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La Marina francesa hunde su propia flota en Toulon

La flota francesa en llamas en Toulon, después de que los alemanes intentaron apoderarse d

La flota francesa en llamas en Toulon, después de que los alemanes intentaron apoderarse de los buques, el 27 de noviembre de 1942.

El régimen de Vichy en Francia había llegado a un acuerdo con Hitler tras la ocupación de 1940. Sólo la mitad de Francia fue ocupada por los nazis; el resto era nominalmente una nación independiente gobernada desde la ciudad de Vichy.

Las fuerzas armadas francesas no desempeñarían ninguna otra tarea durante la guerra, de acuerdo con el armisticio. Sin embargo, los británicos habían llegado a los golpes con su exaliado en Orán y en Madagascar. Más recientemente, los desembarcos de la Operación Antorcha [Torch] habían llevado a Francia a entrar en conflicto con los Estados Unidos, antes de que las colonias finalmente decidieran llegar a un acuerdo con las fuerzas de ocupación aliadas.

Como resultado de la ocupación de la Marruecos francesa y Argelia, Hitler decidió ocupar toda Francia llevando a cabo Fall Anton. Los franceses se vieron obligados a adoptar una nueva postura. ¿Acaso permanecerían al margen y permitirían que Alemania confiscara la totalidad de la flota naval francesa, o actuarían con decisión para negarle a Alemania sus naves?

Había quienes sostenían que la flota debería zarpar para unirse a los aliados, pero sus argumentos no prevalecieron. El día 11, mientras las tropas alemanas e italianas rodeaban Toulon, el secretario de la Armada de Vichy, el almirante Auphan, ordenó al almirante Jean de Laborde y al almirante André Marquis lo siguiente:

—Opónganse, sin derramar sangre, a la entrada de tropas extranjeras en cualquiera de los establecimientos, bases aéreas y edificios de la Marina;

 

—del mismo modo opónganse a la entrada de tropas extranjeras a bordo de buques de la Flota; busquen acuerdos por medio de la negociación local, y

 

—si lo anterior no fuese posible, hundan los barcos.

La decisión se tomó de forma forzada el 27 de noviembre, cuando los tanques alemanes se acercaron a la base naval.

 

Los franceses lograron hundir la mayor parte de sus buques: 3 acorazados, 7 cruceros, 15 destructores, 13 lanchas torpederas, 6 corbetas, 12 submarinos, 9 lanchas patrulleras, 19 barcos auxiliares, un buque escuela, 28 remolcadores, 4 grúas flotantes. Los barcos no solo fueron hundidos, sino también dañados hasta el punto de quedar completamente fuera de uso y sin posibilidades de reparación.

 

Sólo 4 submarinos, 3 destructores, 39 barcos pequeños fueron capturados con éxito por Alemania. Las bajas entre los franceses fueron de 12 muertos y 26 heridos.

Entre los pocos navíos que lograron escapar se encontraba el submarino Casabianca, comandado por el capitán de corbeta Jean L’Herminier. En sus memorias, publicadas tras la guerra, L’Herminier describió los instantes de tensión y las explosiones que sacudieron el puerto mientras su submarino abandonaba Toulon rumbo a África del Norte para continuar la lucha:

Poco antes del amanecer llegó la alarma: las tropas alemanas habían entrado en Toulon.

Desde hacía semanas habíamos preparado discretamente el submarino para una eventual salida de emergencia. Las baterías estaban cargadas, el giroscopio en funcionamiento y las amarras listas para ser soltadas en cuestión de segundos.

Mientras en el puerto comenzaban a escucharse los primeros disparos y el movimiento de vehículos militares, dimos la orden de largar las amarras. El Casabianca se deslizó lentamente fuera de su atracadero, en silencio, utilizando únicamente los motores eléctricos, avanzando entre los muelles aún oscuros, mientras las unidades alemanas intentaban tomar el control de la base naval.

...

Al aproximarnos a la salida del puerto, comenzaron a escucharse las primeras explosiones.

Los barcos de la flota francesa estaban siendo destruidos por sus propias tripulaciones. Columnas de humo negro se elevaban sobre el arsenal mientras los depósitos de municiones estallaban uno tras otro.

A bordo del Casabianca todos comprendíamos la magnitud del momento. Francia estaba hundiendo su propia flota para impedir que cayera en manos alemanas.

Una vez en mar abierto, ordené la inmersión inmediata. El submarino descendió bajo las aguas del Mediterráneo y, mientras nos alejábamos de Toulon, el resplandor de los incendios aún iluminaba el horizonte.

Si deseas saber más, lee "Casabianca", de Jean L’Herminier.

La tripulación de un Panzer IV mira con impotencia como se incendian las naves francesas..

La tripulación de un Panzer IV mira con impotencia como se incendian las naves francesas.

El acorazado francés Marseillaise [Marsellesa], ardiendo y hundiéndose en Toulon, Francia.

El acorazado francés Marseillaise [Marsellesa], ardiendo y hundiéndose en Toulon, Francia.

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