Cuando los alemanes lanzaron su nueva gran ofensiva estratégica de verano el 28 de junio de 1942, Hitler se enfrentó por primera vez con todo el peso de las nuevas responsabilidades que se había arrogado para sí mismo como comandante en jefe del Ejército.

 

Un año antes, la Operación Barbarroja había tenido la intención de destruir al Ejército Rojo y conquistar Rusia en tan sólo cuestión de unos pocos meses, pero las grandes distancias y el clima extremo habían provocado el completo estancamiento de la Wehrmacht.

 

Aunado a eso, el régimen soviético había mostrado una resistencia extraordinaria, con fuentes inagotables de fuerzas y mano de obra que habían empujado a los alemanes de vuelta durante el invierno, logrando así estabilizar la amenaza a Moscú.

 

Con Fall Blau (Caso Azul), más adelante llamada la Operación Braunschweig, Hitler estaba decidido a dirigir sus ataques hacia las profundidades del sureste de la Unión Soviética. Moscú ya no era el objetivo más importante. Si sus ejércitos pudiesen llegar a los yacimientos de petróleo en el Cáucaso, podrían cortar el suministro de combustible al Ejército Rojo. Las distancias eran enormes, la apuesta gigantesca.

 

Una vez más, la Wehrmacht había acopiado sus recursos para aprontar un ataque masivo. Wilhelm Prüller se encontraba allí:

Los alemanes emprenden su gran ofensiva de verano

El recientemente desarrollado Nebelwerfer, el cual estaba entrando en servicio con las unidades alemanas en el Frente Oriental como una respuesta a los temibles lanzacohetes rusos Katyusha.

Domingo, 28 de junio de 1942

 

A las 02.15 el cuerpo de artillería realizó su primer disparo y, en ese mismo instante, mientras el proyectil iba raudo en su camino hacia las instalaciones rusas, los cañones pesados iniciaron un torrente de fuego de una forma que ninguno de nosotros en todo el batallón había escuchado antes. Armas de todo tipo y calibre, baterías sin número, vomitaron sus proyectiles mortales hacia el banco enemigo. Los ladridos de los 88 antiaéreos, el estallido de los proyectiles antiaéreos de 2 cm, el rugido de morteros pesados, los truenos de la artillería -todos en una confusión de disparos rápidos-. En medio, las bombas de nuestra nueva arma aúllan -los morteros lanzacohetes- (algo como nuestro ‘Stuka zu Fuss’).

En medio de este rugido, los hombres están cruzando el Tim con sus pequeñas balsas con prisa febril. Estamos atacando en un frente amplio: muchas, muchas divisiones se mueven simultáneamente a través del Tim. Cientos de miles de personas pueden ahora movilizarse de nuevo después de la proscripción del invierno, se pueden mover hacia el Este; estamos muy contentos por ello.

 

Todavía estoy en este lado del Tim, despachando a los pelotones para que puedan cruzar con rapidez a la hora señalada. Cuando el último pelotón llega a las balsas, me apresuro hacia el agua y salto en una, ya demasiado llena, pero antes de que pueda comprender lo que está pasando, estoy del otro lado.

 

Las compañías aún se encuentran en un lugar protegido. Reunimos a todos y después nos movilizamos hacia Nish. Dolgoe, una aldea alrededor de 1½ kilómetros desde aquí, su captura es nuestro primer punto de ataque. El terreno está bañado en una espesa niebla, debido a los numerosos impactos de mortero, artillería y bombas, así como la cortina de humo. No puedes reconocer nada a 6 metros.

 

Todo alrededor de nosotros sigue siendo un gigantesco estruendo, ensordecedor, disparo tras disparo, el grito de cohetes lanzados por los morteros lanzacohetes, un infierno sinfín. Mientras tanto, nos hemos alineado; asaltamos a lo largo de la artillería enemiga y el fuego de mortero; atravesamos, como si fuera por un milagro (¿o sería mi nariz?), los campos minados soviéticos y acabamos en medio de una zanja rusa protegida por una fila de arbustos.

 

No es fácil saber adónde ir por ahora, debido a que la niebla no permite ningún sentido de dirección: la gente de otra compañía pasa corriendo a un lado de nosotros -pertenecen al otro lado a la derecha-; la infantería irrumpe justo por en medio de nosotros - ellos deben estar más hacia la izquierda- y, al principio, nosotros mismos nos encontramos muy lejos hacia la derecha, pero durante el ataque todos llegamos a nuestros propios lugares asignados.

 

En otra zanja que estamos usando para salir del fuego enemigo, nos encontramos con 70 u 80 bolcheviques que debían ser acabados, rechazados o hechos prisioneros. Se lleva a cabo un combate cuerpo a cuerpo y sólo muy pocos soviéticos escapan con vida. Sin embargo, nosotros tenemos pérdidas también: el mejor y más concienzudo muchacho que he conocido en esta guerra, nuestro asistente médico, Gefreiter Handler, estaba gravemente herido; varios hombres populares habían sido derribados también. En nuestra Compañía vecina, el indestructible teniente Näser cayó, -un chico maravilloso-. Ahora yace en el Tim.

Alcanzamos nuestro primer objetivo, Nish. Dolgoe, o más bien el lugar donde solía estar, hasta hace unas horas. Las pocas chozas de madera fueron voladas en pedazos por nuestros morteros lanzacohetes. Restos pequeños -unas cuantas vigas fuertes y pedazos de artículos para el hogar- es todo lo que queda. Civiles asustados, arrastrándose hacia afuera de los sótanos, el temor de la muerte en sus ojos, niños llorando, adultos temblando de terror, la apatía de los muy ancianos, eso era NIsh. Dolgoe. Querido Dios, te damos gracias porque esta guerra no sea combatida en suelo alemán.

 

El siguiente objetivo -Gratschewka- está ahora ante nosotros. Primero debemos llegar a la entrada sureste. En una línea de escaramuzas amplia atacamos de nuevo, peinamos el lugar y tenemos que usar todas nuestras fuerzas combinadas para extraer algunos del enemigo quienes pelean hasta el final en sus trincheras. Pero nos estamos moviendo rápido. Adelante pasando a los soviéticos, vencidos y marchando hacia la retaguardia, pasando a los muertos, pasando trincheras y búnkeres, pasando emplazamientos de cañones que abandonaron en un intento por salvar sus vidas… no podemos detenernos a ver: adelante, adelante, ese es el lema.

Si deseas saber más, lee “Diary of a German Soldier” [Diario de un soldado alemán], de Wilhem Prüller.

Infantería alemana pasa al lado de un tanque soviético en llamas en la región de Kursk, en junio de 1942.

El Wurfrahmen 40 era un semioruga Sd.Kfz 251 adaptado para transportar cohetes pesados, fue apodado entre las tropas como el Stuka zu Fuss (Stuka a pie). En la imagen, un Wurfrahmen 40 lanzando su mortífera carga de cohetes.

Un cazador de tanques alemán “Marder III” en algún campo en el sur de la Unión Soviética.

Un noticiario alemán de la época que incluye material fílmico de la batalla, mostrando el rol de los Stukas durante la puesta en marcha de Fall Blau.

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