Phyllis Briggs era una enfermera en la Malaya británica al inicio de la guerra en diciembre de 1941. Había estado al cuidado de Arthur Scarf, mientras este agonizaba en el hospital Alor Star, después de su desafiante misión solitaria para bombardear a los japoneses.

 

Después de un viaje difícil al sur de Singapur, ella se encontraba trabajando en un hospital de nueva cuenta. El 31 de enero, los japoneses llegaron al borde de la península malaya y, con ello, la batalla final por la isla de Singapur estaba por iniciar.

 

Singapur se encontraba ahora bajo bombardeos más frecuentes y la población civil era la que llevaba la peor la parte:

Se intensifican los bombardeos en Singapur

Una mujer malaya llora la pérdida de un niño durante uno de los bombardeos que efectuaban los japoneses sobre Singapur, durante los cuales murieron miles.

Me pidieron que trabajara en el hospital de Kandang Kerbau y me mudé a los alojamientos de las monjas con mis pocas pertenencias. En tiempos normales era una maternidad, pero se estaba utilizando ahora para las víctimas de los ataques aéreos. Empecé trabajando en el ala de resucitación. Ésta estaba inundada de malayos, chinos e indios, todos ellos traídos directamente desde las calles. Muchos ya estaban muertos, otros estaban muriendo. Para estos casos sin remedio les dábamos grandes dosis de morfina y anotábamos la cantidad aplicada en una banda que colocábamos en sus frentes. Aquéllos con alguna oportunidad de recuperación eran enviados a otras salas que tenían camas donde pudiera encontrárseles una cama.

 

Me pusieron a cargo de la sala de cirugía de emergencia. Estábamos terriblemente ocupados y los doctores operaban día y noche –el señor Laurie, Eliot Fisher y el doctor Shields-. Trabajar para ellos era espléndido y todos nos llevábamos bien. Al principio solíamos colocar a los pacientes debajo de las camas durante los bombardeos, pero luego se volvió imposible cuando los ataques se tornaron frecuentes.

 

Para este momento los hombres, mujeres, niños y los soldados estaban siendo admitidos a las mismas salas y algunos eran colocados en el piso. Durante los ataques muchos chinos brincaron a los desagües de monzones que se encontraban a los costados de la carretera y se colocaban con sus cabezas hacia abajo y el trasero hacia arriba –como resultado de esto muchos chinos fueron traídos al hospital con heridas de metralla en sus glúteos-.

 

Algunos de los pacientes tenían heridas infectadas, llenas de gusanos. Era la única cosa que me hizo sentir realmente nauseabunda. Una mujer china tenía la mitad de su cara destrozada. Nunca he olvidado su mirada suplicante. Gusanos enormes le salían de lo que quedaba de su nariz.

 

El 31 de enero la calzada fue volada en pedazos, ya que los japoneses habían alcanzado el sur de Jahore. Era muy difícil obtener descanso durante la noche debido a que los bombardeos y explosiones hacían mucho ruido. Todos nos encontrábamos muy deprimidos y la gente estaba siendo evacuada de Singapur por cualquier barco que estuviese disponible –la mayoría de ellos se dirigían a Australia-. Los cañones se escuchaban cada vez más cerca y algunos casos de quemaduras terribles fueron traídos desde el buque Empress of Asia [Emperatriz de Asia].

Si deseas saber más, visita el sitio BBC People’s War [La guerra de la gente de la BBC].

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