Los alemanes ahora se estaban embarcando en la fase preliminar de su ofensiva de verano, lanzando un asalto de la península de Kerch y el sitiado puerto de Sebastopol, en la Crimea. Los ataques de bombarderos en picada devastaron a los defensores.

 

Aunque 170,000 soldados soviéticos cayeron prisioneros, Sebastopol se defendería por más de un mes y posteriormente recibiría el título de Ciudad Heroica.

 

Henry Metelmann, con sólo 19 años de edad, se había unido a una división Panzer en 1941, un nacionalsocialista entregado y miembro de las Juventudes Hitlerianas, iniciaba de nuevo su movilización hacia el Este:

Se renueva la ofensiva alemana en Crimea

Infantería alemana bombardea edificios en Sebastopol durante la operación Störfang, en junio de 1942. Los intensos bombardeos por ambos bandos dejaron a la ciudad y el campo marcados por meses de combate brutal.

Era el 9 de mayo de 1942 cuando comenzó el ataque sobre las posiciones rusas a lo largo de la entrada de la península de Kertsch. Durante toda la noche hubo mucho movimiento de tropas y actividad aérea desde muy temprano al amanecer. Incluso nuestros Ju 87 Stukas, con sus sirenas aullando, habían salido del retiro. Durante las semanas previas, poblaciones enteras habían estado activas cavando la ‘Trinchera Parpatsch’, una zanja antitanque de unos cuatro metros de profundidad y de ancho, que se extendía desde el Mar de Azov hasta la costa del Mar Negro. Su construcción había sido un logro de ingeniería enorme, pero no trajo ningún bien a los rusos. Fueron utilizados proyectiles especiales de artillería pesada para volar brechas a través de las cuales nuestros Panzers cruzaron con éxito y ahora estaban corriendo hacia el Este. Dejaron atrás de ellos tropas soviéticas totalmente desmoralizadas y desorganizadas.

 

Se aproximaba el mediodía cuando fue ordenada a nuestra unidad atravesar y tomar el avance frontal. La carnicería que pasamos fue horrible. Soldados rusos muertos yacían por todas partes y era difícil esquivarlos con nuestras orugas. Pensé en los caballos y elefantes y otros animales que nunca habrían pisado los seres humanos. Pasé un pequeño grupo de soldados heridos, sentados juntos, tratando de reconfortarse unos a otros, el horror que habían experimentado todavía mostrándose en sus rostros. Después del asalto inicial ahora encontramos poca resistencia y correr así nos hizo sentir una gran sensación a todos. Largas columnas de prisioneros estaban de vuelta, un gran número de ellos tenían rostros asiáticos. Mucha de nuestra infantería había subido a nuestros Panzers y semiorugas para trasladarse, pero rápidamente descendieron cuando nos aproximamos a un poblado y recibiendo fuego concentrado de infantería.

 

El nombre del poblado era Arma Eli y consistía de largas filas de chozas campesinas que se erigían sobre sus propios jardines. El terreno alrededor era plano, sin mucha cobertura de árboles. En el centro del poblado, en el cruce de dos calles anchas, se había colocado una fortaleza de tierra con paredes de unos tres metros de alto, alrededor de un círculo de un poco menos de 100 metros. Varios cañones antiaéreos estaban posicionados dentro de la fortaleza, lo que hacía riesgoso para la Luftwaffe realizar vuelos directos, y armas antitanque y nidos de ametralladora habían sido hábilmente atrincheradas en la pared tierra, lo que controlaba cualquier aproximación hacia ella. Iván había mostrado nuevamente cómo hacer buen uso de la tierra, mejor que nosotros los alemanes, que en general había crecido en ciudades.

 

Para mantener las cosas en movimiento, fue dada la orden para un rápido ataque de tanques sobre la fortaleza de tierra y, como uno de los nuestros conductores estaba teniendo problemas con sus ojos, yo tomé el mando del Panzer. Lo estrecho de la calle del poblado representaba que sólo éramos capaces de operar en una formación estrecha muy restringida y la calle por la cual estábamos retumbando ahora estaba a sólo 300 metros de la fortaleza. Yo estaba en la segunda línea siguiendo a los primeros cinco Panzers. Sintiéndonos confiados por nuestros logros abrumadores desde que habíamos penetrado la Trinchera Parpatsch, nuestro mando no se había molestado en ir a lo seguro y esperar a que nuestra artillería pesada suavizara el objetivo. ¡Qué error cometimos! Con mi propio Panzer disparando salvajemente con su cañón ruso de 7.62 cm., hubo un ruido ensordecedor que lo dominaba todo, al cual se agregó un horrible olor a quemado. A través de mi abertura estrecha tuve la oportunidad de observar un panorama general de cómo iban las cosas. Pero como resultó ser, Iván esperó pacientemente hasta que nos acercamos a su cerrado campo de tiro y entonces, sólo entonces, abrió fuego. Fue entonces cuando se soltó el infierno y, antes que realmente pudiera comprender, tres de los Panzers frente a mí estaban lanzando llamas y humo como antorchas ardientes. Nuestro ataque se detuvo desastrosamente. Con dificultades para escuchar de cualquier manera, no necesité orden alguna y actué más por instinto que sentido común cuando salvajemente di reversa para ponerme bajo la cubierta protectora de una choza. No podíamos hacer nada ahora más que esperar por nuestra artillería. Demasiados de mis amigos habían pagado con sus vidas y cuando observé a nuestros oficiales al mando ir en cónclave, reflexioné sobre su derecho de enviar a hombres jóvenes a sus muertes de manera tan irresponsable.

Si deseas saber más, lee “Through Hell for Hitler” [A través del infierno por Hitler], de Henry Metelmann.

Henry Metelmann con el rango de cabo, a los 19 años de edad. Fue enviado al frente en Rusia en una división Panzer.

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