La Resistencia francesa cae en la trampa de Caluire

Jean Moulin, representante de Charles de Gaulle ante la Resistencia interior francesa y presidente del Consejo Nacional de la Resistencia.
En junio de 1943, Francia vivía una guerra dentro de la guerra. Mientras los Aliados preparaban sus siguientes movimientos en el Mediterráneo y la Unión Soviética seguía soportando el inmenso peso del frente oriental, la ocupación alemana en Francia se había vuelto más estrecha, más policial y más peligrosa para quienes actuaban en la clandestinidad.
La Resistencia francesa no era todavía una fuerza uniforme. Estaba hecha de movimientos distintos, redes de información, prensa clandestina, sabotajes, enlaces con Londres, grupos armados y organizaciones políticas que no siempre confiaban unas en otras. Para sobrevivir y ser útil cuando llegara el momento de la liberación, necesitaba algo más difícil que el valor individual: una coordinación común.
Jean Moulin había sido enviado por Charles de Gaulle precisamente para esa tarea. Bajo identidades falsas, entre citas secretas, papeles escondidos y viajes en los que cada control podía ser el último, trabajó para reunir movimientos, partidos y sindicatos en una estructura común. El 27 de mayo de 1943, en París, la primera reunión del Consejo Nacional de la Resistencia había dado forma política a esa unidad todavía frágil.
Pero la clandestinidad tenía su propia vulnerabilidad. El 9 de junio, el general Charles Delestraint, jefe de la Armée secrète, fue arrestado en París. Había que nombrar un sucesor. Para discutirlo, varios responsables de la Resistencia se reunieron el 21 de junio en Caluire-et-Cuire, cerca de Lyon, en la casa del doctor Frédéric Dugoujon.
André Malraux evocaría ese momento más de veinte años después, el 19 de diciembre de 1964, durante el traslado de las cenizas de Jean Moulin al Panteón. No era una crónica contemporánea de la redada, sino un discurso de memoria nacional. Su fuerza no estaba en reconstruir minuto por minuto la detención, sino en situar a Moulin dentro de la larga noche de la Resistencia francesa:
La Resistencia fue ganando fuerza; los refractarios al Servicio de Trabajo Obligatorio pronto tomarían el camino del maquis. La Gestapo también se estaba haciendo fuerte y la Milice estaba por todas partes. Era un momento en el que, en el campo, escuchábamos tensamente los ladridos de los perros en lo profundo de la noche; un momento en que paracaídas multicolores, cargados de armas y cigarrillos, caían del cielo a la luz de bengalas encendidas en los claros de los bosques o en las mesetas barridas por el viento; un tiempo de sótanos y de los gritos desesperados de las víctimas de la tortura, con voces como las de niños... La gran batalla en la oscuridad había comenzado.
El 27 de mayo de 1943, la primera reunión del Consejo Nacional de la Resistencia se celebró en París, en la rue du Four.
Jean Moulin reiteró los objetivos de la Francia Libre: “proseguir la guerra; restaurar la libertad de expresión de los franceses; restablecer las libertades republicanas en un Estado que incorpore la justicia social y que posea un sentido de grandeza; trabajar con los Aliados en el establecimiento de una colaboración internacional real, tanto económica como social, en un mundo en el que Francia haya recuperado su prestigio”.
Luego dio lectura a un mensaje del general de Gaulle, en el que se asignaba al primer Consejo de la Resistencia su objetivo principal: mantener la unidad de la Resistencia que representaba.
Cada uno de sus miembros vivía todos los días en peligro de muerte. El 9 de junio, el general Delestraint, comandante de la Armée secrète, unificada al fin, fue hecho prisionero en París.
No había ningún sucesor evidente, como sucede tan a menudo en el mundo clandestino. Antes de la llegada de Serreules, Jean Moulin dijo en muchas ocasiones:
—Si me hubieran capturado, ni siquiera habría tenido tiempo de instruir a un sustituto…
Quería que el nombramiento de un sucesor se hiciera con el acuerdo de los movimientos de Resistencia, en particular de los del sur. Debía reunirse con sus representantes el 21 de junio en Caluire.
Ellos lo esperaban.
También la Gestapo.
La traición tuvo su parte —como también la tuvo el destino—, que hizo que el normalmente puntual Jean Moulin llegara tres cuartos de hora tarde, solo para que su retraso coincidiera con el retraso de la policía alemana. Muy pronto, ellos supieron que habían capturado al jefe de la Resistencia.
De poco les sirvió. En el fuerte de Montluc, en Lyon, el día en que el agente de la Gestapo le entregó material para escribir, porque la tortura lo había dejado sin poder hablar, Jean Moulin dibujó una caricatura de su torturador. En cuanto a lo que siguió, volvamos a las palabras descarnadas de su hermana: “Su papel había terminado y comenzó su calvario. Burlado, salvajemente golpeado, con la cabeza sangrante y los órganos internos rotos, alcanzó los límites del sufrimiento humano sin traicionar un solo secreto, él, que lo sabía todo”.
Que quede bien claro que durante los días en que todavía fue capaz de hablar o escribir, el destino de toda la Resistencia dependió del valor de este hombre. Como lo expresó Mademoiselle Moulin, él lo sabía todo.
Si deseas saber más, visita el sitio Massachusetts Institute of Technology OpenCourseWare, sección “Transfer of Jean Moulin’s ashes to the Panthéon — Speech by André Malraux”.
El discurso de Malraux sitúa a Jean Moulin en la memoria de Francia. Pero el día de Caluire también puede verse desde una escala más inmediata: la casa del médico, los hombres que llegaron en grupos separados, la frase convenida, la sala de espera, el primer piso, la irrupción repentina de los agentes alemanes.
El Centro de Historia de la Resistencia y la Deportación de Lyon conserva dos voces breves que permiten acercarse a ese instante: la de André Lassagne, presente en la habitación donde entró la Gestapo, y la de Marguerite Brossier, gobernanta del doctor Dugoujon, que vio después la huida de René Hardy:
Fue la irrupción, en la habitación donde nos encontrábamos, de cuatro o cinco policías alemanes, armados con pistolas y metralletas. Hubo una rápida confusión de puñetazos y culatazos, y muy pronto nos encontramos con las manos atadas con esposas, de cara a la pared…
André Lassagne
Vi bajar a uno de los tres hombres que habían subido juntos, escoltado por cuatro hombres de la Gestapo… escapó… Los alemanes se pusieron a gritar y a disparar… Después, al pensarlo, me sorprendió que no lo hubieran matado, porque le disparaban desde muy cerca…
Marguerite Brossier
Si deseas saber más, visita el Centre d’Histoire de la Résistance et de la Déportation de Lyon, sección “Comment Jean Moulin est-il mort?”
La escena dejó desde el principio una zona de sombra. René Hardy, miembro del movimiento Combat y responsable del NAP-Fer, logró escapar de Caluire. La facilidad de esa huida, su arresto previo, no revelado en Chalon-sur-Saône, y las declaraciones posteriores de Klaus Barbie alimentarían una sospecha persistente. Hardy sería juzgado después de la guerra y absuelto, pero la pregunta no desaparecería del todo.
Lo que sí quedó claro fue la magnitud del golpe. En una sola tarde, la Gestapo había detenido a Jean Moulin, representante de De Gaulle y presidente del Consejo Nacional de la Resistencia, junto con varios responsables de la organización militar clandestina. Los arrestados fueron llevados al Sipo-SD y luego a la prisión de Montluc. Moulin, protegido al principio por su falsa identidad como Jacques Martel, fue identificado posteriormente.
A partir del 24 de junio, Jean Moulin fue golpeado y torturado durante varios días por Klaus Barbie y sus hombres. La cronología exacta de sus últimos días conserva algunas incertidumbres, pero las fuentes más aceptadas sitúan su muerte probablemente el 8 de julio de 1943, durante el traslado hacia Alemania, tras nuevos interrogatorios en la región parisina.
En Caluire, la Resistencia no perdió solo a un hombre. Perdió a quien había logrado reunir, aunque fuera de manera precaria, movimientos que podían haberse desgarrado entre rivalidades políticas, desconfianzas y urgencias militares. La unidad que Moulin había construido no desapareció con su captura, pero quedó marcada por ella.
El 21 de junio de 1943 no hubo una batalla en campo abierto ni un avance visible en los mapas. Hubo una puerta que se abrió en una casa de las afueras de Lyon, unos hombres inmovilizados contra la pared y una organización clandestina golpeada en su núcleo. Antes del Panteón, antes del símbolo y antes de la memoria nacional, Jean Moulin fue un prisionero con un nombre falso, llevado a la oscuridad por haber intentado unir a quienes todavía combatían desde ella.

Diagrama alemán de mayo de 1943 sobre la estructura atribuida a la Armée secrète en el sudeste de Francia. La imagen ilustra el esfuerzo alemán por comprender y penetrar las redes de la Resistencia, aunque no corresponde directamente a la redada de Caluire.

Registro de detenidos tras la redada del 21 de junio de 1943. Jean Moulin aparece inscrito bajo la identidad falsa de “Jacques Martel”, el nombre que dio al ser arrestado en Caluire.

Casa del doctor Frédéric Dugoujon en Caluire-et-Cuire, donde Jean Moulin fue arrestado junto a otros miembros de la Resistencia el 21 de junio de 1943. La fotografía muestra el lugar del episodio, no la redada en sí. (Foto: Gremana / Wikimedia Commons).

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