Después del hundimiento del U-701 el 7 de julio de 1942, a unos 50 kilómetros de Cabo Hatteras, los hombres de la tripulación del submarino que lograron escapar contaban con tres respiradores auxiliares y un chaleco salvavidas.

 

El avión que los había atacado, un Lockheed A-29 perteneciente al Escuadrón de Bombarderos 396 del Ejército de los Estados Unidos, pilotado por el teniente Harry Kane, había lanzado otros dos salvavidas y señales de humo flotantes. Aparte de eso, los sobrevivientes estaban completamente solos nadando en el mar.

Dos hombres decidieron intentar nadar a tierra y no se volvió a saber de ellos nunca más. Uno de los sobrevivientes no sabía nadar y se ahogó en el transcurso de la primera hora. El 8 de julio observaron varios aviones, aparentemente en busca de ellos, pero los hombres comenzaron a ahogarse en rápida sucesión. Luego, un buque de la Guardia Costera llegó a estar a tan sólo 200 metros de ellos. Aun así, no fueron localizados.

El Kapitänleutnant Horst Degen, comandante del U-701, recordaría después los eventos finales:

El calvario de los sobrevivientes del U-701

El hidroavión de la Guardia Costera PH-2 había amarizado para rescatar a los sobrevivientes del U-701; en la imagen, los sobrevivientes llegan al hidroavión PH-2 en la balsa que les fue lanzada previamente por un dirigible tipo K de la Marina de los Estados Unidos.

(9 de julio, 0300 horas) Con la llegada de la oscuridad, nos apretamos juntos para también poder sobrevivir de esta manera la segunda noche. Afortunadamente, el mar se había calmado. Hemos encontrado un limón y un coco. Cada hombre recibió un trago de leche de coco, un pedazo de la pulpa y todo el mundo tuvo la oportunidad de sorber el limón. ¡Tremendamente refrescante! Nuestra sed era horrible y las grandes cantidades de agua salada quemaban la boca, la nariz y el estómago. (El coco se abrió con el mayor esfuerzo de Vaupel, con la ayuda de la botella de oxígeno del respirador auxiliar).

(9 de julio, 0800 horas) En el transcurso de la noche, los siguientes se ahogaron: Leu, Michalek, Laskowski. Los tres hombres deliraban y gritaban terriblemente.

 

(9 de julio, 1100 horas) Al amanecer, mis fuerzas empezaron a abandonarme también. Me parece recordar vagamente que hablaba sin sentido y que Kunert trataba de mantenerme callado. Como el mar estaba todavía como un estanque, me mantuve realizando la práctica de desechar mi salvavidas, diciendo que iba a nadar hasta la orilla. Supuse que con algunas brazadas sentiría el fondo bajo mis pies y que sería capaz de pararme, pero cada vez intentaba esto me sumergía. Eso hacía que volviera en mí mismo y nadaba de regreso al salvavidas. Este hecho debió haber ocurrido muchas veces. Luego perdí el conocimiento. Me desperté como si hubiera estado dormido, cuando de repente escuché que alguien me llamaba. A unos 30 metros de distancia estaban sentados Kunert, Vaupel y Grotheer, viniendo hacia mí para tratar de subirme en un bote blanco de hule. Me subieron al bote mientras que Kunert estaba a punto de abrir una lata de piña con un cuchillo. De una lata que ya estaba abierta, Grotheer me dio tomates para comer y todo ocurría al mismo tiempo que un dirigible Zepelín volaba en círculos sobre nosotros. La situación era la siguiente: el dirigible nos había avistado y había arrojado el bote de hule al mar. Poco después, un saco de hule grande también fue lanzado. En este encontramos: un pequeño botiquín de primeros auxilios, 2 barras de pan blanco, una bolsa de agua. Todo esto ocurrió en las últimas horas de la tarde.

 

(9 de julio, 2100 horas) Como las aguas costeras son muy aceitosas, estábamos completamente cubiertos con una capa negra de petróleo. Ahora, mientras estábamos en el bote, el sol brillaba sobre nosotros y esto dio lugar a quemaduras de sol terribles.

(9 de julio) Alrededor de las 2300, un bote volador grande llegó y nos subió a bordo. Nos dieron agua y café caliente. Los cuatro de nosotros estábamos completamente acabados. Probablemente nunca olvidaremos esas 49 horas resistiendo a nado. Así escapamos de la “parca”, a quien ya le habíamos dado nuestra mano. El paraíso de los U-Boots estaba abierto ante nosotros y Kunert dijo que él ya estaba esperando el primer medio litro que le servirían allí.

Fuimos llevados al Hospital Naval en Norfolk, donde nos trataron con el mayor cuidado y atención y nos convirtieron en seres humanos una vez más. Allí nos encontramos con otros tres sobrevivientes:

 

Gefreiter (marinero, segunda clase) Seldte

Matrose (aprendiz de marinero) Faust

Gefreiter (marinero, segunda clase) Schwendel

 

No pude determinar la forma en que fueron salvados. Es dudoso que haya habido otras personas que fueran rescatadas. Nos dijeron que nos recogieron a 90 millas náuticas al norte del lugar donde se hundió el submarino (¡la corriente del Golfo!)

Si deseas saber más, visita U-Boat Archive.

Los sobrevivientes del U-701 son traídos a tierra a la Estación Naval Aérea (NAS) en Norfolk, Virginia.

El Mechanikersegefreiter Werner Seldte, sobreviviente del submarino U-701, después de su estancia en el Hospital NOB Norfolk, en los Estados Unidos.

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