Bombarderos rusos derribados

Un conductor en el interior de un vehículo semioruga alemán, en la Unión Soviética, en agosto de 1941.

La ferocidad y la intensidad de la artillería soviética y ataques aéreos habían disminuido el avance de la Wehrmacht paulatinamente. Muchos soldados, a lo largo del frente ruso, estaban experimentando estas desagradables experiencias cada vez con mayor frecuencia.

 

Erich Hager, un radio operador en un tanque, mantuvo un diario registrando los eventos que se iban desarrollando durante la campaña en la Rusia soviética:

9 de agosto. Sábado.

 

Estoy enfermo. Infección en el pecho. Constantemente con el doctor. Difícilmente puedo moverme. No puedo recuperar mi aliento. Llovió toda la noche y temprano por la mañana. Frío intenso. Vamos por ahí con nuestros abrigos puestos. Nos formamos, luego hay un ejercicio para el asalto ya que el grupo de batalla no está aquí. El tanque de Ferdinand se ha descompuesto.

 

Escribo cuatro cartas. A las 19:00, llegan 9 bombarderos rusos y todos son derribados por nuestros pilotos de cazas ante nuestros propios ojos. Fue como si todos ellos se hubieran desplomado como en una bola de fuego. También un cazabombardero a la distancia. Hoy cocinamos Schnitzel [milanesa] simples como cada tarde, sólo para los 6 de nosotros. Bastante delicioso, por supuesto. Nos retiramos a dormir en una nube de Schnaps.

Si deseas saber más, lee “The War Diaries of a Panzer Soldier: Erich Hager with the 17th Panzer Division on the Russian Front 1941-1945” [Los diarios de guerra de un soldado de tanques: Erich Hager com la 17ª División Blindada en el Frente ruso], editado por David Garden y Kenneth Andrew.

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