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Crisis en la Kriegsmarine

Adolf Hitler posa con marineros a bordo del Deutschland el 11 de abril de 1934. Rebautizado Lützow a finales de 1939, el buque participó en el ataque contra el convoy JW 51B que desencadenó la crisis del 6 de enero de 1943. (Foto: United States Holocaust Memorial Museum, Photo Archives, 1037556).

El 31 de diciembre de 1942, una fuerza alemana compuesta por el crucero pesado Admiral Hipper, el Lützow y seis destructores atacó al convoy JW 51B en el mar de Barents. Sus catorce mercantes transportaban suministros hacia la Unión Soviética bajo la protección de una escolta británica dirigida por el capitán Robert St. Vincent Sherbrooke desde el HMS Onslow.

Los destructores y las unidades menores británicas sostuvieron el combate hasta la llegada de los cruceros HMS Sheffield y HMS Jamaica. El HMS Achates y el dragaminas HMS Bramble fueron hundidos, mientras que el Onslow sufrió graves daños. Del lado alemán se perdió el destructor Friedrich Eckoldt y el Admiral Hipper resultó alcanzado. Ninguno de los mercantes del convoy fue hundido y todos continuaron hacia la ensenada de Kola.

El resultado se agravó por las órdenes bajo las que operaba la fuerza alemana. Sus comandantes debían evitar que los grandes buques quedaran expuestos a riesgos desproporcionados. Cuando los cruceros británicos aparecieron entre la oscuridad y la mala visibilidad, el vicealmirante Oskar Kummetz interrumpió la acción y se retiró.

El informe alemán tardó en llegar al cuartel general de Hitler. Las primeras noticias que recibió procedieron de una emisión británica. Durante la espera, Göring había vuelto a quejarse de los escuadrones de la Luftwaffe destinados a proteger los grandes buques y había sugerido que estos fueran desguazados.

Cuando conoció el resultado, Hitler acusó a la Kriegsmarine de no haber combatido hasta alcanzar una decisión. Los grandes buques, afirmó, consumían hombres, combustible, aviones y unidades menores sin ofrecer resultados que justificaran su mantenimiento. El gran almirante Erich Raeder recibió la orden de presentarse de inmediato, aunque el Estado Mayor Naval logró aplazar la conferencia hasta que la ira de Hitler hubiera disminuido.

La reunión se celebró durante la tarde del 6 de enero en la Wolfsschanze. No tuvo la forma de una discusión entre iguales. Durante una hora y media, Hitler recorrió la historia de la Marina alemana, contrapuso la conducta del Ejército a la de la flota y expuso el destino que imaginaba para sus grandes buques. Raeder apenas encontró oportunidad de responder:

Comandante en jefe de la Marina

Berlín, 11 de enero de 1943

CONFERENCIA ENTRE EL COMANDANTE EN JEFE DE LA MARINA Y EL FÜHRER, CELEBRADA EN LA TARDE DEL 6 DE ENERO DE 1943 EN LA WOLFSSCHANZE

También presente: jefe del Estado Mayor del OKW.

 

El Führer habla durante una hora y media sobre el papel desempeñado por las Marinas prusiana y alemana desde su creación. La Marina alemana se inspiró originalmente en la británica y demostró tener escasa importancia durante las guerras de 1864, 1866 y 1870-71. La primera contribución propia de la Marina alemana fue el desarrollo de los torpederos. Se dedicó especial atención a perfeccionar esta arma.

Los submarinos constituyeron el arma más importante de la Marina alemana durante la guerra pasada y deben considerarse igualmente importantes hoy. La Flota de Alta Mar no realizó ninguna contribución notable durante la Guerra Mundial. Es habitual culpar al káiser por esta inactividad, pero esa opinión no está justificada. La verdadera razón fue que la Marina carecía de hombres de acción resueltos a combatir, con o sin el apoyo del káiser.

Como resultado de esta inactividad, una gran cantidad de poder de combate permaneció ociosa mientras el Ejército se encontraba constantemente comprometido. La revolución y el autohundimiento de la flota en Scapa Flow tampoco honran a la Marina alemana. La Marina siempre ha procurado comparar el número de sus propios buques y hombres con los del enemigo antes de entrar en combate. El Ejército no sigue este principio.

Como soldado, el Führer exige que, una vez comprometidas las fuerzas en la acción, la batalla se libre hasta alcanzar una decisión.

Ante la crítica situación actual, en la que deben emplearse todo el poder de combate, todo el personal y todo el material, no podemos permitir que nuestros grandes buques permanezcan ociosos en sus fondeaderos durante meses. Requieren la protección constante de la Fuerza Aérea y de numerosas unidades menores de superficie.

Lo mismo ocurriría en caso de una invasión de Noruega, donde la Fuerza Aérea sería más útil atacando a una flota de invasión que obligada a proteger nuestra propia flota. Por esta razón, la flota no sería de gran utilidad para impedir que el enemigo estableciera una cabeza de playa.

Hasta ahora, las fuerzas navales ligeras han realizado la mayor parte del combate. Cada vez que los grandes buques se hacen a la mar, las fuerzas ligeras tienen que acompañarlos. No son los grandes buques los que protegen a los pequeños, sino al contrario.

Debido al minado del Báltico, a los grandes buques les resulta cada vez más difícil maniobrar. La defensa costera podría emplear muy eficazmente los cañones de esos grandes buques. Los cañones navales pesados, si se emplazaran en sectores donde fueran factibles desembarcos a gran escala, podrían impedirlos. En este sentido, debe considerarse la zona del mar del Norte.

No debe considerarse una degradación que el Führer decida desguazar los grandes buques. Solo habría degradación si se eliminara una unidad de combate que conservara toda su utilidad. El equivalente en el Ejército sería la supresión de todas las divisiones de caballería.

 

El Führer señala también que la flota italiana emplea las dotaciones de sus grandes buques para prestar servicio en los destructores.

La Marina deberá considerar lo siguiente:

1. ¿Deben conservarse los tres portaaviones previstos? ¿Deben convertirse otros buques en portaaviones, especialmente si no puede utilizarse el De Grasse? ¿Son el Hipper y el Prinz Eugen, debido a su gran velocidad, más adecuados que el Lützow y el Scheer, que poseen un radio de acción mayor? Si estos últimos se alargaran, ¿podrían alcanzar una velocidad superior y recibir una cubierta de vuelo más grande?

2. ¿Dónde convendría emplazar en tierra los cañones pesados de estos buques?

3. ¿En qué orden deben retirarse del servicio los buques? Probablemente el Gneisenau sería el primero, puesto que no estará listo para el servicio activo hasta finales de 1944. A continuación vendrían, probablemente, los buques que ahora deben someterse a revisión y reparaciones. El personal de esos buques permanecerá en la Marina.

4. ¿Puede ampliarse y acelerarse el programa de submarinos si se eliminan los grandes buques?

El comandante en jefe de la Marina preparará un memorándum en el que expondrá sus opiniones sobre lo anterior. Estas observaciones tendrán valor histórico. El Führer examinará cuidadosamente el documento.

El comandante en jefe de la Marina rara vez tuvo oportunidad de intervenir, pero su impresión final fue que el Führer, aunque había descrito su decisión como definitiva, reconsideraría algunos de sus puntos de vista si se le presentaban argumentos sólidos.

Ante la pregunta del comandante en jefe de la Marina sobre si el Scharnhorst y el Prinz Eugen debían ser enviados a Noruega, el Führer respondió afirmativamente y dijo que, por el momento, Noruega debía ser defendida con la mayor fuerza posible.

Durante una conversación privada entre el comandante en jefe de la Marina y el Führer, el primero trató de explicar las razones del retraso de las comunicaciones del 31 de diciembre y el 1 de enero.

Se explicó que el almirante al mando de los cruceros había esperado obtener información fiable del radiograma del 31 de diciembre, con grupo fecha-hora 1234, que debía comunicar el éxito o fracaso de la operación y la presencia de cruceros enemigos.

El comandante en jefe de la Marina señaló, además, la dificultad de elaborar, una vez fondeadas las unidades, un informe conjunto a partir de los partes de los dos cruceros y los seis destructores. Finalmente, mencionó que la estación de teletipo de Alta había retrasado considerablemente la transmisión del informe final.

El desarrollo de la operación solo fue mencionado brevemente al comienzo de la conversación con el Führer. En aquel momento, el comandante en jefe de la Marina explicó que el almirante al mando de los cruceros y los comandantes de las distintas unidades habían obedecido las órdenes al pie de la letra. Las órdenes del Estado Mayor Naval habían limitado estrictamente el alcance de la operación.

Si deseas saber más, lee Fuehrer Conferences on Naval Affairs, 1939–1945 [Conferencias del Führer sobre asuntos navales, 1939–1945], compilación documental con prólogo de Jak P. Mallmann Showell.

La explicación del retraso en los informes no resolvió el enfrentamiento. Terminada la conferencia formal, Raeder volvió a hablar a solas con Hitler. La discusión dejó entonces de limitarse al valor de los cruceros, los portaaviones o los cañones navales. Raeder planteó su propia permanencia al frente de la Kriegsmarine.

El registro de aquella entrevista privada muestra que la decisión no surgió semanas después ni fue simplemente una consecuencia administrativa de la crisis. El 6 de enero, antes de abandonar la Wolfsschanze, Raeder pidió que se fijara la fecha de su salida:

ENTREVISTA PRIVADA DEL COMANDANTE EN JEFE DE LA MARINA CON EL FÜHRER DESPUÉS DE LA CONFERENCIA DEL 6 DE ENERO DE 1943

El comandante en jefe de la Marina declaró que, después de las observaciones que el Führer acababa de hacer sobre la moral de la Marina, etcétera, y después del mensaje que le había hecho llegar por teléfono el 1 de enero de 1943, ya no podía considerarse capaz de continuar en el cargo de comandante en jefe de la Marina, pues era responsable de la moral de esta.

El Führer trató inmediatamente de atenuar considerablemente sus afirmaciones sobre la moral de la Marina. Dijo que no había criticado la moral de la Marina como tal, sino que únicamente había contrapuesto el arma submarina a los grandes buques.

Raeder explicó además que la nueva tarea, que implicaba una enorme cantidad de trabajo y una gran tensión mental y nerviosa, excedía sus fuerzas. En cualquier caso, había tenido la intención de solicitar ser relevado del cargo de comandante en jefe de la Marina el 30 de enero de 1943, después de diez años de servicio bajo las órdenes del Führer.

Ahora pedía pasar al retiro en esa fecha, pues ya no se sentía capaz de responder a las enormes exigencias del puesto y siempre existía el peligro de que algún día se le considerara inadecuado para desempeñarlo.

Hitler aludió a la carga constante de su propio cargo y opinó que aquella salida supondría para él una presión adicional, tras los numerosos rumores sobre el retiro de los generales.

Raeder dijo estar de acuerdo en que aquello debía evitarse a toda costa. Si el Führer deseaba demostrar que la separación se producía en los términos más amistosos y quería que el nombre de Raeder continuara vinculado a la Marina, particularmente en el extranjero, quizá sería posible nombrarlo “inspector general” y dar al nombramiento la debida publicidad en la prensa, etcétera.

Sin embargo, debía designarse un nuevo comandante en jefe de la Marina que asumiera la plena responsabilidad del cargo.

El puesto de “inspector general”, o como finalmente se decidiera llamarlo, debía ser puramente nominal.

Hitler aceptó la propuesta de inmediato. El “inspector general” quizá podría realizar tareas especiales para él, efectuar viajes de inspección, etcétera. El nombre de Raeder seguiría vinculado a la Marina.

Después de que el comandante en jefe de la Marina repitiera su petición, el Führer aceptó definitivamente el 30 de enero como fecha de su relevo. Quería reflexionar sobre los detalles.

 

Raeder se refirió al mismo tiempo a los constantes ataques solapados del mariscal del Reich Göring contra la Marina.

Hitler trató inicialmente de negarlos. Raeder, sin embargo, llamó su atención sobre las pruebas escritas y mencionó, como ejemplo, las afirmaciones hechas por el mariscal del Reich ante el almirante Marschall acerca del número de efectivos de la Marina.

Esas afirmaciones se habían hecho pese a que el mariscal del Reich había tenido que admitir que las cifras ya habían sido rectificadas en el cuartel general por el vicealmirante Krancke.

 

Hitler recordaba la cifra correcta, que ascendía a unos seiscientos mil.

Si deseas saber más, consulta el Harvard Law School Library Nuremberg Trials Project, documento D-655, “C. in C. Navy’s private interview with the Fuhrer following the conference on 6.1.1943”.

Al terminar el 6 de enero, los grandes buques aún no habían sido retirados del servicio y Hitler todavía no había elegido al sucesor de Raeder. Sin embargo, la relación entre ambos había llegado a su término. La fecha del relevo estaba fijada y el cargo honorífico que permitiría ocultar la ruptura había sido concebido durante la misma conversación.

El 15 de enero, Raeder presentó el memorándum solicitado y defendió nuevamente el mantenimiento de una Marina equilibrada. La sentencia de Hitler contra la flota de superficie no llegaría a ejecutarse en su totalidad, pero el mando de Raeder concluyó el 30 de enero. Karl Dönitz lo sustituyó como comandante en jefe, mientras Raeder recibió el título nominal de almirante inspector.

La batalla del mar de Barents no había costado al convoy la pérdida de uno solo de sus mercantes. Sin embargo, seis días después, en una sala de la Wolfsschanze, había destruido el equilibrio del mando naval alemán. El 6 de enero no resolvió qué ocurriría con cada buque. Sí resolvió quién ya no seguiría dirigiéndolos.

El crucero pesado Admiral Hipper en aguas noruegas hacia 1942..jpg

El crucero pesado Admiral Hipper en aguas noruegas hacia 1942. El buque encabezó una de las dos agrupaciones alemanas que atacaron al convoy JW 51B y resultó alcanzado por los cruceros HMS Sheffield y HMS Jamaica. (Foto: U.S. Naval History and Heritage Command, NH 71399).

Una foto del Gran Almirante Erich Raeder a la izquierda y Adolf Hitler, en su nombramiento

Erich Raeder, a la izquierda, con Hitler tras su relevo como comandante en jefe y su nombramiento como almirante inspector de la Kriegsmarine, a finales de enero o comienzos de febrero de 1943. El nuevo cargo carecía de mando operativo. (Foto: Bundesarchiv, Bild 183-H27590).

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