Patton desembarca bajo fuego en Gela

El teniente general George S. Patton observa las operaciones junto a miembros de su Estado Mayor durante la campaña de Sicilia. El 11 de julio de 1943 desembarcó en Gela desde el Monrovia y recorrió una cabeza de playa todavía bajo fuego alemán e italiano.
La invasión de Sicilia ya no era, para el 11 de julio, una operación vista desde los mapas de mando. Las playas estaban llenas de vehículos atascados, embarcaciones dañadas, municiones apiladas, puestos improvisados y hombres que trataban de sostener una cabeza de puente todavía frágil. En torno a Gela, el desembarco estadounidense había dejado de ser una llegada y se había convertido en una defensa.
El 7.º Ejército de George S. Patton tenía que consolidar su sector mientras las fuerzas alemanas e italianas intentaban empujar a los invasores de vuelta al mar. La División Hermann Göring y la División Livorno golpeaban los puntos más vulnerables del frente, mientras los Rangers de William O. Darby, la 1.ª División de Infantería, elementos de la 2.ª División Blindada y el fuego naval trataban de cerrar las brechas abiertas durante las primeras horas de la invasión.
En ese escenario, la presencia de Patton en tierra tenía algo más que un valor simbólico. El comandante del ejército no observaba la batalla desde una distancia segura: bajó a la playa, se movió entre puestos de mando, vio los tanques enemigos aproximarse a Gela y midió, casi paso a paso, la fragilidad de una operación que aún podía torcerse. Lo que para los mapas era una cabeza de playa, sobre la arena era una suma de caminos cortados, edificios bajo fuego, soldados confundidos y decisiones tomadas con muy poco margen.
La jornada queda registrada con una mezcla de cálculo militar, brusquedad personal y observación directa: vehículos destruidos, cañones enemigos, Rangers aislados, aviones sobre la playa, un buque Liberty que estalla frente a la costa y soldados cavando refugios en el lugar menos indicado. Desde esa mirada seca, impaciente y a veces mordaz, la batalla de Gela no surge como una escena ordenada de avance, sino como una lucha por impedir que la invasión fuera arrojada de nuevo al mar:
11 de julio de 1943
El general Gay, el capitán Stiller, yo y algunos soldados salimos del Monrovia en la barcaza del almirante a las 0900 y llegamos a la playa de Gela a las 0930.
De pie en la playa, observé dos DUKW destruidos por minas antipersonal y unas siete pequeñas lanchas de desembarco varadas. Mientras hacía estas observaciones, el enemigo abrió fuego con lo que probablemente era un cañón de 88 mm o de 105 mm. Los proyectiles cayeron en el agua a unas treinta yardas de la playa, pero no pudieron alcanzarla debido al desenfilamiento que ofrecía el pueblo.
Después de que a nuestro vehículo de reconocimiento se le retiró la impermeabilización, tenía intención de ir al Cuartel General de la 1.ª División, unas tres millas al sureste, por la carretera costera. Al entrar en Gela, vimos una bandera a la izquierda y decidimos pasar a ver al coronel W. O. Darby, que mandaba los Rangers. Esto fue muy afortunado, porque si hubiéramos seguido por la carretera nos habríamos encontrado con siete tanques alemanes, que en ese momento avanzaban por ella hacia el pueblo.
Al llegar al puesto de mando de los Rangers, el coronel Darby y el pueblo de Gela estaban siendo atacados desde el noreste por un número considerable de alemanes e italianos. Darby tenía una batería de cañones alemanes capturados de 77 mm, la Compañía “K” del 3.er Batallón del 26.º de Infantería, dos batallones de Rangers, una compañía de morteros químicos de 4.2 pulgadas y un batallón del 39.º de Ingenieros.
Estaba separado de la 1.ª División, a su derecha, por los siete tanques, que ahora se habían acercado a mil yardas del lado derecho del pueblo.
Subimos a un puesto de observación, a unas cien yardas detrás de la línea del frente, desde donde podíamos ver claramente al enemigo moviéndose por el campo, quizá a ochocientas yardas de distancia.
Darby tenía las carreteras patrulladas por grupos de tres semiorugas. Estos semiorugas, destinados no al combate sino a transportar equipo de ingenieros, funcionaron muy bien y molestaron mucho a los italianos, que, al parecer, no tenían artillería móvil con ellos.
El avance italiano pareció detenerse hacia las 1150, y volvimos al Cuartel General de Darby para averiguar qué estaba ocurriendo a la derecha, cosa que podíamos ver desde el pueblo de Gela.
Más o menos cuando llegamos allí, dos bombarderos Hurricane arrojaron bombas en el pueblo. Luego, la artillería alemana, al parecer cañones de 88 mm de uso múltiple, abrió fuego. Alcanzaron el edificio en el que estábamos dos veces y también abrieron un agujero en el techo del edificio de enfrente, pero nadie resultó herido, salvo algunos civiles. Nunca he oído tantos gritos.
Más o menos en ese momento, entró un oficial de la 3.ª División con diez tanques, tras haber recorrido la carretera costera desde Licata hasta Gela. También llegaron dos tanques del Combat Command “B”.
Le dije a Gaffey que cerrara la brecha entre Gela y la 1.ª División y que enviara una compañía de tanques para ayudar a Darby. Así se hizo. Darby contraatacó inmediatamente hacia su izquierda y capturó quinientos prisioneros. También destruimos los siete tanques al este de Gela.
…
La bolsa de tanques enemigos del día es, creo, de unos catorce. Yo he visto once.
Entonces decidí bajar a ver al general Allen y al general Gaffey. Mientras íbamos por la carretera, nos encontramos con Allen, que venía hacia nosotros, y nos detuvimos en una colina. Eran alrededor de las 1530. Mientras estábamos allí, aparecieron catorce bombarderos alemanes y fueron atacados por la artillería antiaérea. Salimos de la carretera, pero como esta era paralela a la línea de vuelo de los aviones enemigos, bastantes fragmentos de la artillería antiaérea cayeron a lo largo del camino. Un fragmento cayó, diría yo, entre cinco y diez yardas del general Gay y de mí. Durante este ataque vimos derribados dos bombarderos y otro avión más.
Después de esto subimos a nuestros vehículos y condujimos hasta el Cuartel General de la 2.ª División Blindada. Mientras estábamos allí, una batería alemana nos estuvo cañoneando, aunque no con mucha precisión; o bien la colina detrás de nosotros era demasiado alta para superarla, porque casi todos los disparos pasaron por encima. Acordamos que Allen y Gaffey tomaran el aeródromo de Ponte Olivo por la mañana.
Luego regresamos a Gela sin incidentes, salvo que creo que es bastante inusual que un comandante de ejército y su jefe de Estado Mayor recorran unas seis millas por una carretera paralela a los frentes de dos ejércitos y más o menos a la misma distancia de ambos.
De camino de regreso a Gela, por casualidad miraba al mar. De un buque de carga Liberty, que los alemanes habían bombardeado una media hora antes, salía humo. Ante nuestros ojos, una tremenda explosión lanzó nubes blancas y negras a varios miles de pies de altura. El barco fue literalmente partido en dos, pero al momento de escribir esto, unas seis horas más tarde, la mitad de popa seguía a flote. La mayoría, si no todos, de los militares a bordo, que sumaban solo ciento quince, se salvaron.
Mientras estábamos en la playa de Gela, esperando una lancha que nos llevara al Monrovia, vi la cosa más estúpida que jamás haya visto hacer a unos soldados. Había unas trescientas bombas de 500 libras y siete toneladas de proyectiles explosivos de 20 mm apilados en la arena y, entre las bombas y las cajas de municiones, esos soldados estaban cavando pozos de tirador. Les dije que si querían ahorrarle entierros al Registro de Tumbas, aquello era una buena manera de hacerlo; pero que, de lo contrario, más les valía cavar en otra parte.
Más o menos cuando terminamos de explicarles esto, dos bombarderos Hurricane llegaron y ametrallaron la playa, y todos los soldados saltaron de vuelta a los mismos agujeros que habían cavado. Seguí caminando de un lado a otro y pronto logré avergonzarlos hasta que se levantaron.
Regresamos al Monrovia a las 1900, completamente empapados. Este es el primer día de esta campaña en que creo que me gané el sueldo.
Si deseas saber más, lee War As I Knew It [La guerra como la conocí], de George S. Patton.
El relato de Patton muestra la batalla desde una altura extraña: la de un comandante que baja a tierra, pero que no deja de contar vehículos, distancias, cañones, tanques, rutas y brechas. No escribe como un soldado perdido en la playa ni como un observador distante. Su mirada va de un detalle mínimo —un vehículo al que le retiran la impermeabilización— a una escena inmensa: un buque partido en dos frente a Gela.
Aquel día, la cabeza de playa estadounidense resistió. No fue una resistencia limpia ni ordenada, sino una mezcla de fuego naval, artillería, improvisación, errores, miedo, disciplina y mando directo. Sicilia ya no era solo el siguiente paso tras África. Era tierra enemiga y el avance hacia el interior comenzaba con una advertencia clara: incluso después de desembarcar, el mar seguía demasiado cerca.

Hombres del 6.º Batallón, Durham Light Infantry, conversan con un paracaidista estadounidense en Avola, el 11 de julio de 1943. La imagen corresponde al avance británico en el sector oriental de la invasión de Sicilia, en paralelo a los combates estadounidenses en Gela. (Foto: Imperial War Museums, NA 4614).

Hombres del 2.º Seaforth Highlanders avanzan por una carretera cerca de Noto, el 11 de julio de 1943. La fotografía muestra el avance británico en el sureste de Sicilia mientras el 7.º Ejército estadounidense sostenía su sector alrededor de Gela. (Foto: Imperial War Museums, NA 4306).

El buque Liberty SS Robert Rowan explota frente a Gela después de ser alcanzado por bombarderos alemanes el 11 de julio de 1943. Patton vio desde la costa cómo una explosión lanzó nubes blancas y negras a miles de pies de altura y partió el barco en dos. (Foto: Naval History and Heritage Command).

El crucero USS Boise dispara contra posiciones enemigas cerca de Gela el 11 de julio de 1943. El fuego naval aliado fue decisivo para contener los contraataques alemanes e italianos contra la cabeza de playa estadounidense durante las horas críticas posteriores al desembarco.

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