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Crece la esperanza polaca

El buque de pasajeros SS Athenia hundiéndose tras ser torpedeado por el submarino alemán U-30. El incidente fue encubierto por las altas autoridades nazis, quienes aún creían que podían negociar la paz con Inglaterra y Francia. 

Dawid Sierakowiak era un judío que vivía en Lódz, Polonia; tenía catorce años y, en junio de 1939, unos meses antes del estallido de la guerra, comenzó a escribir un diario que sería encontrado al liberar el gueto de Lódz, metido en una estufa, a punto de ser quemado para calentar la habitación donde fue hallado.

Al estallar la guerra el 1 de septiembre de 1939, Sierakowiak poco imaginaba cuál era el sombrío destino que le esperaba. Durante los primeros días de la guerra, la información corría vertiginosamente de un lado a otro, y la población polaca esperaba que muy pronto las fuerzas francesas y británicas vinieran en su apoyo. Esto nunca ocurriría:

Lunes, 4 de septiembre, Lódz

 

Por la noche tuvimos dos alarmas. Estaba terriblemente frío. Todos nos reunimos en el refugio, dándonos calor el uno al otro mientras dormíamos.

 

Nadzia llegó de Glowno. Toda esta historia de la guerra está empezando a cansarme y aburrirme. Por la mañana dormí hasta las diez.

 

Después de una noche fría, el día comienza agradable y soleado. Una vez más, después de la tercera alarma, nos llegan noticias optimistas pero indignantes de que los alemanes han torpedeado un buque de pasajeros británico que transportaba a varios ciudadanos estadounidenses ricos e influyentes. ¡Ochocientas personas murieron! ¡E incluso antes de recibir esta información, Roosevelt había anunciado que los Estados Unidos no se mantendrían neutrales! ¿Qué dirá ahora?

 

Hoy todas las alarmas pasan tranquilamente. No tengo nada que hacer excepto ir al cuartel general a escuchar la radio. Nos sentamos, conversamos, flirteamos… Escuela el lunes por fin.

El buque de pasajeros al que Sierakowiak se refiere era el SS Athenia, que el 3 de septiembre fue el primer buque torpedeado de la Segunda Guerra Mundial. El submarino alemán U-30, comandado por Fritz Lemp, quien, a pesar de que Hitler había dado órdenes estrictas de no hacer fuego contra barcos que no fueran de guerra, disparó tres torpedos contra la nave, que lentamente comenzó a inclinarse. El buque llevaba 1,100 pasajeros con destino a Canadá y entre ellos 311 estadounidenses que regresaban de Inglaterra, huyendo de la guerra que acaba de declararse. El número de víctimas ascendió a 118 —no a 800, como señala Sierakowiak—.

El incidente fue encubierto por los nazis, ya que Hitler aún esperaba negociar la paz con las potencias occidentales por la vía diplomática.

Si quieres saber más, lee “The Diary of Dawid Sierakowiak: Five Notebooks from the Lódz Ghetto” [El diario de Dawid Sierakowiak: cinco cuadernos del gueto de Lódz], editado por Alan Adelson.

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