En el desierto de África del Norte, Rommel y sus Afrika Korps habían consolidado su posición después de la lucha indefinida de los días anteriores y una vez más se fue al ataque. Unidades alemanas e italianas se abrieron camino en contra de la resistencia británica.

 

La defensa británica estaba siendo férrea y provocaba bajas importantes en las fuerzas alemanas. Aunado al uso de los tanques Grant, las fuerzas aliadas contaban ahora con cañones antitanque más potentes. Sin embargo, para el anochecer, los alemanes habían penetrado una distancia considerable.

 

Esa noche Rommel le escribió a su esposa, expresando su confianza:

Rommel continúa su ataque sobre la Línea Gazala

Siempre cerca del frente de batalla. En la imagen el Zorro del Desierto, Erwin Rommel, en su vehículo de comando ‘Greif’.

31 de mayo de 1942

 

Amada Lu,

 

Estoy bien. La gran crisis de la batalla ha terminado y hasta ahora lo hemos hecho bien. Pero los próximos días serán todavía difíciles. Por desgracia, Cruewell ha caído en manos de los ingleses, con todo y su Storch, pero sigo con la esperanza de buscarle una salida.

Si deseas saber más, lee “The Rommel Papers” [Los documentos de Rommel], de Basil Henry Liddell-Hart.

 

En las líneas británicas enfrentando ese día a los Afrika Korps de Rommel se encontraba Ted Stonard, sirviendo en el cuerpo de Artillería Real, en el 72º Regimiento de Campo, 286ª Batería, Tropa E, de la 50ª División de Infantería; Stonard relató en su memoria su experiencia en el clímax de la batalla:

Un cañón antitanque de 6 libras montado en un camión en el Desierto Occidental, el 31 de mayo de 1942.

El último día comenzó con la habitual ‘alerta’ a las 5:30 am, una quietud ominosa saludó al destacamento mientras se paraban o arrodillaban alrededor de sus armas preguntándose que les traería el día, la comida no era más de importancia debido a que muchos estaban sufriendo de sed y muchos tenían los labios ampollados y las gargantas secas…

 

No tardó mucho en que a tropa comenzara a tener bajas, el Sub E (artillero E. Stonard) siendo el primero, un proyectil cerca del cañón y el artillero Lavendar (su nariz ya vendada varios días antes por una esquirla), mientras estaba postrado en su trinchera estrecha y poco profunda fue impactado por un gran pedazo de proyectil, rebanando a través de la parte carnosa de su muslo superior, astillando el hueso.

 

Al escuchar su grito, el artillero y cañonero Bristow fue en su ayuda, estaba consciente, pero en un estado de conmoción. Introduciéndole un cigarrillo en su boca, el artillero colocó un gran vendaje en la herida abierta, la pierna estaba casi cercenada y el hueso astillado podía verse…

 

La posición de la tropa fue objeto de fuego de artillería continuo, los vehículos y los cañones en camiones ‘Quad’ estaban recibiendo varios impactos; un camión de 3 toneladas, a unas cien yardas del flanco izquierdo, estalló en llamas por un impacto directo, esto le dio a los alemanes un objetivo visible; por desgracia, una escasez aguda de municiones impidió que la tropa contestara el fuego, los destacamentos estaban más que encantados de buscar la protección de una trinchera, no importando cuán poco profunda fuera...

 

El cañón número 1 (del artillero Stonard) estaba fuera de acción, un hombre (el cañonero Rickett) perdió la vida y hubo dos heridos, el artillero fue lanzado por el aire hacia adelante en una trinchera, los artilleros Canfield y Odell lograron escapar ilesos y se refugiaron en sus trincheras.

 

Después de que el polvo se asentó, se oyó una voz pidiendo ayuda, este era el cañonero Ginger Lee, quien había volado varias yardas hacia la parte trasera y se encontraba tendido en la arena... Con desdén de su propia seguridad, el artillero Canfield atravesó y arrastró a Lee a una trinchera junto con el artillero Stonard; el herido se encontraba en mal estado, su camisa estaba quemada y prendida, pero la peor lesión estaba en sus ojos, una órbita estaba vacía y el otro ojo estaba colgando en su mejilla, el proyectil había golpeado la cartuchera que llevaba y la explosión había encendido la pólvora. Él estaba muy tranquilo, probablemente en estado de conmoción, el artillero le vendó sus ojos y le dio el único consuelo que podía -un cigarrillo- y lo acostó en la trinchera...

 

Después de aproximadamente media hora cesó el fuego, se escucharon vehículos de orugas aproximándose, la infantería alemana apareció y les indicó que volvieran a la retaguardia -¡la tropa había disparado su último tiro!-.

Si deseas saber más, visita The Second World War Experience (La experiencia de la Segunda Guerra Mundial).

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