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Los estadounidenses cobran impulso en Midway

El USS Yorktown (CV-5) es impactado en el centro, del lado de puerto, por un avión torpedero japonés Tipo 91, en el ataque a media tarde de las aeronaves del portaaviones Hiryu durante la Batalla de Midway, el 4 de junio de 1942. El Yorktown se escora a babor y se observa con una perspectiva diferente que en otras fotografías tomadas desde el USS Pensacola (CA-24), lo que indica que este es el segundo de los dos impactos de torpedo que recibió el portaaviones. Nótese el fuerte fuego antiaéreo.

La batalla del Mar de Coral pudo haber sido un impasse, pero para los japoneses el resultado decepcionante no pareció ser de crítica importancia. Aunque la invasión de Australia mediante la captura de Puerto Moresby tuvo que ser pospuesta, Japón no tenía intenciones de abandonar su meta y cualquier otro objetivo necesario para lograr la victoria.

 

El almirante Yamamoto tenía un plan con el cual estaba seguro atraería a los portaaviones enemigos a su destrucción y así acabar con la esperanza estadounidense de ganar la guerra en el Pacifico. Yamamoto había decidido atacar la isla de Midway.

 

Midway estaba a sólo a 1,800 kilómetros de Oahu, por lo que Yamamoto había juzgado que su adversario, el almirante Nimitz, no estaría dispuesto a tolerar una base japonesa tan incómodamente cerca de Pearl Harbor, Nimitz tendría que enviar sus portaaviones apresuradamente y allí, Yamamoto los aniquilaría con una armada de una magnitud sin precedentes. Un nuevo acorazado, el Yamato, con un desplazamiento de más de 70,000 toneladas -el más grande de toda la guerra- haría su debut como el buque insignia de una flota de cuatro portaaviones, once acorazados y unos 200 navíos más, incluyendo cruceros, destructores, tanqueros y transportes de tropas llevando una fuerza de asalto de 5,000 hombres.

 

Tan sólido como el plan de Yamamoto parecía, tenía una debilidad fundamental: el éxito de toda la operación dependía de que el almirante Nimitz reaccionara precisamente como los japoneses predecían, que a su vez dependía de que los detalles del plan se mantuvieran en secreto. Pero gracias a que los estadounidenses habían descifrado los mensajes secretos de los japoneses, Nimitz no podía estar mejor informado acerca de las intenciones japonesas. Para mediados de mayo, Nimitz sabía de los propósitos generales de su adversario y, antes del final del mes, su personal de inteligencia había deducido los pormenores del plan, incluyendo el ataque de distracción a las islas Aleutianas y la hora en que Yamamoto había decidido que comenzara el ataque sobre Midway: a las 0600 horas del 4 de junio.

 

El ataque de los aviones estadounidenses sobre los portaaviones japoneses fue visto por el comandante Fuchida, quien había encabezado el ataque sorpresivo a Pearl Harbor; Fuchida se estaba recuperando de una operación de apendicitis de emergencia, pero pudo levantarse y subir a la cubierta del Akagi para observar el curso de la batalla:

A las 0705 un clarín sonó, “¡Ataque aéreo!” y todos los ojos en el puesto de mando de vuelo se volvieron hacia el cielo sureño. Logré levantarme para echar un vistazo y me di cuenta que se había vuelto un día hermoso. Había una cubierta densa de nubes a unos 6,000 pies, pero el aire estaba claro y la visibilidad era buena.

 

Un destructor en la sección delantera de nuestra formación anular repentinamente izó una bandera de señal, “¡Aviones enemigos a la vista!” Emitiendo una nube de humo negro para acentuar la advertencia, abrió fuego con sus cañones antiaéreos. Pronto vimos cuatro aviones aproximándose a 20 grados a babor. Parecían aviones torpederos, pero antes de que pudieran acercarse lo suficiente para permitir la confirmación, nuestros cazas se habían abalanzado sobre ellos y derribaron a tres, provocando fuertes aclamaciones a todo mi alrededor. El último avión desistió del ataque y se retiró con nuestros Zeros en persecución.

 

Un momento después se escuchó un vigía desde lo alto del puente: “Se aproximan seis aviones medianos desde bases en tierra, 20 grados a estribor. En el horizonte”. Examinando el cielo a estribor, bastante seguro, vi los aviones enemigos volando en una sola columna. Parecía como si el enemigo hubiera planeado un ataque convergente desde ambos flancos, pero afortunadamente para nosotros no estuvo sincronizado.

 

Siguiendo a los destructores encabezando, nuestros cruceros abrieron fuego. Luego el acorazado Kirishima, a estribor del Akagi, soltó sus baterías principales sobre los atacantes. Continuaron aproximándose, volando bajo sobre el agua. Explosiones negras de fuego antiaéreo florecían a todo su alrededor, pero ninguno de los atacantes se fue abajo. Al tiempo que los cañones del Akagi comenzaron a disparar, tres Zeros enfrentaron nuestra propia barrera antiaérea y se fueron en picada sobre los norteamericanos. En un momento, tres de los enemigos se prendieron en llamas y se fueron al agua, levantando columnas altas de humo. Los tres aviones restantes siguieron su trayecto con valentía y finalmente soltaron sus torpedos. Libres de su carga, los aviones atacantes viraron agudamente a la derecha y se retiraron, excepto por el avión a la cabeza, que sobrevoló justo encima del Akagi, de estribor a babor, casi rozando el puente. La estrella blanca en el fuselaje del avión, un B-26, era claramente visible. Inmediatamente después de pasar el barco, explotó en llamas y se fue al mar. Cerca de este momento, varios torpedos pasaron a babor del Akagi, siguiendo sus estelas blancas pálidas. Akagi había maniobrado tan hábilmente que ningún torpedo había hecho impacto y todo el mundo dejó escapar un profundo suspiro de alivio.

Los portaaviones estadounidenses habían obtenido una gran victoria, tres de los cuatro portaaviones japoneses habían sido impactados: el Akagi, el Soryu y el Kaga, los cuales fueron tan gravemente dañados que finalmente serían abandonados y echados a pique. En el segundo ataque, al final del día, se encontró al último de los portaaviones japoneses, el Hiryu, el cual también fue acabado por los aviones estadounidenses. No obstante el éxito de la acción, el costo fue alto para los Estados Unidos, la mayor parte de los escuadrones de bombarderos torpederos TBD fueron aniquilados (61 de un total de 69 aviones) y el portaaviones USS Yorktown fue bombardeado, torpedeado y al final hundido por un submarino japonés.

A pesar de las pérdidas, la historia daría testimonio de esta victoria decisiva para la Marina de los Estados Unidos; fue un momento crucial en la guerra en el Pacífico, debido a que la flota japonesa quedó sumamente debilitada y de cuyo golpe jamás se volvió a recuperar.

Si deseas saber más, lee “Midway: The Battle That Doomed Japan, the Japanese Navy's Story” [Midway: la batalla que condenó a Japón, la historia de la Marina japonesa], de Mitsuo Fuchida y Masatake Okumiya.

Douglas TBD-1 Devastators del Escuadrón de Torpedos 6 (VT-6), de la Marina de los Estados Unidos, desplegando sus alas en la cubierta del USS Enterprise (CV-6), antes de lanzar un ataque contra cuatro portaaviones japoneses en el primer día de la Batalla de Midway. Formado como VT-8S en 1937, la escuadra fue rebautizada VT-6 en ese mismo año. Con la entrega de su primer avión TBD-1 en 1938, el escuadrón operó desde el USS Enterprise (CV-6). Tras la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, el VT-6 participó en ataques relámpago contra las Islas Marshall y la isla de Wake. En la mañana del 4 de junio de 1942 fue lanzado en contra de la flota de portaaviones japoneses durante la batalla de Midway; el escuadrón perdió diez de sus catorce aviones durante el ataque.

El combate no fue del todo a favor de la Marina de los Estados Unidos. En la imagen se aprecia el USS Yorktown en llamas, tras ser alcanzado por bombarderos japoneses en la mañana del 4 de junio de 1942. Los equipos de control de daños fueron capaces de poner las cosas bajo control en tan sólo una hora. Cuando la segunda oleada de aviones japoneses llegó, ellos creyeron que ya se había hundido y pensaron que estaban atacando a otro portaaviones estadounidense.

El portaaviones japonés Hiryu en llamas, fotografiado por un avión del portaaviones Hosho poco después del amanecer, el 5 de junio de 1942. El Hiryu se hundió unas pocas horas después. En la imagen se observa como la cubierta de vuelo se derrumbó sobre el hangar delantero.

La película ganadora de un Oscar del director John Ford cubriendo el ataque a Midway, quien se encontraba en la isla durante quizá la más famosa batalla del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial. El combate ocurrido entre el 4 y el 6 de junio de 1942 fue filmado y capturado en imágenes por un grupo de fotógrafos de guerra navales dirigidos por Ford, su material fílmico fue editado y le fue agregada la narración de actores de Hollywood. Una interesante película de propaganda que muestra escenas del ataque a la isla, una cantidad limitada de acción aérea, la búsqueda de sobrevivientes y las consecuencias posteriores del enfrentamiento.

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