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Speer evalúa los daños causados por los Dambusters

Fotografía de reconocimiento aéreo (vertical) mostrando la fisura en la presa de Möhne cau

Fotografía de reconocimiento aéreo que muestra la brecha abierta en la presa de Möhne tras el ataque del Escuadrón Nº 617 de la RAF, en la noche del 16 al 17 de mayo de 1943. La presa de Eder también fue rota durante la Operación Chastise; la Sorpe, en cambio, resultó dañada pero no destruida.

En la madrugada del 17 de mayo de 1943, Alemania comenzó a medir las consecuencias de la Operación Chastise. Durante la noche, 19 Lancaster modificados del Escuadrón Nº 617 de la RAF habían atacado varias presas alemanas con las bombas rebotadoras Upkeep, diseñadas por Barnes Wallis. Las presas de Möhne y Eder fueron abiertas; la presa de Sorpe, más difícil de destruir por su construcción de tierra y su núcleo interno, sufrió daños, pero no cedió.

 

Para el Reino Unido, la operación tuvo un enorme valor propagandístico y simbólico: un pequeño número de aviones había golpeado instalaciones vitales en Alemania mediante una combinación de ingeniería, audacia y vuelo nocturno a muy baja altura. Para Alemania, el problema era menos espectacular pero más urgente: agua, electricidad, estaciones de bombeo, turbinas, comunicaciones, fábricas, trabajadores y reparaciones.

 

El ministro de Armamentos, Albert Speer, acudió rápidamente a la zona afectada. Su testimonio es valioso porque procede de un alto funcionario del régimen nazi que comprendió de inmediato el riesgo industrial del ataque. Speer no sólo describió la destrucción visible, sino también lo que pudo haber ocurrido si los británicos hubieran destruido simultáneamente más embalses o hubieran atacado de nuevo durante las reparaciones.

 

Sin embargo, conviene leer su relato con cautela. Speer escribió sus memorias después de la guerra y tendía a presentarse como administrador técnico más que como dirigente central del régimen nazi. Aun así, su evaluación del ataque a las presas muestra que la Operación Chastise estuvo cerca de provocar un daño mayor al sistema industrial del Ruhr:

El 11 de abril de 1943, propuse a Hitler que se estableciera un comité de especialistas industriales para determinar cuáles eran los objetivos cruciales de la producción soviética.

 

Cuatro semanas más tarde, sin embargo, se hizo el primer intento —no por nosotros, sino por la fuerza aérea británica— de influir en el curso de la guerra mediante la destrucción de un único punto neurálgico de la economía bélica.

 

El principio era paralizar una sección transversal completa, por así decirlo, del mismo modo que un motor puede quedar inutilizado si se le retira el sistema de encendido.

 

El 17 de mayo de 1943, apenas diecinueve bombarderos de la RAF intentaron atacar nuestra industria de armamentos en su conjunto mediante la destrucción de las plantas hidroeléctricas de la cuenca del Ruhr.

 

El informe que recibí en las primeras horas de la mañana fue muy alarmante. La mayor de las presas, la Möhne, había sido destruida y su embalse se había vaciado. Hasta ese momento no había informes sobre las otras tres presas.

 

Al amanecer aterrizamos en el aeródromo de Werl, tras haber observado primero, desde el aire, la escena de devastación. La central eléctrica al pie de la presa destruida parecía haber sido borrada del mapa, junto con sus grandes turbinas.

 

Un torrente de agua había inundado el valle del Ruhr. Esto tuvo una consecuencia que podía parecer secundaria, pero era grave: las instalaciones eléctricas de las estaciones de bombeo quedaron empapadas y cubiertas de lodo. Por ello, la industria quedó paralizada y el suministro de agua para la población se vio amenazado.

 

El informe sobre la situación que entregué poco después en el cuartel general del Führer causó una profunda impresión en Hitler. Conservó los documentos consigo.

 

Sin embargo, los británicos no habían logrado destruir los otros tres embalses. Si lo hubieran conseguido, el valle del Ruhr habría quedado casi por completo privado de agua durante los meses siguientes del verano.

 

En el mayor de los embalses, la presa del valle de Sorpe, lograron un impacto directo en el centro de la presa. La inspeccioné ese mismo día. Afortunadamente, el cráter de la bomba quedó ligeramente por encima del nivel del agua. Unos cuantos centímetros más abajo, y un pequeño arroyo se habría convertido en un río embravecido que habría arrastrado la presa de piedra y tierra.

 

Aquella noche, empleando sólo unos pocos bombarderos, los británicos estuvieron cerca de alcanzar un éxito mayor que el que habrían obtenido con miles de bombarderos.

 

Pero cometieron un error que me intriga hasta el día de hoy: dividieron sus fuerzas y destruyeron aquella misma noche la presa del valle de Eder, aunque ésta no tenía relación con el suministro de agua del Ruhr.

 

Pocos días después del ataque, siete mil hombres, a quienes ordené trasladar desde la Muralla del Atlántico hacia las zonas de Möhne y Eder, trabajaban intensamente en la reparación de las presas.

 

El 23 de septiembre de 1943, en el último momento antes del inicio de las lluvias, la abertura en la presa de Möhne quedó cerrada.

 

Así pudimos recoger las precipitaciones de finales del otoño y del invierno de 1943 para las necesidades del verano siguiente.

 

Mientras estábamos dedicados a la reconstrucción, la fuerza aérea británica perdió su segunda oportunidad. Algunas bombas habrían provocado derrumbes en las obras expuestas, y unas cuantas más habrían bastado para incendiar los andamios de madera.

Si deseas saber más, lee “Inside the Third Reich” [Dentro del Tercer Reich], de Albert Speer.

El juicio de Speer ayuda a matizar la Operación Chastise. Desde el punto de vista británico, el ataque fue una hazaña de precisión, técnica y valor aéreo; desde el punto de vista alemán, fue una amenaza real contra el sistema de agua, energía y producción del Ruhr. Pero el golpe no fue definitivo. La presa de Sorpe no cedió; la presa de Eder no afectaba directamente el suministro de agua del Ruhr y las obras de reparación se llevaron a cabo con enorme rapidez mediante miles de trabajadores desviados de otros proyectos.

El efecto industrial, por tanto, fue importante pero limitado. La operación obligó a Alemania a emplear recursos, mano de obra y materiales en reparaciones urgentes y provocó una destrucción grave en las zonas inundadas. Pero no paralizó de manera duradera la producción del Ruhr. La mayor oportunidad, como observó Speer, habría sido atacar de nuevo las reparaciones mientras las obras estaban expuestas. Ese segundo golpe nunca llegó.

La mañana del 17 de mayo de 1943 dejó así una paradoja: los Dambusters habían logrado una de las operaciones aéreas más audaces de la guerra, pero el resultado estratégico quedó incompleto. Para Speer, esa noche demostró que un pequeño número de aviones, si atacaba el punto adecuado, podía estar cerca de lograr lo que miles de bombarderos no siempre lograban.

El boquete en la presa de Möhne cuatro horas después del ataque de los Dambusters en mayo

El boquete abierto en la presa de Möhne, fotografiado unas cuatro horas después del ataque del Escuadrón Nº 617 en mayo de 1943. La ruptura liberó una enorme masa de agua sobre el valle del Möhne y del Ruhr.

Otra fotografía alemana de la abertura en la presa..jpg

Fotografía alemana de la abertura en la presa de Möhne después de la Operación Chastise. El daño obligó a movilizar miles de trabajadores para cerrar la brecha antes de la llegada de las lluvias de otoño.

Una imagen de reconocimiento de la presa Eder antes del ataque..jpg

Imagen de reconocimiento de la presa Eder antes del ataque. Aunque su destrucción tuvo efectos importantes en el valle del Eder, Speer señalaría después que esta presa no estaba directamente vinculada al suministro de agua del Ruhr.

El boquete en el muro de la presa Eder hecha por la bomba de rebote..jpg

Brecha abierta en el muro de la presa Eder por la bomba rebotadora Upkeep durante la Operación Chastise. La presa fue una de las dos grandes estructuras destruidas por el Escuadrón Nº 617 en la noche del 16 al 17 de mayo de 1943.

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