Al principio de la ofensiva alemana en el verano de 1942, la ciudad de Voronezh se había interpuesto en el camino del avance de la Wehrmacht. Aunque la mayor parte de ella había sido capturada después de intensas batallas en julio, seguía manteniéndose en disputa; era una posición estratégica en la ruta hacia el sur.

 

A mediados de septiembre los soviéticos habían recapturado partes de la ciudad y algunos trabajos de reconocimiento sugirieron que era inminente un ataque más importante. Era un campo de batalla casi tan reñido como Stalingrado. Hans Roth, luchando con una unidad antitanque, se encontraba en Voronezh el 16 de septiembre:

Agudos combates en Voronezh

Un Panzer III en alguna parte de la Unión Soviética durante el avance del Grupo de Ejércitos Sur, en 1942.

Hacia el sur están las rectas cuadras de barracas, que no pueden verse por el momento debido a que el humo del fuego continuo de artillería se mantiene sobre estos alojamientos de cemento. De nuevo allí está la “Torre Roja”, parcialmente cubierta por las sucias columnas de humo de color amarillo de la pólvora. ¡En todas partes, tan lejos como el ojo puede ver, hay ruinas y más ruinas! La ciudad, alguna vez en auge, con sus 450,000 habitantes, es ahora una ciudad muerta, regida por el terror y la muerte. Y, sin embargo, todavía valía la pena tomar esta ciudad, a pesar de los grandes sacrificios y defenderla a pesar de un número aún mayor de víctimas. Este era el punto cardinal y pilar del frente, que tenía que cubrir el despliegue y el ataque de los ejércitos del sur. Aquí se encuentra en particular el requisito previo para el éxito de las operaciones contra Stalingrado y el Cáucaso. Stalin, que está muy consciente de ello, está desplegando división de fusileros tras división de fusileros y brigada de tanques tras brigada de tanques. Su objetivo era romper este frente de distracción. Hasta ahora, hemos sido capaces de resistir la enorme presión ¡y lo seguiremos haciendo así sin importar lo que pase!

 

Cables destrozados están colgando de los postes de telégrafo. Enjambres de moscas zumban sobre los cadáveres de los caballos muertos, que están tendidos por todas partes. Se podría escribir mucho sobre esta plaga de moscas, estos insectos brillantes azules y verdes. El olor penetrante de los cadáveres ataca los sentidos de uno sin descanso, pero nuestra nariz y ojos ya están acostumbrados a esta sinfonía procedente de la ciudad fantasmal. La única cosa a la que no podemos acostumbrarnos todavía son estas moscas desagradables. Ellas están siendo atraídas por todos los cadáveres que mueren bajo los escombros y se han multiplicado para formar enjambres enormes demasiado incontables de comprender. Las aves también están dando vueltas sobre el campo de batalla, miles de cuervos chillan por encima de las ruinas y campos de muerte. Una y otra vez, se sumergen en las profundidades de los escombros cuando ven la terrible cosecha de muerte.

 

Nuestra unidad cansada y sudorosa tropieza a lo largo del asfalto lleno de agujeros del Boulevard de la Revolución Prospekt, una de las más espléndidas de Voronezh. Aquí se encuentran construcciones palaciegas de la época de los zares junto a los edificios de concreto del período judeo-bolchevique, o quizás -mejor dicho-, solían encontrarse. A través de las ventanas quemadas escapa el terror de la destrucción sin sentido.

 

En nuestro interior, estamos desgastados; en el exterior, batidos. Solía haber un tiempo en que las horas de combate eran seguidas por horas de silencio. Ese tiempo se ha acabado. Sol, luna y fuego ardiente contribuyen todos iluminando esta obra de destrucción y la matanza de personas. A veces uno come cualquier cosa que se tiene, lleva su munición o descansa por un momento sobre el suelo bajo la cubierta de un cráter. Nuestros rostros se han vuelto negros y ojerosos. En estos días, nunca son regordetes y redondos, lo que permite ver en ellos la monotonía de las 24 horas del día. Nuestros ojos están enrojecidos por el humo y las guardias nocturnas, pero los dientes están blancos por el pan duro. No me puedo imaginarme cómo puede ganarse el pan de cada día de una manera más difícil que ésta.

El ejército soviético pronto regresaría a Voronezh con más fuerza, en un intento de aliviar la presión sobre Stalingrado.

 

Si deseas saber más, lee “Eastern Inferno: The Journals of a German Panzerjäger on the Eastern Front, 1941-43” [Inferno oriental: los diarios de un cazador de tanques alemán en el Frente del Este, 1941-1943], editado por Christine Alexander y Mason Kunze.

Una unidad alemana de ametralladora en el Frente el Este, en agosto de 1942.

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