La política de tierra quemada de Stalin

Hombres y mujeres rusas rescatan sus humildes pertenencias de sus casas en llamas, las cuales fueron incendiadas por rusos, como parte de la política de tierra quemada, en un suburbio de Leningrado, el 21 de octubre de 1941.

A pesar de los intensos combates, los ejércitos soviéticos no habían sido capaces de contener a las fuerzas alemanas en su avance. La guerra relámpago parecía que tendría éxito una vez más y los soldados soviéticos hechos prisioneros eran considerables.

 

Ante esto, Stalin pronunció un discurso, el 3 de julio de 1941, exhortando a la continuación de la defensa de la Unión Soviética, dejando ver que la lucha sería hasta el último hombre y convocando a toda la población a adoptar una política de “tierra quemada”: ningún recurso podría caer en manos del enemigo.

 

La regla era simple, si un poblado estaba ante la inminente invasión de las fuerzas alemanas, los habitantes tenían la obligación de arrasar cuanto elemento material pudiera ser aprovechado por el enemigo. Al hacer esto, el suministro de las fuerzas alemanas comenzó a presentar problemas al no poder contar con el alivio que constituía hacerse de alimentos o bienes que fueran conquistados.

 

El llamamiento de Stalin para crear grupos de saboteadores para llevar a cabo esta tarea también hizo su aparición en este discurso:

El rápido avance de las fuerzas alemanas se encontró con una seria resistencia de partisanos detrás de sus líneas frontales. Aquí, cuatro guerrilleros con bayoneta calada y una pequeña ametralladora se observan en acción, cerca de un poblado pequeño.

¡Camaradas! ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y hermanas! ¡Hombres de nuestro Ejército y nuestra Marina!

 

¡Me dirijo a ustedes, amigos míos!

 

El pérfido ataque militar emprendido a nuestra patria, iniciado el 22 de junio por la Alemania de Hitler, continúa.

 

A pesar de la heroica resistencia del Ejército Rojo y aun cuando las mejores divisiones del enemigo y sus mejores unidades de la Fuerza Aérea han sido destrozadas y han encontrado la muerte en el campo de batalla, el enemigo sigue avanzando y lanzando fuerzas frescas al ataque.

 

Las tropas de Hitler han logrado capturar Lituania, una parte considerable de Letonia, la zona occidental de Bielorrusia [Rusia Blanca] y una parte de Ucrania occidental.

 

Las fuerzas aéreas fascistas están extendiendo el radio de operaciones de sus bombarderos y atacan Murmansk, Orsha, Mogilev, Smolensk, Kiev, Odesa y Sebastopol.

 

Un grave peligro acecha a nuestro país. ¿Cómo es posible que nuestro glorioso Ejército Rojo haya entregado un número de nuestras ciudades y distritos a los ejércitos fascistas? ¿Es cierto que las tropas fascistas alemanas son invencibles, tal como pregonan a los cuatro vientos continuamente sus jactanciosos propagandistas fascistas? ¡Por supuesto que no!

 

La historia demuestra que no existen ejércitos invencibles y que nunca han existido. El ejército de Napoleón era considerado invencible, pero fue derrotado sucesivamente por los ejércitos ruso, inglés y alemán. El ejército alemán del Káiser Guillermo durante el periodo de la primera guerra imperialista también era considerado invencible, pero fue derrotado en varias ocasiones por fuerzas rusas y anglo-francesas y finalmente aplastado por fuerzas anglo-francesas.

 

Lo mismo cabe decir del actual ejército fascista alemán de Hitler. Este ejército aún no había encontrado una resistencia seria en el continente. Sólo en nuestro territorio ha encontrado una resistencia considerable y, si como resultado de esta resistencia las mejores divisiones del ejército fascista alemán han sido derrotadas por nuestro Ejército Rojo, esto representa que también este ejército puede ser aplastado y será aplastado, tal y como les ocurrió a los ejércitos de Napoleón y Guillermo.

 

 

Debemos organizar una amplia red de ayuda al Ejército Rojo, asegurar refuerzos para sus soldados y proporcionarle todo lo que necesite, debemos organizar transporte rápido de tropas y carga militar y ayuda extensa a los heridos.

 

Debemos fortalecer la retaguardia del Ejército Rojo, subordinando todo nuestro trabajo a esta causa, todas nuestras industrias deben ponerse a trabajar con mayor intensidad para producir más rifles, ametralladoras, artillería, balas, proyectiles, aviones; hay que organizar la vigilancia de fábricas, centrales eléctricas, las comunicaciones telefónicas y telegráficas y organizar precauciones eficaces contra ataques aéreos en todas las localidades.

 

Debemos emprender una lucha implacable contra todos los agitadores en la retaguardia, desertores, contra todos los que se dedican a sembrar el pánico y rumores; exterminar espías, saboteadores y traidores a la patria, paracaidistas enemigos, y proporcionar ayuda rápida en todo esto a nuestros batallones destructores. Hay que tener en cuenta que el enemigo es astuto y sin escrúpulos, con experiencia en el engaño y la difusión de falsos rumores.

 

Hay que tener en cuenta todo esto y no ser víctimas de la provocación. Todos los que por su alarmismo y cobardía dificultan el trabajo de defensa, sin importar quiénes son, deben ser llevados inmediatamente ante un tribunal militar.

 

En caso de una retirada forzosa de las unidades del Ejército Rojo, todo el material rodante debe ser evacuado; el enemigo no debe encontrar una sola locomotora, un solo vagón, un solo kilo de cereal y ni tan sólo un litro de combustible. Los agricultores colectivos deberán llevarse su ganado y entregar toda su cosecha a las autoridades del Estado para ser transportado a la retaguardia. Todas las propiedades valiosas incluidos metales no ferrosos, granos y combustible que no pueda ser retirado, deberán ser destruidas sin falta.

 

En áreas ocupadas por el enemigo, deberán crearse unidades de guerrilla, tanto montadas como a pie, y deberán organizarse grupos de sabotaje para combatir a las tropas enemigas, fomentando la guerra de guerrillas en todas partes, para destruir puentes y carreteras, dañar líneas telefónicas y telegráficas, así como incendiar bosques, almacenes y medios de transporte.

 

En todas las regiones ocupadas deberán crearse condiciones insoportables para el enemigo y todos sus cómplices. Deberán ser acosados y aniquilados a cada paso que den y deberán frustrarse todas las medidas que tomen.

 

Esta guerra contra la Alemania fascista no puede considerarse una guerra ordinaria. No es sólo una guerra entre dos ejércitos, sino que también es una gran guerra de todo el pueblo soviético contra las fuerzas fascistas alemanas.

 

 

En esta guerra de liberación no estaremos solos.

 

En esta gran guerra encontraremos a unos aliados leales en los pueblos de Europa y América, incluido el pueblo alemán que ha sido esclavizado por los déspotas hitlerianos.

 

Esta guerra por la libertad de nuestro país se fundirá con el esfuerzo de los pueblos de Europa y América por su independencia, por las libertades democráticas. Será un frente común de pueblos que luchan por la libertad y contra la esclavización y las amenazas de esclavización de los ejércitos fascistas de Hitler.

 

En este contexto, la declaración histórica del primer ministro británico Churchill acerca de la ayuda a la Unión Soviética y la declaración del gobierno de Estados Unidos significando disposición para prestar ayuda a nuestro país, que sólo puede evocar un sentimiento de gratitud en los corazones de los pueblos de la Unión Soviética, son totalmente comprensibles y sintomáticos.

Si quieres saber más, lee “The World's Great Speeches” [Los grandes discursos del mundo], editado por Lewis Copeland, Lawrence W. Lamm y Stephen J. McKenna.

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