Un observador de artillería en la Colina 107.5 observa la caída de las rondas de su batería. Esta colina - la más alta de Stalingrado – tenía forma de panal con las excavaciones y puestos de observación de innumerables observadores de artillería. Los cuidados eran necesarios porque el plan de fuego era muy intrincado. Los bombardeos se desplazaban de un blanco a otro. Cuando la infantería se trasladaba a otros puntos, la barrera de fuego cambiaba a una segunda línea y así sucesivamente.

En Stalingrado, después de cincuenta días de combate continuo, los alemanes estaban preparando un asalto devastador -al menos eso era lo que se esperaba-. Con el ataque se buscaba expulsar al enemigo de todos los rincones, de sótanos y ruinas, de fábricas y de la ribera del río.

 

Entretanto, las posiciones soviéticas estaban siendo martilladas continuamente por la artillería, aunque los logros de estos ataques eran mínimos. Los defensores de Stalingrado se rehusaban a rendirse; cada día el combate era más sangriento y encarnizado, pero los alemanes estaban obstinados en tomar la ciudad ostentando el nombre Stalin.

 

El teniente Adelbert Holl, al frente de una unidad en la 94ª División de Infantería, estaba llevando un registro detallado de los sucesos ocurriendo en Stalingrado... Ver Más

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