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Batalla aérea desigual en el Golfo de Vizcaya

El enorme hidroavión Short Sunderland tenía una tripulación de 9, pero podía acomodar hast

El enorme hidroavión Short Sunderland fue uno de los patrulleros marítimos más reconocibles del Comando Costero. El 2 de junio de 1943, el Sunderland EJ134 “N for Nuts”, del Escuadrón Nº 461 RAAF, fue atacado por ocho Junkers Ju 88 sobre el Golfo de Vizcaya y sobrevivió tras un combate de casi tres cuartos de hora.

El Golfo de Vizcaya era uno de los espacios más peligrosos de la guerra aérea y naval. Desde los puertos franceses ocupados —Brest, Lorient, Saint-Nazaire, La Pallice y Burdeos— los U-Boote alemanes salían al Atlántico o regresaban de sus patrullas. Por eso, el Comando Costero de la RAF y los escuadrones de la Commonwealth patrullaban la zona con aviones de largo alcance, intentando detectar submarinos en tránsito y cerrar una de las rutas vitales de la guerra submarina alemana.

Pero en 1943 los cazadores también se habían convertido en presa. La Luftwaffe reforzó la defensa del Golfo de Vizcaya con aviones de largo alcance, entre ellos los Junkers Ju 88, capaces de atacar a los patrulleros aliados lejos de la costa. Para las tripulaciones de los Sunderland, aquella zona era conocida como “Tiger Country”: un territorio donde un avión aislado podía encontrarse de pronto rodeado por cazas enemigos, sin paracaídas útiles sobre el mar y sin ninguna “retaguardia” donde caer.

Aquel día, el Short Sunderland Mk III EJ134, código N/461, conocido como “N for Nuts”, del Escuadrón Nº 461 de la Real Fuerza Aérea Australiana, despegó de Pembroke Dock a las 13:30. Su misión era una patrulla antisubmarina y, al mismo tiempo, una búsqueda relacionada con el avión civil BOAC Flight 777, derribado el día anterior sobre el Golfo de Vizcaya con diecisiete personas a bordo, entre ellas el actor Leslie Howard.

Hacia las 19:00, mientras el Sunderland patrullaba sobre el Golfo de Vizcaya, fue atacado por ocho Ju 88. El combate duró alrededor de 45 minutos. El avión quedó gravemente dañado; un motor fue destruido, la radio quedó inutilizada y el sargento E. C. E. Miles resultó mortalmente herido. Aun así, la tripulación reclamó tres Ju 88 destruidos y logró llevar el Sunderland hasta la costa de Cornualles, donde fue varado en Praa Sands.

Ivan Southall, miembro del Escuadrón 461, reconstruyó la batalla con un estilo narrativo intenso, basado en la experiencia de la unidad y en los relatos de sus compañeros:

1855 horas. Las torretas se movían lentamente mientras los ojos se esforzaban bajo la luz del sol. Aquello era, en verdad, Tiger Country: un matadero, un escenario para una obra de suspenso y ferocidad, donde todos los hombres, en un momento u otro, conocían el significado del miedo. Allí no había paracaídas ni patriotas en la retaguardia.

1900 horas. Goode, girando su torreta de cola hacia la derecha, se detuvo de pronto. Sus ojos se agrandaron y el corazón le dio un vuelco.

 

Cola a Control —ladró—. Ocho aviones. Treinta grados por la aleta de babor. Seis millas. Mil pies por encima.

Pausa. Silencio eléctrico. Uno o dos instantes de conmoción.

Simpson saltó de pronto hacia el astrodome. Walker abrió los aceleradores al máximo y dio la alarma. Dowling accionó las palancas de paso de hélice, y los motores aullaron a dos mil seiscientas revoluciones por minuto.

Control a Cola. ¿Puede identificar esos aviones?

 

Bimotores —dijo Goode—. Probablemente Junkers 88.

Lo eran. Entraron barriendo el cielo a gran velocidad.

 

Capitán a operador de radio —la voz de Walker era tensa y urgente—. Mensaje al Grupo. Prioridad O/A. Atacados por ocho Ju 88… ¿Cómo está ese motor interior, ingeniero?

Ni peor, capitán. Ni mejor.

 

Capitán a galera. ¿Tienen fuera los soportes de bombas?

Listo, capitán.

 

Bien. Bombas fuera. Tienen que trabajar rápido. Metan los soportes, cierren las compuertas y pónganse con las ametralladoras de la galera. ¿Quién está abajo para manejarlas?

Miles en estribor, señor. Lane en babor.

Gracias.

Control a todas las posiciones —era Simpson otra vez—. Se han desplegado alrededor de nosotros. No disparen hasta que estén al alcance. No abran fuego antes de seiscientas yardas. Tres están por el través de estribor; tres por el través de babor; uno en cada aleta. Distancia: mil quinientas yardas. Mil quinientos pies arriba.

Simpson hizo una pausa y todos esperaron. De pronto, su voz volvió a oírse: precisa, tranquila, aunque cargada de urgencia.

 

Bien. Ya vienen. Uno se separa por cada través. Prepárense para maniobra en sacacorchos. Mil doscientas yardas. Mil yardas. Están disparando. Prepárense para sacacorchos a estribor. Ochocientas yardas. Sacacorchos a estribor. ¡Ahora!

Walker metió el volante con un violento golpe de fuerza. El Sunderland cayó en una pronunciada maniobra de sacacorchos. Proyectiles y trazadoras lo atravesaron.

Sacacorchos a babor. Babor. Ahora babor. ¡Ahora!

Walker invirtió los controles con furia. El hidroavión se estremeció por el impacto y trepó vertiginosamente hacia la izquierda.

El motor exterior de babor estalló en llamas. Humo y fuego se dispersaron sobre el ala. Balas incendiarias desgarraron la cabina. La brújula de Walker reventó y lo roció con alcohol en llamas. Fuego líquido salpicó el puente y cayó por la escalerilla hacia el compartimiento de proa.

Entre la confusión de sonidos, vibraciones y humo asfixiante, Walker oyó a Simpson instarlo a nivelar el avión. Pero otros dos Ju 88 ya venían de camino. Habían probado sangre. Habían acertado en el primer ataque. Venían gritando por la presa.

Walker le gritó a Dowling:

 

¡Toma el mando! ¡Vuela tú! Tenemos que apagar estos incendios.

Amiss arrancó el extintor de su soporte en el mamparo y lo descargó de lleno sobre el capitán, porque Walker estaba ardiendo.

La voz serena de Simpson seguía llegando por los auriculares:

 

Ochocientas yardas —decía—. Sacacorchos a babor… sacacorchos a babor…

 

Walker lo oía, pero no veía nada. Sólo olía el humo y el líquido del extintor. Ahora el Sunderland volvía a caer y Dowling luchaba con los controles. Amiss, colgado de su extintor y aferrándose a cualquier cosa que pudiera servirle de apoyo, perseguía los incendios. Walker pulsó el interruptor Graviner para extinguir el motor en llamas. El fuego se apagó en nubes de humo blanco que el avión dejó tras de sí como una estela ondulante. El motor estaba acabado. Las hélices giraban libres, arrastrando el aparato, y Dowling apenas podía con él.

Walker se volvió de nuevo hacia Amiss:

Dale al operador de radio un mensaje para el Grupo: “En llamas”.

Los Ju 88 seguían entrando, una y otra vez. Insistían en sus ataques con furia creciente y valor temerario, y Dowling apenas podía sostener el avión. Tiraba como una cosa enloquecida hacia babor, hacia el motor muerto. Movía las compensaciones tan rápido como le permitía la mano, pero aquello no aliviaba la presión; seguía teniendo todo el peso del cuerpo clavado contra el pedal del timón para mantener el control.

La voz de Simpson bajó de pronto de tono.

 

Se están reagrupando. Han vuelto a las aletas y a los traveses.

Hubo una pausa, un respiro de unos segundos. Amiss dominó los incendios en el puente y Walker volvió a tomar los controles. Hubo un breve silencio en el intercomunicador. Estaban en un problema terrible y no había un solo hombre a bordo que intentara engañarse pensando lo contrario.

De pronto, una voz nueva sonó por el intercomunicador. Era Fuller, en la torreta central, allá arriba, bajo la luz debilitada del sol. Estaba cantando:

 

Praise the Lord and pass the ammunition, Praise the Lord and pass the ammunition. [¡Alabado sea el Señor y pasen las municiones! ¡Alabado sea el Señor y pasen las municiones!]

Ya vienen —dijo Simpson—. Uno desde babor y uno desde estribor. Abren fuego a mil yardas. Primero iremos a estribor. Ochocientas yardas. Viren y piquen a estribor. ¡Ahora!

Más cerrado, capitán. Ahora a babor. Babor. Sacacorchos a babor. Viene directo. Tan cerrado como pueda, Col.

Proyectiles y balas se estrellaron contra el Sunderland. La torreta de cola disparó contra el caza que se aproximaba rápidamente por babor, pero la torreta central no lo hizo.​

Si deseas saber más, lee They Shall Not Pass Unseen [No pasarán sin ser vistos], de Ivan Southall. Los libros para niños de Ivan Southall se han publicado en muchos idiomas; sin embargo, esta primera memoria de sus vuelos en tiempos de guerra es difícil de conseguir, aunque en raras ocasiones pueden encontrarse copias usadas.
 

La escena anterior no cubre todo el combate, sino solo el comienzo de una lucha mucho más larga. Durante unos 45 minutos, el Sunderland EJ134 “N for Nuts” siguió siendo atacado por los Ju 88. El avión quedó perforado por impactos, perdió un motor, sufrió incendios y daños graves, pero sus artilleros lograron derribar o dañar a varios atacantes. El sargento E. C. E. Miles fue mortalmente herido y K. McD. Simpson resultó herido en las piernas.

Lo extraordinario de la acción fue que un hidroavión de patrulla, grande y relativamente lento, sobrevivió a un ataque coordinado de cazas bimotores alemanes. El Sunderland tenía fama de resistente y bien armado, pero aquella tarde el combate dependió de algo más que de la estructura del avión: coordinación interna, disciplina de tiro, maniobras violentas, extinción de incendios en pleno vuelo y la capacidad de una tripulación herida para seguir funcionando cuando todo parecía perdido.

El avión logró regresar hacia Gran Bretaña y fue varado en Praa Sands, Cornualles, a las 22:48. Los diez supervivientes pudieron salir, pero el Sunderland quedó destruido por el oleaje. La acción se convirtió en una de las historias más recordadas del Escuadrón 461. El propio resumen del libro de Southall destaca este episodio como “The Great Combat” [El Gran Combate]: ocho Ju 88 contra un solo Sunderland sobre el Golfo de Vizcaya.

Dos artilleros en el Short Sunderland Mark I, N9027, del Escuadrón Nº 210 de la Real Fuerz

Dos artilleros en un Short Sunderland Mark I del Escuadrón Nº 210 de la RAF, con ametralladoras Vickers K de .303 montadas en las escotillas superiores del fuselaje. En el Sunderland de Walker, los puestos de tiro laterales y las torretas fueron esenciales para mantener alejados a los Ju 88 durante el combate.

El Ju 88 fue convertido en un pilar de la flota de la Luftwaffe, pero había pasado mucho t

El Junkers Ju 88 fue uno de los aviones alemanes más versátiles de la guerra. En el Golfo de Vizcaya, versiones de caza de largo alcance fueron empleadas para atacar a los patrulleros aliados que vigilaban las rutas de salida y regreso de los U-Boote.

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