No todos los comandantes de U-Boats eran tan resueltos como Reinhard Hardegen del submarino U-123. El U-581 fue atacado y hundido por el HMS Westcott, bajo las órdenes del comandante Ian Hamilton Bockett-Pugh, al suroeste de las Azores, el 2 de febrero. Una vez más la crónica del ataque fue reconstruida por la Inteligencia Naval británica al interrogar a los sobrevivientes:

La malquista tripulación del U-581

Una vista del destructor HMS Westcott de la Marina Real inglesa, fotografiado en 1943.

El U-581 estaba en los estrechos entre las Islas Pico y Fayal en las primeras horas del 2 de febrero de 1942, navegando con dirección al nornoroeste, cuando se percató de la presencia de uno o más destructores británicos y por lo que se vio obligado a sumergirse inmediatamente.

 

Disparó un torpedo desde el tubo de popa al más cercano de los dos destructores, pero se admitió que se desvió de su marca. Todavía no había luz del día, pero había luna llena. Mientras que el U-581 se sumergió a una profundidad de 80 metros, se reventó un remache de la brida de babor cuando cedió el tubo de escape y con ello el cuarto de máquinas comenzó a inundarse. Se hicieron grandes esfuerzos para controlar la entrada del agua, pero éstos fueron en vano, debido a la presión a esa profundidad. La inundación a estribor no sólo hizo difícil mantener el nivel mientras estaba sumergido, sino que también amenazaba poner los motores eléctricos fuera de acción.

 

Prevalecía una atmósfera de pánico y el U-581 empezó a sumergirse a una profundidad de 160 metros de forma involuntaria. El oficial al mando ordenó que los tanques fueran vaciados y el U-581 subió a unos 20 metros de la superficie; por encima se escuchaba claramente el sonido de las hélices de los destructores. El oficial de máquinas solicitó al capitán que se sumergieran de nuevo, temiendo que pudieran chocar con las naves atacantes. El capitán accedió a esta petición y una vez más el bote se sumergió, un poco fuera de control, a aproximadamente unos 150 metros. Pero esto probó ser demasiado para los nervios del oficial al mando y finalmente dio la orden de salir a superficie.

Después de que el U-581 surgió a la superficie, el HMS Westcott pudo arremeter contra él:

La tripulación del U-Boat había abandonado la nave unos cinco segundos antes del impacto. No se hizo ningún intento por atacar al Westcott con los cañones de cubierta. El H.M.S. Westcott se estaba preparando para una segunda embestida, pero antes de que esto ocurriera, la proa del U-581 se levantó por encima del agua y se hundió por la popa a más de 400 brazas [unos 731 metros].

Al igual que la reconstrucción de los detalles de los ataques a U-Boats, de donde podía extraerse información táctica muy útil, en general la Inteligencia Naval buscaba consolidar un panorama amplio de las operaciones del orden de batalla de los U-Boat. Los miembros de la tripulación del U-581 no eran un grupo muy entusiasta y aparentemente estaban listos para proporcionar mucha información acerca de otros submarinos alemanes operando desde su base, lo exitosos que habían sido y dónde habían estado operando. La moral general y el estado de ánimo de las tripulaciones de los U-Boat resultaban de igual interés –y en este caso la tripulación del U-581 resultó ser muy explícita en sus comentarios acerca de sus salarios y condiciones- y no por ello menos importantes que los detalles proporcionados acerca de sus propios oficiales.

 

Sobre el Kapitänleutnant Werner Pfeifer:

Él había estado en términos muy amigables con el oficial de máquinas antes de la guerra y hay muy poca duda de que, voluntariamente o inconscientemente, se había permitido así mismo caer bajo la maléfica influencia de este hombre. Pfeifer daba la impresión de ser un tipo informal, que no tomaba su carrera submarinista muy en serio. Aunque probablemente se encontraba contento de tener su propio mando, no se le veía particularmente enérgico o entusiasta en la persecución de los barcos enemigos.

 

Se dijo que, en una ocasión, cuando se había avistado a un destructor británico, se retiró con el siguiente comentario: ‘tengo que ir al baño por un momento’, a pesar de las súplicas de sus subalternos para que tomara la ofensiva. Al regresar, el destructor no se encontraba en una posición favorable para el ataque. Tal falta de entusiasmo tuvo un efecto depresivo en su tripulación, quien no tardó en mostrar su disgusto al retornar a puerto sin banderines desplegados, mientras que otros U-Boat acostumbraban mostrar varios, uno por cada buque hundido. Se comentó que ni siquiera había deseado a su tripulación una feliz Navidad o un próspero Año Nuevo. En un contraste profundo con algunos de los comandantes más populares, él no permitía alcohol a bordo de su bote.

Pfeifer manifestó una protesta por su captura, diciendo que todo había sido un error –que él se encontraba en aguas neutrales al momento de su hundimiento, que no había torpedeado a nadie y que no debería ser considerado como un prisionero de guerra sino que debería dejársele ir a un país neutral-.

 

El oficial de máquinas, Helmut Krummel, fue descrito como el genio maléfico del bote:

Si su actitud durante el interrogatorio resulta una indicación de su comportamiento a bordo, entonces su poca popularidad no resulta ser una sorpresa. Se contaron relatos de cómo había prohibido a la tripulación escuchar música, a menos que él, personalmente, diera las órdenes para tal efecto. Asimismo, se hizo el comentario que no había un solo oficial u hombre de rangos inferiores del U-581 que no hubiese recibido castigos a sus manos. En una ocasión, un suboficial había amenazado a Krummel con violencia personal en presencia de otros oficiales. Oficiales del U-93 lo describieron como una persona que siempre estaba tratando de encontrar los defectos en la personalidad de otros individuos e ignorar lo bueno.

Si deseas saber más, visita el sitio U-Boat Archive.

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