Encuentro cara a cara con el enemigo

Motociclista alemán sobre un tanque KV-1 en el camino a Yartsevo, en la Unión Soviética, en 1941.

El segundo mes de la Operación Barbarroja estaba siguiendo su curso y la promesa de Hitler de destruir al Ejército Rojo en unas cuantas semanas, capturar Moscú y alcanzar el Volga no había sido cumplida. Sin embargo, el peligro y amenaza para la Unión Soviética no había disminuido.

 

Mas la profecía que la campaña rusa sería una de total aniquilación estaba resultando ser cierta, ambos lados estaban sufriendo grandes bajas, no había cuartel para el enemigo, caer prisionero en cualquier de los bandos no era mejor que morir en el campo de batalla, tan solo a veces prolongando la misma suerte.

 

Hans von Luck describe con gran detalle, desde la óptica de un testigo objetivo, la realidad de una campaña diferente a cualquier otra en que los alemanes habían participado:

Soldados rusos conversando durante una pausa mientras aguardan instrucciones en su tanque. En la imagen se aprecia la torreta de un tanque ruso T-50.

Las batallas por Yartsevo parecieron prolongarse más de lo esperado. La guerra relámpago parecía haberse acabado. Con pérdidas considerables, finalmente pudimos abrirnos paso. Desdichadamente, entre aquellos que cayeron se encontraba el comandante de nuestro batallón de motocicletas y ahora tuve que asumir el mando de este también. Ahora yo era aún más los ojos y oídos de la división, con cuatro compañías de soldados veteranos motorizados bajo mi mando.

 

La resistencia se volvía cada vez más dura. Los rusos ahora aparecieron con el tanque T50, que estaba mucho mejor armado y blindado. Para ponerlo fuera de combate teníamos que utilizar los cañones de 88mm. Vyazma permaneció siendo nuestro objetivo. Antes de eso, teníamos que conquistar el curso superior del Río Dnieper.

 

Hacía mucho calor en esos días de agosto, pero el calor seco continental era bastante soportable; que era sólo era una dificultad para la infantería yendo a pie.

 

Mientras el grueso de la división combatía por su lento avance, mi trabajo era reconocer al norte y noreste en nuestro flanco izquierdo abierto. Hasta ese momento no había un frente continuo. Las divisiones de tanques habían empujado hacia adelante como cuñas y dejaron sus flancos expuestos. Fuimos a través de terrenos sin caminos con algunos asentamientos y a través de bosques interminables. Los caminos eran simplemente senderos para carruajes tirados por caballos.

 

Una vez, cuando iba a pie buscando por una ruta para ir alrededor de un puente impasable, me encontré cara a cara con un soldado ruso. Él estaba parado al lado de un árbol y aparentemente quería que nosotros lo capturáramos. Pero entonces, como si fuera en cámara lenta, lo vi levantar su arma y apuntarme con ella. Pensé “ya sea él…o”, cogí bruscamente mi ametralladora y fui el primero en disparar. El ruso perdió su arma y cayó al suelo. Cuando llegué a él, todavía estaba vivo, pero no por mucho tiempo. Nunca olvidaré sus ojos. Estaban llenos de cuestionamientos “¿Por qué?” Por primera vez aquí se hizo claro para mí que el “tú o yo” era decisivo. En esto no había lugar para sentimientos. Pensé, sólo por unos momentos, que este joven ruso también tenía una madre y familia. Tuve que dejarlo allí, como tantos que habían sido dejados en ambos lados, con nadie que pudiera cuidar de ellos.

Si deseas saber más, lee “Panzer Commander: The Memoirs of Colonel Hans von Luck” [Comandante de tanques: las memorias del coronel Hans von Luck].

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