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Polonia bajo administración del terror

Hans Frank, al centro, había sido responsable de la represión de los polacos desde 1939._e

Hans Frank, en el centro, durante un acto oficial en el castillo de Wawel, en Cracovia, junto a Kurt Daluege y Curt von Gienanth, hacia 1939–1940. La imagen no corresponde al 19 de junio de 1943, pero muestra el entorno de poder desde el que Frank dirigió el Gobierno General en la Polonia ocupada. (Foto cortesía de: Bundesarchiv, Bild 121-0272).

Para el 19 de junio de 1943, la guerra alemana ya no tenía el mismo aspecto que en los años de expansión victoriosa. En el Este, la derrota de Stalingrado había quebrado la imagen de invencibilidad del Reich; en el Mediterráneo, los Aliados preparaban la siguiente etapa tras la caída del Eje en Túnez; y sobre Alemania, la guerra aérea comenzaba a llevar la destrucción al corazón de sus ciudades industriales. Sin embargo, lejos de los frentes más visibles, la ocupación nazi seguía operando con una maquinaria propia, diaria y persistente.

Polonia era uno de los centros de esa violencia administrativa. Desde 1939, el país había sido dividido: una parte fue incorporada directamente al Reich, mientras que otra quedó sometida al llamado Gobierno General, con sede en Cracovia. Allí, Hans Frank gobernaba un territorio convertido en espacio de explotación, represión y transformación racial. Para la población polaca, la guerra no era solo la presencia de soldados o la amenaza de los combates: era el hambre, la confiscación de bienes, las expulsiones, el cierre de escuelas, la vigilancia policial, el trabajo forzoso y el miedo a las represalias colectivas.

El 19 de junio de 1943, Frank llevó a Hitler un informe sobre la situación en la Polonia ocupada. El documento no fue escrito como una denuncia, ni como una memoria de víctima, ni como una confesión moral. Procedía del propio aparato de ocupación. Su importancia está precisamente ahí: en la manera en que una administración criminal podía enumerar sus propios métodos como si se tratara de problemas de gobierno, seguridad, producción y control social.

Por eso el texto debe leerse con una cautela particular. No habla desde el dolor de quienes padecieron la ocupación, sino desde la frialdad burocrática de quienes la dirigían. Pero en esa frialdad aparece, casi involuntariamente, un retrato brutal del dominio nazi sobre Polonia. Lo que para Frank eran “medidas” o “consecuencias del dominio alemán”, para millones de personas era la vida cotidiana bajo una ocupación destinada a destruir la autonomía política, social y cultural del país.

El informe presentado a Hitler resumía lo que la propia administración alemana reconocía como causas del deterioro de la actitud del pueblo polaco hacia el régimen de ocupación:​

Con el paso del tiempo, una serie de medidas o consecuencias del dominio alemán ha provocado un deterioro sustancial de la actitud de todo el pueblo polaco en el Gobierno General. Estas medidas han afectado ya sea a profesiones individuales o a toda la población y, con frecuencia, también —a menudo con una severidad aplastante— el destino de individuos.

Entre ellas se encuentran, en particular:

1. La alimentación enteramente insuficiente de la población, principalmente de las clases trabajadoras en las ciudades, cuya mayoría trabaja para intereses alemanes.

Hasta la guerra de 1939, sus suministros alimentarios, aunque no eran variados, eran suficientes y, en general, seguros, debido al excedente agrario del antiguo Estado polaco y a pesar de la negligencia de su anterior dirección política.

2. La confiscación de gran parte de las propiedades polacas y la expropiación sin compensación y el reasentamiento de campesinos polacos de las zonas de maniobras y de los asentamientos alemanes.

3. Intromisiones y confiscaciones en las industrias, en el comercio y los oficios, y en el ámbito de la propiedad privada.

4. Arrestos masivos y fusilamientos masivos por parte de la policía alemana, que aplicó el sistema de responsabilidad colectiva.

5. Los métodos rigurosos de reclutamiento de trabajadores.

6. La extensa paralización de la vida cultural.

 

7. El cierre de escuelas superiores, centros de enseñanza media superior y universidades.

8. La limitación, incluso la completa eliminación, de la influencia polaca de todas las esferas de la administración del Estado.

 

9. La restricción de la influencia de la Iglesia católica, limitando su amplia influencia —una medida indudablemente necesaria— y, además, hasta hace muy poco, el cierre y la confiscación de monasterios, escuelas e instituciones caritativas.

Si deseas saber más, consulta The Avalon Project de Yale Law School, sección Nazi Conspiracy and Aggression, Volume 2, Chapter XVI, Part 8, documento 437-PS.

Una de las líneas más breves del informe —“los métodos rigurosos de reclutamiento de trabajadores”— ocultaba una realidad mucho más concreta. La ocupación necesitaba mano de obra para sostener la economía de guerra alemana, y la presión del Gobierno General sobre la población se convirtió en una práctica de redadas, amenazas, hambre y deportación.

 

El mismo conjunto documental conservó una descripción más directa de ese sistema. En febrero de 1943, el presidente del Comité Principal Ucraniano informó a Frank sobre la manera en que se realizaba la captura de trabajadores para enviarlos a Alemania:

La cacería salvaje y despiadada de hombres llevada a cabo por todas partes, en ciudades y en el campo, en calles, plazas, estaciones, incluso en iglesias, de noche en las casas, ha sacudido gravemente el sentimiento de seguridad de los habitantes. Todos están expuestos al peligro de ser apresados en cualquier lugar y en cualquier momento por miembros de la policía, súbita e inesperadamente, y de ser llevados a un campo de reunión.

Ninguno de sus familiares sabe lo que le ha ocurrido; solo semanas o meses más tarde, uno u otro da noticias de su destino mediante una tarjeta postal.

Si deseas saber más, consulta The Avalon Project de Yale Law School, sección Nazi Conspiracy and Aggression, Volume 2, Chapter XVI, Part 8, documento 1526-PS.

 

El informe de Frank no suavizaba la ocupación; la exponía desde dentro. Al enumerar el hambre, las confiscaciones, los fusilamientos, el trabajo forzoso, el cierre de escuelas y la eliminación de la influencia polaca, el documento dejaba ver una política que no había sido accidental ni improvisada. La administración alemana no trataba a Polonia como un país ocupado con derechos mínimos bajo la guerra, sino como un territorio sometido a explotación y remodelación racial.

 

La fuerza del documento radica precisamente en su frialdad. No hay lamento en sus líneas ni compasión ni sorpresa. Hay una lista. Y en esa lista aparece la vida de millones de personas reducida a problemas de gobierno, seguridad, producción y control. El 19 de junio de 1943, la Polonia ocupada llegó a Hitler no como una tragedia humana, sino como un expediente administrativo. Esa distancia entre el lenguaje del documento y el sufrimiento que describe es, quizá, una de las pruebas más duras de la naturaleza del régimen que lo produjo.

Hitler estaba dispuesto a ignorar las preocupaciones de Frank. Había diferentes autoridades nazis operando en Polonia. Las más destacadas eran las SS, que se dedicaban a la liquidación final de los guetos judíos. Esto estaba incitando a la resistencia polaca, a pesar de que sólo pudieron ofrecer una asistencia limitada durante la sublevación en el gueto polaco. En una reunión secreta con Himmler en la Obersalzberg, también el 19 de junio, Hitler al parecer accedió a una aceleración de la política de liquidación de guetos; según un memorándum que Himmler tituló Banditenkampf und Sicherheitslage [La lucha contra los bandidos y la situación de seguridad], Hitler ordenó que la resistencia judía en Europa del Este fuera erradicada (de “bandidos”) en los próximos cuatro meses por la evacuación masiva y, asimismo, estaba igualmente preparado para enfrentar sin piedad cualquier aumento consiguiente de la resistencia polaca.

Ejecución de rehenes polacos por una fuerza de tarea SS el 20 de octubre de 1939 en la ciu

Ejecución de rehenes polacos por una unidad de los Einsatzgruppen en Kórnik, el 20 de octubre de 1939. La fotografía no corresponde al informe de Frank de 1943, pero ilustra el tipo de terror represivo que el propio documento nazi reconocía bajo la fórmula de “arrestos masivos y fusilamientos masivos”. (Foto cortesía de: Bundesarchiv, Bild 146-1968-034-19A).

Polacos forzados a trabajar para empresas alemanas, poco después del comienzo de la ocupac

Hombres ante la oficina alemana de trabajo en Thorn —Toruń bajo ocupación alemana— en octubre de 1939. La imagen debe leerse con cautela: procede de una fuente alemana de época y sirve como contexto visual del control laboral impuesto en los territorios polacos ocupados, no como prueba directa de un caso individual de deportación o trabajo forzoso. (Foto cortesía de: Bundesarchiv, Bild 146-1979-050-13A).

Muchos polacos habían sido desalojados de sus hogares para dar paso a los ‘colonos’ aleman

Polacos expulsados en Wartheland durante la ocupación alemana, hacia 1939–1944. La escena ilustra la política de desalojos, expropiaciones y reasentamientos mencionada en el informe de Frank, mediante la cual familias polacas fueron desplazadas para abrir espacio a colonos alemanes. (Foto cortesía de: Bundesarchiv, R 49 Bild-0138 / Wilhelm Holtfreter).

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