Alastair Urquhart fue uno de los 120,000 soldados británicos, indios y australianos que marcharon al cautiverio después de la caída de Singapur. Fue un episodio humillante para aquéllos involucrados, pero los verdaderos horrores de convertirse en prisioneros de los japoneses estaban por ser descubiertos. Los japoneses hicieron marchar a la mayoría de los prisioneros de guerra fuera de Singapur a la prisión de Changi, a unos veintinueve kilómetros de distancia, mientras imponían su nuevo orden en la ciudad:

Masacre en Sook Ching

Existen innumerables testimonios sobre tropas japonesas utilizando a civiles y prisioneros de guerra para practicar con sus bayonetas, algunas veces como un rito de iniciación para los nuevos reclutas.

Nos encontrábamos muy maltrechos durante la marcha desde Fort Canning a Changi. Totalmente abatidos y profundamente desesperados, caminábamos con dificultad, a punta de bayonetas y los rezagados sometidos a un cruel tratamiento por parte de los japoneses. No había cantos desafiantes ni pequeñas muestras de orgullo. Nos sentíamos derrotados y oprimidos. La incertidumbre total era lo peor. ¿Qué iba a pasar con nosotros?…

 

Fue entonces que, mientras marchábamos por el camino polvoriento, sin previo aviso, nos enfrentamos a una escena aterradora. Nos encontramos cara a cara con una maraña de cabezas de chinos cercenados, clavadas en postes a ambos lados del sendero. Los cuerpos mutilados de estas pobres almas estaban cerca y las cabezas, con sus ojos en blanco, mostraban un espectáculo verdaderamente impresionante. Nos ahogaba el empalagoso olor de la descomposición y la carne putrefacta. Vomitando y luchando contra el instinto repugnante, les grité a los muchachos que mantuvieran sus ojos en el suelo.

 

Durante el resto de nuestra marcha encontramos cabezas empaladas, principalmente de chinos, apareciendo a intervalos.

 

Los japoneses habían estado ocupados con sus espadas samuráis y habían creado una avenida infernal para aterrorizar e intimidar. La táctica era exitosa sin duda.

 

Nosotros desconocíamos que habíamos caminado justamente en medio de la masacre de ‘Sook Ching’, una purga bien planificada por los japoneses para deshacerse de sus oponentes chinos, tanto reales como potenciales. Más de 50,000 chinos fueron asesinados con un sadismo enfermizo que parecía ser endémico en el ejército japonés. El peor de los pensamientos pasó por nuestras mentes.

 

Más adelante vi una columna de al menos un centenar de civiles chinos, marchando a través de un estrecho corredor en la misma dirección que nosotros. Vestían pantalones cortos y camisetas de color blancos, pero se encontraban con los ojos vendados. Me pareció extraño que no nos hubiesen vendado también.

 

El futuro de estos desventurados chinos, pensé, parecía particularmente sombrío. Era obvio que estaban a punto de ser asesinados. Paradójicamente me hizo sentir un poco mejor acerca de nuestro futuro inmediato –después de todo no teníamos los ojos vendados-.

La masacre de Sook Ching aconteció durante varios días después de la caída de Singapur. Los japoneses habían dirigido sus ataques a la población civil que era considerada como ‘anti-japonesa’, aunque se requería de muy poca evidencia para colocarlos en esta categoría –la gente era seleccionada sólo con base en su apariencia-. Los residentes chinos fueron las víctimas principales. La controversia continúa aún en la actualidad en cuanto al número de personas que realmente murió. Después de la guerra, el gobierno japonés pagó daños como compensación a Singapur, pero no hizo admisión formal de los hechos ni tampoco ofreció una disculpa oficial.

 

Las memorias de Alastair Urquhart, no fueron publicadas hasta el año 2010, pero es uno de los mejores testimonios de un prisionero de guerra a manos de los japoneses.

 

Si deseas saber más, lee “The Forgotten Highlander: An Incredible WWII Story of Survival in the Pacific” [El Highlander olvidado: una increíble historia de supervivencia en el Pacífico durante de la Segunda Guerra Mundial], de Alistair Urquhart.

Chinos siendo inspeccionados por los Kempeitai (policía secreta japonesa, similar a la Gestapo alemana), después de la captura de Singapur. Foto: Archivos Nacionales de Singapur.

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