La Luftwaffe al límite de sus fuerzas

La Luftwaffe alemana estaba al límite de sus recursos en la Unión Soviética. En la imagen, tres bombarderos Heinkel He 111 en formación sobre los vastos campos de la Rusia soviética, en 1941.

La campaña en la Unión Soviética se había convertido en una guerra desgastante para los alemanes, marchas agotadoras, dificultad en los suministros al final de una línea que se extendía por cientos de kilómetros y un enemigo que estaba combatiendo con ferocidad, Barbarroja era una campaña de aniquilación.

 

Los alemanes habían confiado en que sus tácticas de guerra relámpago les darían la victoria en un corto tiempo, pero el cambio en las prioridades de la campaña por parte de Hitler, provocó que los generales alemanes empezaran a perder la confianza en las decisiones militares del dictador alemán.

 

Parte primordial de la táctica germana era la Luftwaffe, el brazo aéreo del ejército. El mariscal de campo Albert Kesselring, quien sentía que las fuerzas en Rusia no contaban con el apoyo aéreo suficiente por falta de elementos, recordó, una vez más, el tremendo desgaste que los alemanes estaban experimentado:

Una formación de Junkers JU87 “Stukas”, bombarderos en picado volando sobre Nowgorod, en la Unión Soviética.

El combate culminó en la batalla del cerco de Smolensk (desde mediados de julio hasta principios de agosto), la cual resultó en una gran victoria (otra vez más de 300,000 prisioneros), pero tampoco fue decisiva. Si hubiéramos sido capaces de cerrar la brecha al Este de Smolensk, el resultado hubiera sido decisivo, pero las sugerencias urgentes hechas por Göring y yo cayeron en oídos sordos. En el curso de unos cuantos días, fuerzas enemigas considerables fueron capaces de, principalmente de noche, filtrarse a través de una estrecha abertura de unos pocos kilómetros, en medio de la cual corría un arroyo en un valle pequeño, cuya cobertura del suelo ocultaba sus movimientos. Si nuestros aviones de ataque terrestre hubieran logrado tener éxito de día restringiendo estas filtraciones mediante ataques incesantes, los rusos no hubieran sido capaces de tomar buena ventaja de las horas de oscuridad, estimo que más de 100,000 de ellos escaparon para formar el núcleo de nuevas divisiones. El fracaso para eliminar estas fuerzas más tarde -simplemente recuerdo las costosas batallas en la saliente de Jelnia entre el 30 de julio y el 5 de septiembre- no podía recaer en las tropas alemanas o sus comandantes. Nuestras divisiones, incluyendo la Luftwaffe, estaban simplemente sobrecargadas, al límite de sus fuerzas y lejos de sus centros de abastecimiento.

 

Así que la palabra era: marchen y combatan, combatan y marchen, por casi un mes y medio para una profundidad de 800 kilómetros, en parte con las inclemencias del clima; batallas frontales con fuerzas retrocediendo y con nuevas divisiones rusas traídas desde las áreas de retaguardia, batallas por las segundas y terceras olas de ejércitos alemanes, con tropas rusas atrapadas en cercos grandes o pequeños, con bandas de guerrilleros que ahora hacían su aparición con fuerzas mayores y con los aviones de ataque a tierra a baja altitud, efectivamente blindados, que aparecían en una sola formación con fuerza de vuelo. Cualquier esperanza normal de ser extraído de la línea para un descanso, si acaso uno breve, o para un reequipamiento normal, eran sólo ilusiones.

Si deseas saber más, lee “The Memoirs of Field-Marshal Kesselring” [Las memorias del Mariscal de campo Kesselring], de Albert Kesselring.

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