Los alemanes entran en Krivoy Rog

Soldados alemanes con un cañón de campo de 105 mm, modelo 1918 leFH 18, en el cruce de la avenida Lenin y Karl Marx en Krivoy Rog, en la Unión Soviética.

Hitler había estado presionando porque la Crimea y Leningrado fueran capturadas a la brevedad posible, incluso dando prioridad a estas zonas sobre la capital rusa de Moscú. Para mediados de agosto los alemanes se encontraban a unos trescientos kilómetros de Sebastopol, en la península de la Crimea.

 

La zona de Ucrania era rica en granos y materia prima indispensable para el esfuerzo de guerra alemán, que estaba ya resintiendo la falta adecuada de suministros y refuerzos a casi dos meses del inicio de la campaña en la Unión Soviética, la cual se agravaba con la política de tierra quemada de los rusos.

 

Wilhelm Prüller, narra su experiencia al momento de entrar en la ciudad soviética de Krivoy Rog, en Ucrania:

14 de agosto de 1941

 

Otra vez estamos conduciendo en campo abierto y campos arados, el vehículo del oficial al mando va justo en medio de los tanques. La gente está parada con curiosidad frente a sus casas. Quizá ellos no pueden aceptar que los tanques alemanes ya están aquí y a tan temprana hora del día también.

 

A las 7:00 am estamos enfrente de Krivoi Rog, que se supone que sea la octava ciudad más grande de Rusia (?) Algunos civiles que hemos tomado nos dicen que los rusos dejaron la ciudad durante la noche. Una larga columna está rodando fuera de la ciudad hacia el Este, pero no nos molestamos por ellos porque queremos ocupar la ciudad.

 

Como escuchamos una cantidad de explosiones dentro, el oficial al mando decide (después de recibir la aprobación del oficial al mando del Regimiento) tomar la ciudad sin ninguna preparación previa de artillería, para salvar lo que pueda ser salvado. Los tanques avanzan por delante, nosotros en medio, seguidos de las compañías, sentados en vehículos.

 

La ciudad da una buena impresión y está intacta. Una hilera de chimeneas en las afueras de la ciudad y muchas fábricas parecieran sugerir una gran cantidad de industria. En los suburbios somos recibidos con flores, manos agitándose, “¡Heil!” y “¡Hurra!” ¿No es esto un mundo loco? En la ciudad misma, los habitantes nos saludan de una forma muy amistosa. Sólo unos cuantos disparos de partisanos interrumpen la buena recepción.

 

La parte principal de la ciudad tiene calles pavimentadas, ¡la primera vez que vemos algo así en nuestra querida Rusia! También algunas casas grandes, hoteles, tiendas departamentales, etc. Pero no tenemos tiempo ahora; primero debemos tomar posesión del puente que cruza el Río Ingulets y los puentes ferroviarios. Un puente de concreto ya estaba listo para ser volado y detonadores quemándose por todas partes, pero desdichadamente para los rusos, llegamos demasiado pronto, ya que el teniente Frankenfeld de la 6ª Compañía ya está arrancando las espoletas.

 

Ubicamos nuestro cuartel general en la calle principal en un hotel grande. Todo está vacío cuando lo investigo; sólo un civil está muy ocupado quitando las fotografías de Stalin, Voroshilov, etc., de las paredes y destruyéndolas.

 

Los civiles están arrastrando enormes paquetes de bienes saqueados; estaba tan mal que nos dieron un intérprete para que impedirles hacerlo. No creo que haga mucho bien. Una de las personas de la cárcel (a quien los rusos pusieron en libertad) está deambulando por las calles, ebrio y gritando. Lo mandé arrestar, pero para la tarde allí estaba otra vez, para el anochecer, cuando se hace muy estruendoso, le disparan.

 

Con orgullo y alegría escuchamos al anochecer un anuncio especial en la radio acerca de nuestra captura de la ciudad. Incluso si no hubo ningún problema real para tomarla, estamos muy complacidos de que hayamos sido nosotros quienes lo hicimos. Tuvimos un muerto y 4 heridos: sin ninguna pérdida comparada con la importancia del logro.

Si deseas saber más, lee “Diary of a German Soldier” [Diario de un soldado alemán], de Wilhelm Prüller.

Una anciana señala algo a soldados alemanes sentados en un sidecar, mientras algunos niños obervan con curiosidad lo que está ocurriendo.

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