribir las órdenes para nosotros para relevar las unidades de motocicleta del Batallón Hermann Göring, el fuego comenzó de nuevo. Aparentemente dirigido justo a nosotros. El oficial al mando nos ordenó a todos ir a los sótanos. Y luego también la suerte estuvo con nosotros, había dos sótanos y en aquel que no estábamos usando, cayeron dos proyectiles reduciéndolo a una ruina completa.

 

Durante este periodo, la más increíble de las cosas ocurrió. Alguna de nuestra gente-entre ellos el indestructible Pischek- estaba parada en las escaleras justo cuando un proyectil explotó en la planta baja del lado sureste de la casa, en la habitación junto a las escaleras. Las vigas transversales y las tejas del techo salieron volando, enterrando a ‘Pepi’ [Pischek] bajo una pila de escombros. Cuando lo sacamos arrastrando, él estaba inconsciente. Aunque el corazón y el pulso estaban bien. Quería llevarlo a la estación de socorro principal y conduje el carro enfrente de la puerta, cuando nuestro jefe de cirujanos llegó y envió la ambulancia por él. Una hora más tarde, Pischek murió en la estación de primeros auxilios. Uno de nuestros mejores, más valientes y capaces soldados no está más con nosotros. ¡Apenas puedo creerlo!

 

La artillería rusa se detiene por un momento. Nos preparamos para irnos; el oficial al mando y los asistentes de su ayudante de campo limpian todo y lo llevan al vehículo, cuando otro proyectil cae en el patio. Nuestro intérprete, un judío ruso que llevaba algún tiempo con nosotros, es el único en el patio. Nada le pasa a él.

 

Cae un obús por la tarde en la esquina de la casa, justo encima de nuestro vehículo. Las paredes cayeron encima del techo del carro y ahora se ve como un aserradero. Espero que el carro pueda ser utilizado, o más bien reparado.

Si deseas saber más, lee “Diary of a German Soldier” [Diario de un soldado alemán], de Wilhelm Prüller.

Unidad antitanque de la 3ª SS División Panzer, en septiembre de 1941, en la Unión Soviética.

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