Kampar resiste mientras la ilusión se derrumba

Tropas japonesas cruzando un río mientras cargan sus bicicletas durante la campaña en la Malaya británica. Las bicicletas permitían a las unidades japonesas movilizarse rápidamente a través del terreno selvático, superando y cortando a las fuerzas británicas.
Al comenzar el 2 de enero de 1942, el avance japonés por la costa occidental de Malaya se había detenido, al menos momentáneamente, ante Kampar. Allí, la 11.ª División India ocupaba la posición defensiva más fuerte que los británicos habían establecido hasta entonces durante la campaña. Una montaña de unos 1.200 metros protegía su flanco oriental, mientras que las explotaciones de estaño situadas al norte, al oeste y al sur proporcionaban campos de tiro inusualmente despejados.
El 1.º de enero, las fuerzas japonesas habían lanzado repetidos ataques contra la posición. Los defensores perdieron algunos puntos avanzados, los recuperaron mediante contraataques y terminaron la jornada con la línea todavía intacta. Después de semanas de retiradas, Kampar parecía ofrecer la posibilidad de contener al enemigo en un terreno favorable.
Los combates se reanudaron el 2 de enero al este de la carretera principal. Las tropas británicas e indias siguieron resistiendo y recuperaron una posición de importancia. En el frente inmediato, Kampar no había sido quebrada.
Sin embargo, la batalla ya no se decidía únicamente ante sus defensas. Al amanecer, una fuerza japonesa descendió por el río Perak en pequeñas embarcaciones y desembarcó en Telok Anson, a espaldas de la posición. Su avance amenazaba la carretera principal y las comunicaciones de la 11.ª División India.
La contradicción de la jornada quedó consignada en la narración oficial de la campaña: mientras los defensores recuperaban el terreno perdido en Kampar, la amenaza sobre su retaguardia convertía aquella resistencia en una posición cada vez más difícil de sostener:
Al día siguiente, el enemigo reanudó sus ataques al este de la carretera principal, donde se libraron feroces combates. El batallón británico, bajo el inspirador mando de su comandante, el teniente coronel Morrison, combatió desesperadamente.
A última hora de la tarde, la compañía sij del 1.er Batallón del 8.º Regimiento de Punjab, magníficamente dirigida por su comandante, el capitán Graham, expulsó al enemigo de una posición vital que este había capturado, y la situación volvió a restablecerse.
Sin embargo, la influencia de los acontecimientos en otros puntos volvió a imponerse, aunque es dudoso que, en cualquier caso, la posición hubiera podido sostenerse durante mucho más tiempo. A las 21:00 horas, por orden del comandante de división, el Grupo de Brigada 6/15 comenzó a retirarse.
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Al amanecer del 2 de enero, una fuerza enemiga de aproximadamente un batallón desembarcó en Telok Anson. Había descendido por el río Perak en pequeñas embarcaciones.
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Al anochecer, el comandante del Grupo de la 12.ª Brigada calculó que estaba siendo atacado por al menos un regimiento e informó que no podía garantizar que la carretera principal permaneciera abierta durante más de veinticuatro horas. Como consecuencia de este informe, se ordenó la retirada de Kampar.
Si deseas saber más, consulta The London Gazette, suplemento núm. 38215, “Operations of Malaya Command, from 8th December, 1941 to 15th February, 1942” [Operaciones del Mando de Malaya, del 8 de diciembre de 1941 al 15 de febrero de 1942], despacho del teniente general A. E. Percival.
Cecil Brown, corresponsal estadounidense de CBS, había sobrevivido apenas tres semanas antes al hundimiento del HMS Repulse. De regreso en Singapur, continuaba informando sobre la guerra en el Lejano Oriente. Los ataques nocturnos, los comunicados oficiales, las restricciones impuestas por la censura y las conversaciones de la ciudad comenzaban a mostrarle que el avance japonés no estaba erosionando únicamente las posiciones militares, sino también la confianza en la administración colonial y en la supuesta invulnerabilidad de Malaya:
Viernes, 2 de enero:
Es asombroso cómo los ataques japoneses de cada noche se llevan a cabo casi a la misma hora. Por lo general, los reflectores los localizan, pero siguen adelante para soltar sus bombas en perfecta formación y, hasta ahora, no los he visto romperla ante el fuego antiaéreo.
La artillería antiaérea ha mejorado un poco, pero todavía dista mucho de ser eficaz. Los japoneses dan la impresión de una completa indiferencia ante las defensas británicas. Evidentemente, estos bombarderos llegan desde bastante lejos, pues sus bombas son más bien ligeras. Solo dejan un cráter de tres pies de profundidad y cuatro pies de diámetro.
Por todo lo que he podido averiguar, los británicos todavía no muestran una capacidad especial de adaptación a los métodos japoneses de combate en la selva. En otras palabras, continúan cargando sus mochilas de cuarenta libras y combatiendo de la misma manera que antes de que los japoneses comenzaran a enseñarles sus ingeniosas tretas de infiltración.
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Los militares de aquí han adoptado la actitud de que esta es su guerra y no quieren interferencias. La administración colonial es demasiado tradicional como para reconocer que este es el siglo XX. A la población asiática apenas se le comunica una mínima fracción de la verdad, se le niega toda función dirigente y se le impide guiar su propio destino.
Es brutal. Muchas de estas personas van a morir. Se supone que deben mantenerse serenas, tranquilas y valerosas ante los bombarderos y el avance de los japos. Pero las autoridades no confían en que tengan el valor necesario para saber lo que está ocurriendo. No se les ha ofrecido ninguna visión de lo que significaría la victoria. A los malayos, en especial, les resulta indiferente que estén aquí los británicos o los japos.
Estoy convencido de que prácticamente todos los malayos y la mayoría de los chinos e indios de aquí no sienten que estén luchando por la libertad, sino solo por mantener un sistema que ya no desean. No creo que en sus corazones existan el sueño y la realidad de una guerra del pueblo.
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El general Pownall publicó anoche un comunicado en Kuala Lumpur, pero ninguno de los periódicos ni corresponsales de Singapur lo recibió. El único lugar donde apareció fue en el periódico de Kuala Lumpur. Decía: “La intención es combatir por cada pulgada de terreno a lo largo de la península. Una ayuda considerable viene en camino”.
Pidió que nadie prestara atención a la radio de Penang ni a los panfletos arrojados por los japoneses.
El Malaya Mail, que publicó el comunicado, afirmó: “Puede aceptarse como una declaración tajante de política. Interpretado de manera bastante justa, indica que los días de mantenerse a la defensiva han terminado. Es el anuncio claro y explícito de un combatiente que se propone contraatacar”.
A mí me parecen palabras vacías y no veo indicio alguno de que haya concluido la etapa defensiva. Por supuesto, el general Pownall tiene intención de contraatacar. Me pregunto si el Malaya Mail quiere decir que los británicos simplemente no van a ofrecer la otra mejilla. En fin, espero que sirva para levantar la moral.
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Escribí esta noche en mi guion: “Singapur aún no se ha recuperado de la conmoción de encontrarse en guerra; todavía no ha comprendido el terror que los japoneses pueden descargar sobre una ciudad. Hay amargura —el censor cambió esa palabra por ‘asombro’— en el corazón de la gente de aquí porque la guerra haya llegado cuando estaban tan seguros de que no llegaría. Y el hecho de que haya llegado con tanta rapidez y haya producido resultados tan desfavorables en unas pocas semanas aterradoras ha aumentado la amargura. El censor volvió a cambiar esa palabra por ‘asombro’.
“La mayor amargura —esta vez el censor la cambió por ‘ansiedad’— en el corazón de la población de Malaya procede del derrumbe de la ilusión de ser invulnerables. Esa ilusión nació de la propaganda difundida aquí. Les dijeron que Malaya disponía de enjambres de bombarderos y cazas capaces de derribar cualquier cosa que Japón se atreviera a enviar. La gente de aquí está desprendiéndose ahora de todas esas ideas. Encuentra doloroso ese proceso”.
Si deseas saber más, lee Suez to Singapore [Del Suez a Singapur], de Cecil Brown.
El 2 de enero, Kampar seguía en manos de sus defensores. La posición no había sido rota por un asalto frontal. Los ataques habían sido contenidos y los defensores habían recuperado el terreno perdido. Sin embargo, el desembarco en Telok Anson amenazaba la carretera y las comunicaciones que sostenían toda la defensa.
La orden de retirada mostró una de las características decisivas de la campaña de Malaya. No bastaba con conservar una posición cuando el enemigo podía infiltrarse por la selva, avanzar por los ríos o desembarcar detrás de ella. Una línea todavía firme en su frente podía perder su valor en cuanto quedaba amenazada su retaguardia.
En Singapur, la misma pérdida se medía de otra manera. Los censores podían sustituir “amargura” por “asombro” o “ansiedad”, pero no podían devolver a la población la certeza de que Malaya era invulnerable. Los comunicados seguían prometiendo resistencia y refuerzos mientras las tropas emprendían una nueva retirada hacia el sur.
Kampar había resistido aquella jornada. La ilusión de invulnerabilidad ya comenzaba a quedar atrás.

Soldados japoneses con cascos y equipo de camuflaje cruzan un arroyo durante la campaña de Malaya, 26 de enero de 1942. Los cursos de agua, la selva y las pequeñas embarcaciones facilitaron los movimientos con los que las fuerzas japonesas amenazaron repetidamente los flancos y las comunicaciones británicas. (Foto: Australian War Memorial, 127898 / dominio público).

Civiles buscan refugio durante un bombardeo japonés en el bloque 78 de Guan Chuan Street, en Tiong Bahru, Singapur, en diciembre de 1941. Para comienzos de enero de 1942, los ataques nocturnos se habían convertido en parte de la vida de la ciudad, tal como la describía Cecil Brown. (Foto: Imperial War Museums, KF 102 / IWM Non-Commercial License / Frederick E. Palmer).

Soldados indios recién llegados desembarcan con su equipo en Singapur, noviembre de 1941. Las unidades de la India británica soportaron una parte fundamental de los combates terrestres durante la campaña de Malaya. (Foto: Imperial War Museums, FE 222 / IWM Non-Commercial License / Frederick E. Palmer).

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