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Los pilotos de Tuskegee se enfrentan a cazas alemanes

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Pilotos del 99º Escuadrón de Cazas vuelan P-40 Warhawk con la nariz pintada con dientes de tiburón, alrededor de 1943. La imagen ilustra el tipo de aparato utilizado por los aviadores de Tuskegee durante sus primeras misiones de combate en el Mediterráneo. (Foto cortesía de: Biblioteca del Congreso)

El 18 de junio de 1943, la guerra aérea sobre el Mediterráneo ya miraba hacia Sicilia. Pantelleria, sometida durante días a una presión aérea y naval abrumadora, había caído en manos aliadas una semana antes, pero sus cielos seguían siendo parte del campo de batalla. Las patrullas de cazas, la protección de bombarderos, la vigilancia de aeródromos y el control del espacio aéreo formaban parte de la misma preparación silenciosa que abría camino a la siguiente etapa de la campaña italiana.

En ese escenario volaba el 99º Escuadrón de Cazas, formado por los pilotos que la historia recordaría como los aviadores de Tuskegee. Habían llegado al norte de África en abril y habían realizado su primera misión de combate el 2 de junio contra Pantelleria. El 9 de junio ya habían tenido su primer encuentro con aviones enemigos. Pero el 18 de junio, sobre el Mediterráneo, el combate se hizo más claro: seis P-40 Warhawk, dirigidos por el teniente primero Charles W. Dryden, se enfrentaron a cazas alemanes que escoltaban bombarderos hacia la isla recién capturada.

Para cualquier escuadrón nuevo, ese primer contacto sostenido con cazas enemigos habría sido una prueba decisiva. Para el 99º Escuadrón, lo era todavía más. Sus pilotos no solo debían aprender a combatir en un teatro activo, lejos de los campos de entrenamiento de Alabama; también cargaban con el peso de una mirada nacional que los observaba con prejuicio. Cada misión era militar, pero también pública. Cada aterrizaje de regreso, cada aparato dañado que volvía a la base y cada piloto que conservaba la formación bajo fuego enemigo tenían un significado que iba más allá del Mediterráneo.

La importancia del episodio no radicaba solo en el resultado táctico. En un ejército estadounidense todavía segregado, el 99º Escuadrón combatía también contra una sospecha impuesta desde dentro: la duda oficial, social y racial sobre si sus pilotos podían rendir en combate aéreo. La prensa afroamericana siguió esos primeros encuentros con especial atención. Días después, el Atlanta Daily World publicó los detalles del combate:

Washington, D. C.—Nuevos detalles sobre cómo un vuelo de seis P-40 Warhawk, tripulados por el primer escuadrón afroamericano de los Estados Unidos, se enfrentó, maniobró mejor y puso en fuga a una fuerza protectora de cazas alemanes Focke-Wulf 190 se revelaron en un mensaje enviado el sábado al Departamento de Guerra. La acción tuvo lugar sobre el Mediterráneo.

La fuerza enemiga sufrió daños en dos de sus aparatos y los aviadores estadounidenses escaparon sin sufrir pérdidas. El vuelo estaba dirigido por el teniente primero Charles W. Dryden, de 22 años, del 800 de Home Street, Bronx, ciudad de Nueva York.

Cuando fueron encontrados por los aviadores afroamericanos, los cazas alemanes escoltaban a un grupo de bombarderos nazis que intentaban atacar la isla italiana de Pantelleria, recientemente capturada.

El teniente primero Lee Rayford, de Ardwick, Maryland, dijo que se sintió más sorprendido que alarmado cuando su ala fue alcanzada por fuego de ametralladora y cañón en este, su primer vuelo bajo los cañones de aviones enemigos. Logró traer su aparato de regreso sin novedad.

El teniente coronel B. O. Davis Jr., oficial al mando del escuadrón, dijo: “Fue la primera vez que alguno de ellos disparó contra el enemigo. Dieron buena cuenta de sí mismos, considerando las probabilidades en su contra, y lo más importante es que todos regresaron sanos y salvos”.

El teniente Dryden, quien dejó el City College de Nueva York, donde estudiaba ingeniería, para convertirse en piloto, dijo que creía que el combate daría a los aviadores la confianza que necesitaban, la confianza que no podía obtenerse solo con entrenamiento.

El teniente primero Sidney P. Brooks, del 3009 de East 142nd Street, Cleveland, Ohio, avistó a los cazas enemigos por encima de su formación y advirtió a los demás justo cuando los FW se lanzaron al ataque.

Atacaron en formación de cuatro”, dijo el teniente Dryden, “y contamos doce que venían hacia nosotros. Otros diez permanecieron arriba como cobertura alta para los bombarderos enemigos. Viramos hacia ellos y realizaron ataques en picado contra nosotros individualmente. Cuando empezaron a subir de nuevo, fuimos con ellos y comenzaron un amplio círculo, con nosotros detrás. Después rompieron el contacto, treparon por encima de nosotros y se quedaron allí, a la espera de otra oportunidad para lanzarse sobre nosotros. Nos quedamos en la zona hasta que el controlador nos ordenó regresar a casa”.

El teniente segundo Willie Ashley Jr., del 212 de West Bartlett Street, Sumter, Carolina del Sur, dijo que su aguja de gasolina marcaba vacío cuando finalmente aterrizó. Los otros aviones también tenían poco combustible.

El teniente Rayford dijo que su avión fue alcanzado mientras disparaba contra dos FW 190. “Mientras iba detrás de los dos”, dijo, “un tercero se me puso a la cola. Esa fue la primera vez que me dispararon”.

Los estadounidenses estaban demasiado ocupados para conseguir un disparo cercano contra los bombarderos, aunque el teniente Dryden hizo una breve ráfaga contra uno de ellos. No pudieron decir si los bombarderos habían alcanzado sus objetivos, pero el teniente Rayford dijo que vio al menos cuatro bombas caer al agua sin causar daño.

Además de los tenientes Dryden, Rayford, Ashley y Brooks, los pilotos que participaron en el combate fueron el teniente segundo Spann Watson, del 122 de J Street, Hackensack, Nueva Jersey, y el teniente segundo Leon C. Roberts, de Murphy and McGee Streets, Prichard, Alabama.

Una ventaja que el escuadrón tenía sobre muchos otros era que casi todo su personal, oficiales y soldados, había trabajado unido desde que la unidad se formó en 1941. Los pilotos estaban entusiasmados en sus elogios al P-40, dijo el teniente Dryden. “Puedo decir honestamente que preferiría volar el Warhawk antes que cualquier otro aparato que conozca”, añadió.

Si deseas saber más, visita Georgia Historic Newspapers, sección “Atlanta Daily World, 27 de junio de 1943”, artículo “99th Pilots Describe First Encounter With Nazi Flyers”. También puedes consultar Hoosier State Chronicles: Indiana’s Digital Historic Newspapers Program, “Indianapolis Recorder, 19 de junio de 1943”, para la cobertura temprana relacionada con el 99º Escuadrón de Cazas.

La misma acción fue reconstruida semanas después por Yank, una revista publicada por el Ejército de Estados Unidos para sus propios soldados. Su valor no está en sustituir las palabras de Dryden, Rayford o Davis, sino en mostrar cómo el episodio fue narrado dentro del propio mundo militar estadounidense: no como una anécdota aislada, sino como la primera batalla aérea de una unidad afroamericana que había sido observada, medida y puesta a prueba desde antes de entrar en combate:

Túnez.—Hacía sol sobre el Mediterráneo y Pantelleria parecía una pequeña piedra oscura clavada en el mar azul brillante, 8.000 pies más abajo, mientras los seis P-40 zumbaban en una patrulla vespertina. Los cazas habían recibido la orden de despegar desde su campo africano para cubrir durante una hora y algunos minutos la isla italiana conquistada, mientras los Aliados avanzaban en los preparativos para la invasión de Sicilia.

El teniente G. W. Dryden, de la ciudad de Nueva York, dirigía el vuelo. Su escuadrón, en acción desde hacía solo tres semanas, había bombardeado Pantelleria durante el furioso empuje aéreo hacia Italia y, en otras ocasiones, había escoltado bombarderos. Sin embargo, aparte de algo de flak dispersa, lanzada por los abandonados servidores de las baterías de la isla, la unidad nunca había conocido verdaderos problemas.

El teniente examinó el amplio cielo vacío y miró a su alrededor para asegurarse de que el vuelo venía bien agrupado detrás de él. Miró su reloj y advirtió que la patrulla estaba casi terminada.

Detrás de él, los grandes motores llenaban el aire salado y luminoso con su ruido grave y constante. Entonces, por los auriculares apretados contra su cabeza, entre el crujido salvaje y aullante de las radios de los aviones, llegó la voz del observador aéreo en Pantelleria: “Aeronaves no identificadas se aproximan a la isla”.

 

El teniente Dryden viró y el vuelo lo hizo detrás de él. Salieron en busca de problemas.

Una vez más, los P-40 se reunieron en formación de frente, volando ala con ala en orden horizontal extendido, y reanudaron su patrulla sobre Pantelleria. Unos minutos después fueron relevados y se dirigieron a casa, volando por debajo de la formación de Spitfires que salía para continuar la vigilancia diurna sobre la isla.

No hay nada muy nuevo en esta historia. Seis pilotos sin experiencia de combate, de un escuadrón nuevo en acción, se encuentran con el enemigo y lo hacen bastante bien contra él, rechazando fuerzas superiores sin sufrir pérdidas propias y con probable pérdida para el enemigo. Terminan su patrulla, vivos y con nueva confianza, y vuelan de regreso para cenar. Debe haber ocurrido una y otra vez en esta guerra a miles de cazas.

No hay nada nuevo, salvo que todos los pilotos son negros y que todo el escuadrón, aviadores y personal de tierra, oficial al mando y soldados rasos, son negros.

Sobre el Mediterráneo, seis estadounidenses de esa raza combatieron por primera vez en la historia por su país en una batalla aérea contra el enemigo.

Si deseas saber más, consulta la colección Black Wings Exhibit and Book Collection del Smithsonian National Air and Space Museum, donde se registra el artículo de Irwin Shaw, “Negro Fighters’ First Battle”, publicado en Yank: The Army Weekly, Vol. 2, No. 7, del 3 de agosto de 1943.

El segundo documento no corrige al primero; lo rodea. El periódico afroamericano conservó las palabras de los pilotos, sus nombres, sus ciudades, la voz de Dryden describiendo el ataque y la de Rayford recordando la primera vez que le dispararon. Yank, en cambio, puso la escena dentro del lenguaje del frente: el sol sobre el Mediterráneo, Pantelleria abajo, la radio que interrumpe la patrulla, los P-40 que viran y la conciencia de que algo común en la guerra era, en ese caso, históricamente distinto.

 

El combate no fue una gran batalla aérea en términos de números. Todavía no produjo una victoria confirmada que pudiera convertirse en titular inmediato. Pero en la historia del 99º Escuadrón tuvo otro peso: seis pilotos sin larga experiencia de combate sostuvieron la formación, protegieron la isla y regresaron. El lenguaje de los documentos era sobrio; el significado, para quienes seguían la guerra desde los periódicos afroamericanos y desde las propias publicaciones del Ejército, era mucho mayor.

 

En esos mismos días, Estados Unidos combatía contra el Eje mientras en su propio territorio continuaban la segregación, la discriminación laboral y la violencia racial. Por eso el cielo sobre Pantelleria no era solo un escenario militar. También era una prueba pública. Cada patrulla, cada regreso, cada avión dañado que volvía a la base iba desmontando una mentira antigua: la idea de que el valor, la disciplina y la pericia podían medirse por el color de la piel.

 

La guerra seguiría exigiendo más al 99º Escuadrón. Pero el 18 de junio de 1943 dejó una imagen precisa: seis P-40 sobre el Mediterráneo, poco combustible al regresar, un ala perforada por el fuego enemigo y una unidad entera obligando a sus críticos a mirar hacia arriba.

Los aviadores de Tuskegee entraron en combate en la primavera de 1943 durante la Operación

Pilotos de Tuskegee junto a un P-40 Warhawk. La imagen no debe leerse necesariamente como una fotografía directa del combate del 18 de junio, pero ilustra a los aviadores y el tipo de aeronave con que el 99º Escuadrón entró en combate en 1943. (Foto cortesía de: Fuerza Aérea de los Estados Unidos).

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El teniente primero Lee Rayford en la cabina de una aeronave, en una imagen posterior a sus primeras misiones de combate con el 99º Escuadrón de Cazas. El 18 de junio de 1943, su P-40 recibió varios impactos durante un encuentro con cazas alemanes en el Mediterráneo. (Foto: Robert Scurlock / Colección del Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, Smithsonian).

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El teniente coronel Benjamin O. Davis Jr. habla con el teniente Charles W. Dryden en la cabina de un P-40 Warhawk antes de un despegue desde una base aérea del Ejército. La imagen es contextual, pero vincula directamente al comandante del 99º Escuadrón con el piloto que lideró el vuelo del 18 de junio de 1943. (Foto: Bettmann / Getty Images, según la atribución publicada).

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