El Octavo Ejército británico desembarca en Calabria

Tropas británicas bajan por la rampa de una embarcación en Catania, Sicilia, el 2 de septiembre de 1943, durante los preparativos de la Operación Baytown hacia Calabria. (Imperial War Museums, NA 6173 / War Office Second World War Official Collection).
Al terminar la campaña de Sicilia, la guerra en el Mediterráneo ya no podía detenerse en el estrecho de Mesina. La isla había sido conquistada, Mussolini había caído y los Aliados preparaban la entrada en la península italiana mientras el gobierno de Badoglio negociaba en secreto una salida de la guerra. Para el mando aliado, sin embargo, el problema inmediato seguía siendo militar: cómo convertir la victoria en Sicilia en una presión directa sobre Italia sin malgastar fuerzas antes del desembarco principal previsto en Salerno.
La Operación Baytown fue concebida como un cruce directo desde Sicilia hacia Calabria. El XIII Cuerpo del Octavo Ejército británico, al mando del teniente general Miles Dempsey, cruzaría hacia la zona de Reggio Calabria con la 5.ª División de Infantería británica y la 1.ª División de Infantería canadiense. El general Bernard Montgomery no esperaba que la operación tuviera un efecto decisivo: temía que los alemanes se retiraran, evitaran presentar batalla y usaran las demoliciones, el terreno y las carreteras pobres para retrasar cualquier avance hacia el norte.
El 3 de septiembre de 1943, las primeras tropas británicas y canadienses cruzaron el estrecho de Mesina. La resistencia inicial fue ligera. Para el mando alemán en Italia, Calabria no parecía el punto decisivo de la invasión; Salerno, Nápoles o incluso una operación más al norte seguían pareciendo posibilidades más peligrosas. El resultado fue una entrada casi silenciosa en el continente, seguida no por una gran batalla inmediata, sino por una marcha condicionada por puentes destruidos, caminos dañados y una retirada enemiga calculada.
Aquel mismo día, lejos de las playas y sin anuncio público, se firmaba también el armisticio entre Italia y los Aliados. La península entraba así en una zona de incertidumbre: todavía no había ruptura visible con Alemania, pero el gobierno italiano ya había aceptado las condiciones para abandonar la guerra contra los Aliados. Calabria, Salerno, Roma y el mando alemán quedaban unidos por una misma pregunta: qué ocurriría cuando el secreto dejara de serlo.
El general Sir Harold Alexander, comandante del 15.º Grupo de Ejércitos aliado, describió en sus comunicaciones oficiales la presión bajo la cual se preparó el cruce y el resultado de las primeras horas:
Mientras avanzaban las negociaciones para el armisticio, la planificación del asalto del XIII Cuerpo avanzaba rápidamente bajo gran presión y en medio de crisis constantes. Era difícil trabajar estrictamente dentro de las limitaciones impuestas por la necesidad de dar prioridad a la operación de Salerno, y hubo momentos en que existieron diferencias considerables de opinión entre los estados mayores militar y naval.
Se hizo todo lo posible para montar el ataque lo antes posible. Durante algún tiempo pareció que la noche del 4 al 5 de septiembre sería la fecha más temprana, pero finalmente logramos adelantarlo a las 0430 horas del día 3. El ataque fue un completo éxito. La oposición fue ligera y no encontramos alemanes; en la mañana del Día D, Reggio había sido capturada y, en la tarde del mismo día, Bagnara estaba en nuestras manos. El refuerzo y abastecimiento de nuestras fuerzas superó las expectativas.
Las demoliciones fueron el principal factor que retrasó nuestro avance, y había motivos para esperar que, si las tácticas enemigas continuaban así y siempre que el Octavo Ejército avanzara resueltamente, no quedaría tan lejos de la distancia de apoyo de los desembarcos del Quinto Ejército en Salerno como se había temido. Debe señalarse, sin embargo, que las carreteras eran escasas y de mala calidad, que el ejército disponía de pocos medios de transporte y que, cuanto más avanzara, más difícil sería sostenerlo logísticamente.
Si deseas saber más, lee The War in Italy, 1943-1944 [La guerra en Italia, 1943-1944], de John Grehan y Martin Mace.
Desde el lado estadounidense, Mark W. Clark recordaría después el mismo día desde otra perspectiva. Para él, Calabria no era el centro de gravedad de la invasión, sino el preludio de una operación mucho más arriesgada en Salerno. Su memoria permite leer Baytown no como un desembarco aislado, sino como parte de un tablero aliado más amplio, en el que el armisticio italiano empezaba a alterar incluso los planes ya preparados:
Los detalles quedaron cerrados en una conferencia celebrada el 23 de agosto en Argel, donde Eisenhower, Alexander, Cunningham, Tedder, Spaatz, Montgomery y yo nos reunimos para completar nuestros planes. En aquella reunión se acordó por todos, incluido Montgomery, que el empuje del Octavo Ejército en la punta italiana sería diversionario y que nuestro esfuerzo principal lo realizaría el Quinto Ejército en el área de Nápoles.
Cuando volé al cuartel general de Alexander en Sicilia, el 3 de septiembre, Ike y Bob Murphy, que había sido nombrado jefe civil estadounidense en África del Norte, estaban allí. Noté un aire de excitación apenas llegué; resultó que los italianos, tratando de negociar la rendición, incluso ofrecían proporcionarnos ayuda material para entrar en Italia.
Cuando me reuní con Ike en una tienda poco después de llegar al cuartel general de Alexander, me puso al tanto de los últimos acontecimientos y dijo que los italianos estaban muy preocupados por lo que harían los alemanes en Roma cuando se enteraran del armisticio. Como resultado de esta situación, el general de brigada Maxwell D. Taylor, asistente del comandante de división Ridgway y uno de los jóvenes oficiales más destacados del Ejército, realizó un audaz viaje secreto a la capital italiana, donde conferenció con los jefes del movimiento del armisticio y logró salir de nuevo sin peligro.
Los italianos habían insistido en que lanzáramos una división de paracaidistas sobre Roma para apoderarnos de ella con ayuda italiana y mantenerla hasta que nuestras fuerzas pudieran desembarcar y tomar el control. Aquello era estrictamente una idea política, más que un plan militar, pero en ese punto de las negociaciones de rendición las consideraciones políticas volvían a pesar más que las tácticas militares.
—Será una sorpresa para ti —dijo Ike—, pero se ha decidido que vamos a hacer el lanzamiento sobre Roma.
No sabía exactamente por qué debía sorprenderme, pero pronto lo descubrí.
—¿Dónde —pregunté— vas a conseguir una división aerotransportada para hacerlo?
—La Ochenta y dos.
—¡No! —protesté—. ¡Esa es mi división! Sabes que voy a lanzarla mucho más allá del río Volturno. Los alemanes tienen varias divisiones panzer al sur de Roma, listas para bajar a toda prisa y bloquear los pasos por los que tendremos que avanzar desde Salerno hasta Nápoles. Quitarme la Ochenta y dos justo cuando empiece la lucha es como cortarme el brazo izquierdo.
…
Aquel mismo día, el Octavo Ejército de Montgomery cruzó el estrecho de Mesina y comenzó a tomar la punta de la bota italiana sin mucha oposición.
Si deseas saber más, lee Calculated Risk [Riesgo calculado], de Mark W. Clark.
La noticia del desembarco no pertenecía solo a los comunicados militares. En el interior de Italia, donde la caída de Mussolini todavía no había resuelto el destino del país, el cruce del estrecho fue recibido como una señal de que la guerra entraba en una fase distinta. Iris Origo, escritora angloamericana residente en la Toscana, anotó ese mismo día cómo llegó la noticia a través de la radio:
3 de septiembre
El largo suspenso ha terminado: tropas británicas y canadienses del Octavo Ejército desembarcaron esta mañana en Reggio, Calabria. La invasión del continente ha comenzado. Escuchamos la noticia por la BBC a las ocho de la mañana, y el boletín italiano la confirmó a la una de la tarde.
Si deseas saber más, lee War in Val d'Orcia: An Italian War Diary, 1943-1944 [Guerra en Val d’Orcia: un diario de guerra italiano, 1943-1944], de Iris Origo.
El desembarco en Calabria no tuvo la violencia inmediata que muchos podían asociar con una invasión anfibia. Su importancia estuvo en otra parte: en haber trasladado la guerra al continente italiano, en haber confirmado que Sicilia ya era una base de partida y en haber obligado a todos los actores —alemanes, italianos y aliados— a moverse dentro de una incertidumbre cada vez más peligrosa.
Para los soldados que cruzaban el estrecho, la jornada podía parecer una entrada casi sin oposición. Para los mandos aliados, era una pieza dentro de una operación mayor. Para quienes escuchaban la radio desde el interior de Italia, era la señal de que el largo suspenso empezaba a romperse. El 3 de septiembre de 1943, la guerra llegó por tierra firme a Italia, pero lo hizo acompañada de un secreto que todavía no podía decir su nombre.

Un semioruga y un cañón antitanque de 6 libras son descargados desde una lancha de desembarco en Reggio, Italia, el 3 de septiembre de 1943, durante la Operación Baytown. (Imperial War Museums, NA 6204 / War Office Second World War Official Collection).

Un soldado británico pasa junto a una inscripción fascista “Viva Il Duce” en Reggio, el 3 de septiembre de 1943, durante la entrada aliada en Calabria. (Imperial War Museums, NA 6230 / War Office Second World War Official Collection).

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