En la mañana del día 30 de septiembre de 1942, Stukas alemanes procedieron a bombardear posiciones británicas y convoyes de transporte, ellos estaban protegidos bajo el paraguas de los aviones del grupo III/JG 53. Entre esos aviones se encontraba el avión Messerchmitt Bf109-G del Hauptmann Hans-Joachim Marseille, cuyas victorias en el desierto occidental le habían ganado el sobrenombre de La Estrella de África.

A las 10:47 horas, el Staffel 3 finalmente despegó, dirigido por Marseille. Eran ocho en total y estaban proporcionando cobertura superior para los Stukas. Tres minutos más tarde, 15 aviones del III Gruppe siguieron a la comitiva, ofreciendo mayor protección por adelantado de las formaciones principales. A los pocos minutos otros diez Bf109 adicionales del III/JG 53 despegaron para proporcionar escolta directa.

 

El Kommodore Neumann dirigió esta misión desde el puesto de mando y guió al Staffel de Marseille a través del enlace tierra-aire para realizar una intercepción de un grupo de cazas británicos que había sido avistado al sur de Imayid en curso oeste. Mientras el Staffel de Marseille avistó a este enemigo, un poco más tarde los aviones británicos se volvieron hacia el norte y se rehusaron a aceptar el combate. Cerca de Abu Dweis el grupo III/JG 27 contactó al enemigo y un avión fue derribado.

Durante esta misión, Marseille estaba volando un avión completamente nuevo. Era un modelo Bf109-G. Su Staffel no había hecho contacto con el enemigo y regresó después de que los Stukas habían dejado caer sus bombas. A las 11:30 horas el receptor en el puesto de mando Geschwader crepitaba con vida. Entonces, una voz sonó claramente:

La Estrella de África se apaga

Hans-Joachim Marseille en su vehículo oficial, un Kubelwagen apodado “Otto”. El día anterior a su muerte, Marseille había rechazado la invitación de Erwin Rommel para acompañarlo a un evento con Hitler, Marseille le dijo: “he tenido demasiadas ausencias, mi equipo me necesita… además, tengo otra razón por la que no puedo ir, quiero pedir permiso en Navidad para ir a Berlín porque voy a casarme”. Rommel sonrió y le dijo: “Si piensas más en el matrimonio que en el Führer, que Dios los bendiga a ambos” y le permitió permanecer en el Norte de África. Unas horas más tarde, Marseille yacería tendido en la arena del desierto occidental sin vida.

¡Mi motor se está incendiando!

¿El motor de quién está en llamas?”, preguntó el operador de radio. “¿Qué es lo que sucede? Cambio.

Era Marseille que se estaba reportando: ‘desde Elba 1 -hay mucho humo en la cabina, no puedo ver nada’.

Una mirada al mapa le dijo a Eduard Neumann que el Staffel todavía tenía que recorrer alrededor de cinco minutos para llegar a las líneas alemanas.

Los pilotos regresando vieron como el humo se hacía cada vez más y más espeso del motor del nuevo avión de Marseille.

Tres minutos más, Jochen, llamó Schlang a su compañero. “Te guiaremos”.

Volaron alrededor de Marseille en una formación cerrada, cubriéndolo de cualquier tipo de intrusión. Schlang y Pöttgen lo guiaron por voz mientras Marseille hacía las correcciones necesarias en su trayectoria de vuelo. Parecía ser un ritual perfectamente inofensivo llevando casa a salvo a un colega y amigo.

Eran las 11:35 horas. Schlang y Pöttgen continuaron con sus esfuerzos. Se escuchó el grito de Marseille “¿Todavía no estamos encima de nuestras propias líneas?” Había un dejo de urgencia en su tono.

 

Sólo dos minutos más, Jochen”, fue la respuesta de Pöttgen. Desde una distancia de sólo unos pocos metros ellos vieron el blanco rostro pálido de su compañero a través de la nube de humo. Schlang gritó: “Elba 1, mantente un poco más a la derecha”. Marseille se inclinó, enderezándose para tomar el curso correcto. Entonces se escuchó la voz del Kommodore del Geschwader, él ya no podía mantenerse a sí mismo: “¿Lo lograrás, Elba 1? ¡Sal ahora!” No hubo respuesta de regreso.

El avión de Marseille iba más y más a la deriva. A continuación, el grupo llegó a la mezquita blanca de Sidi Abdel Rahman. Habían llegado a las líneas alemanas.

“Tengo que salir ahora”, dijo Marseille, “No puedo soportarlo más”.

Estas fueron las últimas palabras que sus colegas escucharon de él. A medida que los dos aviones de escolta se alejaron más a la izquierda y a la derecha, Marseille puso su avión nuevo a medio tonel en su espalda, con el fin de estar en una posición más favorable para el salto. Entonces, la cabina salió volando mientras Schlang y Pöttgen observaban como una figura emergió del humo. Marseille fue arrastrado inmediatamente por la corriente de aire, torciéndose ligeramente -como si le hubieran dado un puñetazo-. Los dos pilotos comenzaron a realizar un apretado círculo para vigilar y proteger a su compañero mientras caía a la deriva.

“Jochen está fuera”, se escuchó la voz de Pöttgen con alivio. Entonces una voz fuerte gritó:

“¡El paracaídas!” Gritó Schlang con horror.

El cuerpo de su compañero caía a tierra, pero la flor blanca del paracaídas nunca se abrió. Eran las 11:36 horas cuando una serie de gritos emanaron del receptor. Ellos estaban tan llenos de conmoción que todos los que estaban presentes contuvieron la respiración.

Entonces una voz quebrada se escuchó: “¡Jochen ha muerto!”

En el puesto de mando, los auriculares cayeron de la mano del Kommodore Neumann. Miró a los ojos incrédulos de sus hombres y sólo pudo asentir con la cabeza. Luego caminó rígidamente hacia fuera.

Marseille había saltado cuando su avión descendió abruptamente unos 200 metros. Su paracaídas no se abrió. Cayó en una posición casi horizontal y golpeó la tierra del desierto boca abajo.

 

El cuerpo sin vida, destrozado, del Águila de África yacía postrado en la arena. De tal manera había vencido a 158 enemigos y ahora fue víctima de sí mismo, no siendo vencido por el enemigo.

 

El doctor Oberarzt Bick, el médico del 115º Regimiento de Granaderos Panzer, vio la caída de un piloto de combate alemán en la mañana. Se lanzó en su coche oficial y corrió al lugar del accidente. Él fue el primero en encontrar al piloto muerto a pocos metros de los restos de la aeronave. A continuación Se encuentra el informe que presentó el Panzerarmee Afrika:

Los restos del Messerschmitt Bf109 G de Hans-Joachim Marseille. El nuevo modelo presentó fallas después de una misión de escolta de Stukas para bombardear posiciones británicas en el Norte de África, en la mañana del 30 de septiembre de 1942.

El piloto estaba sobre su estómago como si estuviera dormido. Sus brazos estaban escondidos debajo de su cuerpo. Al acercarme, vi un charco de sangre que había sido expedido desde el lado de su cráneo aplastado, la materia cerebral estaba expuesta. Entonces me di cuenta de la horrible herida encima de la cadera. Con certeza, esto no podría haber venido de la caída. El piloto debió haberse estrellado contra el avión al saltar.

Si deseas saber más, busca el título “German Fighter Ace Hans-Joachim Marseille: The Life Story of the Star of Africa” [El as de caza alemán Hans-Joachim Marseille: la historia de vida de la Estrella de África]. de Franz Kurowski.

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